jueves, 14 de agosto de 2014

Morocco road trip - Parte III - reflexiones al volver


Más allá del diario en sí, cada vez veo más claro que los viajes merecen ciertos capítulos a parte sólo para hablar de cosas que uno piensa por el camino, de realidades con las que se va cruzando (aunque no sean en un momento concreto, quizás una constante a lo largo del viaje) y que merecen ser contadas. O como mínimo me apetece contarlas, que a efectos prácticos viene a ser lo mismo ;)

Vivir en condiciones adversas

Uno de los días, camino del desierto, paramos en Zagora, un pueblo a las puertas del Sahara relativamente grande. Una idea que me fue asaltando a medida que cruzábamos el atlas y nos adentrábamos cada vez más en el desierto es el concepto de vivir en un ambiente tan hostil como ese. Aunque todos tengamos en mente las grandes dunas de arena cuando hablamos de desierto, lo cierto es que mucho antes de llegar allí el paisaje ya es totalmente desértico: temperaturas de más de 45º, viento, sin una gota de lluvia en muchos meses y sin rastro de vegetación más allá de algunos arbustos entre las rocas. Y sin embargo, cada pocos km uno se encontraba un pueblecito, más grande o más pequeño, pero con sus casas, su campo de futbol y su gente paseando.



Para ser sinceros, y desde la comodidad de quien vive en Barcelona, lo cierto es que el pensamiento que me venía a la cabeza era: por qué la gente se empeñará en vivir aquí. Sé que suena como muy extremo pero de verdad que hablo de pueblos con acceso limitado a agua potable y MUY limitado a comida. Por no hablar de electricidad y gas... en fin, imagino que habrá una gran parte de gente que viva allí por inercia, por desconocer otras zonas, o incluso por apego a sus raíces pero si tuviera que mojarme la verdad es que creo que varios de estos pueblos están más bien condenados a desaparecer.


Marruecos y su gente

Como diría Carlos, Marruecos es un país de contrastes. Curiosamente la frase la dijo en el minuto 0 de llegar pero lo cierto es que cada día que pasaba la íbamos repitiendo más (parte por hacer la coña, parte por lo que íbamos viendo).

Algo que hemos visto muy muy muy a menudo, en prácticamente todas las carreteras por las que nos hemos movido es la cantidad de gente sola, sentada, mirando los coches pasar. Nos pareció algo increíble ver tantísima gente simplemente viendo la vida pasar. Algunos de ellos ciertamente estaban en pueblos o al menos en sitios con una vista razonablemente interesante pero también los había en el arcén de la autopista, nacionales sin nada a km a la redonda o pueblos del desierto. Más de una vez, me hubiera gustado parar y preguntarle a esta gente en qué pensaba, por qué estaba allí y qué más hacía con su vida además de contemplar coches pasar arriba y abajo.

Lo cierto es que este efecto de gente viendo la vida pasar lo vimos muy a menudo. Sin ir más lejos, en el medio del desierto (ya llegaremos a eso) no parecía que la gente tuviera grandes quehaceres ni distracciones. Se podría decir que prácticamente, simplemente vivían. Con casi total certeza nosotros nos deberíamos tomar nuestra vida con más calma, pero no sé hasta qué punto esta buena gente igual se pasa de la ralla de la calma...

Esto por lo que respecta a la manera de ser de la gente, o al menos de la que no hemos conocido. Los otros, todos aquellos con quien nos hemos cruzado, en general (al menos en mí) han dejado una impresión mucho mejor de la que esperaba. De entrada, los comerciantes son mucho menos pesados que en Asia. Ciertamente quieren que les compres, y te persiguen un poco, pero si dices no (o al menos lo dices un par de veces) pillan el mensaje sin insistir 21031321 veces. Por otra parte, a lo largo del viaje, o quizás ya viene de serie, siempre acabas viajando con una cierta sensación de que cualquier local que se acerque de entrada te quiere vender algo, timar, o ambas. Marruecos no era una excepción en nuestros prejuicios pero el amigo de Safi (que lamentablemente no recuerdo cómo se llamaba) nos demostró que también hay gente que simplemente quiere practicar su español contigo o, todavía mejor, enseñarte su ciudad y llevarte a los buenos sitios a comer donde si no, no llegarías. Las dos sorpresas positivas del viaje en cuanto a gente fueron este buen hombre y el amigo del hotel de M'Hamid. Cierto es que el segundo simplemente trabajaba allí y tampoco se puede decir que nos abordara en medio de la nada, pero desde luego no tenía por qué habernos invitado a la shisha ni haber estado charlando con nosotros y contándonos sus intimidades durante un par de horas. El único pero que me queda es que ambos eventos pasaron en las zonas menos turísticas y, pese a las lecciones con estos dos chicos, me cuesta imaginar situaciones semejantes en Marrakech por ejemplo. Bueno, pequeño paréntesis: los dos chicos que nos abordaron en Essaouira ciertamente iban un pelín pasados de vueltas pero al menos uno de ellos de verdad nos quiso ayudar (o al menos ésa fue mi impresión).

