sábado, 31 de agosto de 2013

Día 16 - Barcelona


Día 16 - Barcelona

No es el día 16, pero habrá que pensar que más o menos sí lo es. O como mínimo, sí lo es en lo que al blog se refiere. Las últimas líneas, como siempre, ya se hacen desde casa, con el viaje ya en el recuerdo y sin preocuparse de dónde y qué comeremos esta noche. En fin, volvamos a Indonesia:

Día 14 - Kuta

La última entrada ya la titulé como Día 14, pero por falta de tiempo (y, para qué negarlo, de ganas) me quedé en un día antes. Sea como fuere, el día 14 de verdad nos levantamos en Thomas, y aunque no pudimos bañarnos por culpa de la marea (dichosa marea) lo que no nos quitó nadie fue el último desayuno con las maravillosas vistas sobre el mar. Desayunados y con todo ya recogido, nos despedimos de la familia thomas pidíendoles que por favor no cambiaran nunca ese sitio, que valía la pena mantenerlo tal y cómo está. No sé si lo cumplirán, pero igual algún día hay que volver a comprobarlo.

Sin mucho más, nos fuimos en taxi hasta Kuta, a ver qué deparaba el llamado Lloret de Indonesia. Lo cierto es que sí que debe tener algo de Lloret pero que pasar un día allí es más que razonable: llegamos a un callejón lleno de tenderetes de souvenirs y sucedáneos y buscamos algún sitio donde dejar las mochilas y de paso dormir esa noche. Ahí demostramos que ya éramos expertos viajeros que no se conformaban con lo primero que veían porque un myfriend nos vio con cara de perdidos y nos llevó a lo que amablemente se podría calificar de cuchitril (no tan amablemente se podría llamar antro con todas las letras) y donde pese a lo atractivo del precio decidimos decirle que si eso ya volveríamos. en la misma calle, al cabo de 15 metros un hotelito monísimo de la muerte (con jardincito y todo, hierba bien cuidada, unas habitaciones ámplias y limpias) por apenas 2€ más. bingo. Y ya con la sonrisa del que sabe que ha acertado y dispuestos a surfear todo lo que se nos pusiera por delante (o a intentarlo, o a hacernos la foto intentándolo) nos dirigimos a la playa de Kuta.

La playa en sí estaba bastante bien: amplia y muy larga, con mucha arena y sin muchas olas. Nada más entrar nos encontramos con un myfriend que alquilaba tablas y medio apalabramos con él alquilar alguna más tarde aunque vistas las olas que había al final decidimos prescindir (a nosotros o 5m de ola o nada, estilo chasing mavericks). total, que nos dedicamos a jugar con las olas, a hacer la lagartija por día 12038123 y en resumen rápido a llevar a la realidad ese concepto del "dolce far niente".

Después de comer, tarde de compras y blog (cada entrada escrita pide entre 2 y 3 horas de escritura y filtro de fotos etc.) y entre otras cosas reencuentro con Maite y Oscar para ir a cenar y de fiesta a un sitio llamado Sky Garden que nos había comentado Gonzalo (el surfer de granada del thomas). Cabe decir que si hasta el momento me (nos) parecía que el apelativo de Lloret de indonesia era un poco injusto, por la noche hacía total y absoluta gala de él: había una calle con una declarada guerra de potencia de altavoces en los restaruantes: cada uno con la música más alta (en varios casos más cutre) y todos intentando vender fiesta, mushrooms, copas baratas y toda la diversión que un occidental (o un local) pueda pedir. En nuestro caso fuimos al susodicho Sky Garden a arrasar con un buffet de barbacoa que nos iba a ir como anillo al dedo especialmente después de la estricta dieta que llevábamos de no-ternera. Pues bien, el sitio no estaba mal, digamos que la comida no ganaría ningún concurso (ni posiblemente ninguna inspección de sanidad) pero vaya que visto lo visto era decente, había buena compañía y un par de cervezas con lo que nos dimos por muy conformados. Después de la cena nos quedamos por allí un ratillo viendo de qué iba la fiesta (por cierto, llena de gente autóctona) y ya nos retiramos sabiendo que al día siguiente había que levantarse pronto para emprender la vuelta hacia Barcelona.

Sintiéndolo mucho, Kuta no dio para ninguna foto (al menos con mi cámara)

Día 15 - Jakarta

El último día, que por cierto ya avanzo que tampoco dio para ninguna foto, empezó con ese aire de despedida, de hacer la mochila por última vez y empezar a pensar que por la noche ya estaríamos otra vez subidos en un avión dirección a Barcelona.