Un último apunte en cuanto a Marruecos y su gente: conducir por Marruecos puede ser algo menos que un deporte de riesgo: como norma general, se conduce por el medio de la carretera y en todo caso, ya si eso, la gente se pone en el carril que le toca. Dicho esto, lo que también hay que reconocer es la solidaridad entre conductores: siempre que hay un control de policía uno lo puede saber de antemano por un motivo bien simple: durante unos 2km la gente del carril contrario va haciendo luces sea la hora que sea para informarte del control (ya sea de velocidad o simplemente de tráfico). En la primera no-multa la verdad es que no nos dimos ni cuenta (o más bien, nos dimos cuenta demasiado tarde) y en la segunda estábamos en una carretera con una mediana demasiado alta para ver los otros coches pero hay que reconocer que nos libramos de unas cuantas multas gracias a los avisos que nos dieron los amigos del carril contrario (por supuesto, nosotros también hicimos lo propio cuando vimos controles en el otro lado). Así pues, otro minipunto para los amigos marroquíes.

En resumen: invito a los viajeros a Marruecos a estar dispuestos a confiar en los autóctonos, a veces y según cómo puede ser complicado dejar a un lado los prejuicios y sin duda en algún momento habrá que tirar de sentido común y no hacer más caso del necesario, pero el viajero puede llevarse sorpresas muy agradables y está claro que hay pocas experiencias de viaje mejores que compartir un rato de conversación con la gente local para saber qué piensan, cómo viven y compartir experiencias varias.


El Sahara

Aunque la noche que pasamos en el desierto ya la he contado un poco en el diario, hay una parte que (deliberadamente) he omitido. Cuando estuvimos charlando encima de la duna a la luz de la luna, en un momento dado Carlos y Javi se fueron a dormir y yo decidí quedarme un ratito más allí.



La capacidad del desierto por despertar un cierto deseo de introspección es ya de sobras conocida, pero no hay como estar allí para vivirlo y sentir que realmente ese panorama (y, especialmente, ese silencio) invitan a darle una vuelta a todo lo que está pasando actualmente por nuestras cabezas. Sentado allí, no es difícil imaginarse a Saint Exupéry imaginando un aviador con una avería en su avión que recibe la visita de un principito con cabellos dorados y sonrisa alegre.

En mi caso no me dio para imaginar ningún principito pero sí para escuchar cuáles son los pensamientos que, cuando intentas no pensar en nada, acaban apareciendo en tu mente recurrentemente. Es más difícil de lo que alguien podría pensar mantenerse totalmente quieto (no jugar con la arena ni con los pies, ni con las manos), no mover ni un músculo e intentar anular todos los sentidos para ver qué es lo que únicamente pasa por la mente. No soy ningún experto, pero creo que en resumen rápido en eso consisten varios tipos de meditación, y hay que reconocer que (incluso para alguien tan profano como yo) se consigue una cierta clarividencia sobre los temas que a uno le preocupan (de los que además cuesta ser del todo consciente, o al menos dedicarles el tiempo que merecen) que parece difícil conseguir de otras maneras. A todo esto, la percepción del tiempo es algo que también se ve bastante alterado: uno no es consciente de lo lento que pasa el tiempo cuando sólo se dedica a ver qué aparece por su mente... (yo creo que estuve como 30min allí sentado y la verdad es que perdí totalmente la noción del tiempo, no sabía si habían sido 5 minutos o 1h).