Por la mañana, primer vuelo: Denpassar - Jakarta. Sin demasiados problemas más allá de un amago de perder mi mochila encontramos una especie de consigna que no daba demasiada confianza (lo que esta gente entiende por consigna es un armario de escobas donde algunos pobres incautos dejan sus mochilas a cambio de un puñado de rupias) y nos dirigimos a Jakarta con una única intención: doctorarnos en el noble arte del regateo. O lo que viene a ser lo mismo, arrasar con un centro comercial de falsificaciones. Después de coger un taxi que nos llevó por lo que dedujimos que era un atajo (pero que en su momento tuvo pinta de ser el camino para atracar) llegamos al edificio que nos pareció más idóneo según la lonely. A falta de una descripción mejor, ese edificio es el caos encerrado entre cuatro paredes. una especie de caja de pandora de desorden. Madres del mundo: ninguna habitación de ningún hijo nunca jamás podrá acercarse a eso así que estad contentas con lo que llamáis leonera porque creedme que podría ser mucho, mucho peor. El edificio del caos se eleva a lo largo de 5 plantas de tiendecitas en su mayoría de menos de 10m2 donde intentan tener cuanto más y más apretado surtido, mejor. Evidentemente no hay maniquís ni nada que se le parezca en el 99% de las tiendas y hay muchísimas cosas repetidas pero en resumen se puede llegar a encontrar prácticamente cualquier prenda de ropa que uno pueda necesitar. Nuestra teoría es que los locales se quedan en las primeras dos plantas por lo que son las más abarrotadas (de gente y de productos) y a medida que subías más las tiendas tenían más marcas occidentales y un poco más de orden (un poquito). Decidimos tirar de estrategia y empezamos como mejor sabemos: comiendo. Subimos a la última planta donde había un compendio de garitos donde se vendía comida y nos acabamos decantando por una especie de japonés para niños (o eso creemos) donde básicamente comimos lo de siempre: arroz con algo y algo con arroz.



Y nada, de ahí al infinito: unas 4 horas (que se dice rápido) subiendo y bajando, viendo y estudiando y finalmente ejecutando compras varias: zapatos, pantalones, bolsos, camisetas... y en mi caso, un último jersey que dejó más o menos claro que todavía tengo camino que recorrer en el arte del regateo, y que, si quieres regatear, más vale que no crean que te interesa porque si no, estás vendido. (mención también se merece la entrada estelar de Xavi diciendo que me podía echar una mano con las 20000 rupias que le quedaban, justo lo que yo estaba ofreciendo al amigo, y va y aparece con más de 100.000...). En cualquier caso, la tiendecilla dejó para el recuerdo una foto con mis vendedores/atracadores que guardaron un gran parecido con el amigo del Gangnam Style



Y no mucho más! Cuando ya estábamos hechos polvo y además los garitos ya empezaban a cerrar nos dirigimos hacia el aeropuerto a pasar las n horas que nos quedaban antes de coger el avión (que por cierto, me gustaría saber quién pone un avión a las 2 de la mañana...) y nos paseamos arriba y abajo de la terminal viendo qué se cocía por allí. Conocimos a una pareja de vascos con quienes ya compartimos el autobús por la mañana entre las terminales del aeropuerto y con quienes estuvimos tomando una cervecilla un rato para compartir anécdotas del viaje y de paso matar un poco el tiempo antes de finalmente hacer el check-in y embarcar destino Abu Dhabi.

Día 16 - Jakarta - Abu Dhabi - Düsseldorf - Barcelona

Pues así se acaba un viaje por Indonesia: con dos escalas en Abu Dhabi  y Düsseldorf  y 28h entre el origen y el destino. En Abu Dhabi nos despedimos de los vascos y tras una buena cerveza en Düsseldorf, acabamos aterrizando en Barcelona, a miles de km de Bali, después de dos semanas de autobuses, noodles, mie goreng, nasi goreng, motos, playas, volcanes y muchas cosas más.

Y sí, ha sido genial, hemos visto cosas increíbles, paisajes que son impensables en casa, nos hemos bañado en playas paradisíacas, hemos conocido gente, compartido infinidad de momentos, comido alguna cosa extraña que otra, visitado templos y puestas de Sol de postal, incluso nos han pasado cosas que nunca se escribieron en este blog y definitivamente sí, volveríamos a Indonesia, pero sí, quizás sí que tienen razón, quizás tornar sempre és la millor part de l'aventura... :)


No hay comentarios:

Publicar un comentario