Anyway, sin duda lo colocaría como uno de los must en cualquier viaje por la zona: sí, hace calor y sí, pueden ser necesarios varios km por carreteras menos que decentes pero sin duda es un espectáculo digno de ver: por la magia de lugar y por lo que uno pueda acabar descubriendo de sí mismo, que nunca está de más...

miércoles, 13 de agosto de 2014

Morocco Road Trip - Parte II

Día 6 - Imsouane - Marrakech

Si bien el miércoles fácilmente podría ser catalogado como uno de los días menos útiles del viaje, sin duda fue también uno de los que tuvo mayor relevancia. Al levantarnos en nuestros aposentos reales en Imsouane, Javi ya notó que se encontraba peor que el día anterior y a medida que iba tosiendo más y notando más dolor de cabeza todo llevaba a la misma conclusión: tíos, yo no me voy a meter en el agua. Siendo él el máximo partidario de hacer surf y de buscar sitios chulos y teniendo en cuenta que yo no había hecho nunca y tampoco se puede decir que tuviera un interés desmesurado (evidentemente si ellos se hubieran metido en el agua, yo lógicamente no me hubiera quedado mirando pero parecía que no era el caso). Así, mientras desayunábamos, salió la frase que marcaría el resto de los días: por qué no replanteamos el viaje? Hasta entonces la idea era seguir bajando por la costa y quedándonos donde nos apeteciera (un poco estilo essaouira) pero visto lo visto, parecía razonable replantear la historia. Así, decidimos largarnos de Imsouane como alma que lleva el diablo y empezar a bajar por la costa a ver qué encontrábamos. Javi se quedó ya directamente durmiendo en el coche intentando recuperarse como buenamente pudiera y así empezamos a hacer km. Así como objetivos del día en principio teníamos Taghazout y Agadir, dos pueblecillos con playas chulas y posiblemente surferillos. Ambos resultaron ser decepciones importantes, el primero de pueblo con encanto no tenía absolutamente nada, y el segundo era más bien un lloret de turno que cualquier otra cosa. Además de eso, hay que decir que el tiempo no acompañaba en absoluto: era un día nublado, con incluso un poco de niebla y más bien fresquito (no es lo que alguien podría llamar el típico día de playa vamos). Total, que cuando paramos en agadir para tomar una coke, decidimos que había que replantear del todo el asunto y pasar de la costa, así que decidimos seguir las indicaciones del a lonely y acercarnos a taroudant antes de ir hacia Marrakech. 

Pues bien, si Taghazout y Agadir fueron las decepciones de la costa, Taroudant fue la decepción del interior. Aparentemente era una de las principales atracciones de Marruecos, un must de cualquier ruta por el país y algo que simplmeente no se podía dejar pasar. Pues bien, en nuestro caso la historia fue un poco distinta. Pero antes de llegar allí tuvimos nuestro segundo encuentro con la policía marroquí. Al salir de Agadir volvimos a caer en la misma trampa de la vez anterior: un poli escondido con u nradar móvil que nos pilló yendo más rápido de la cuenta. Esta vez ya contábamos con la esperanza de que Carlos negociara la multa, por lo que cuando le dijo que saliera del coche para ir a firmar los papeles (y esperamos que negociar el pago) Javi y yo decidimos que el momento merecía ser al menos fotografiado y para ir bien, grabado. Pues parece ser que al amigo del policía (que estaba poniéndole otra multa a otro pobre incauto) la idea de vernos grabar no le acabó de gustar y básciamente me hizo salir del coche, me pidió el iphone y se lo metió en el bolsillo (con mi consiguiente cara de poker...). Evidentemente, yo le intenté explicar en mi mejor francés que no sabía que estaba prohibido, que yo sólo quería grabar a carlos y que no se preocupara que lo iba a borrar todo pero la cara del tipo no parecía dar lugar a muchas esperanzas... Así, acabamos estando los dos guardias y los dos primos charlando animadamente sobre lo prohibido de grabar a los gendarmes marroquíes, nuestra promes de no volver a hacerlo jamás y evidentemente de borrar cualquier contenido similar (el tema es que no llegué a grabar nada, así que no pude borrar y creo que el tipo se quedó con la mosca detrás de la oreja de que yo le estaba escondiendo algo pero bueno..). Así no acabamos pudiendo largar del control, esta vez sin poder regatear la multa pero al menos sin perder el teléfono, algo es algo. 

Y de esta manera, llegamos a Taroudant a mediodía con un sol de justicia y bastantes ganas de comer algo. Al llegar, otro pinchito de turno (más bien de suela de zapato) y poca cosa más: dimos una vueltecilla por el pueblo pero entre el calor que hacía y lo poco atractivo que nos pareció, la verdad es que decidimos dejarlo para otra vida. A todo esto, según la lonely lo más interesante que había que ver eran las murallas y francamente, tampoco nos pareció que fuera para tanto...

Total, que volvemos a meternos en el coche para dirigirnos a Marrakech. Entre unas cosas y otras (salimos un poco tarde y estábamos relativamente lejos) acabamos llegando un poco tarde a Marrakech (sobre las 22) por lo que viendo que no teníamos ni hotel ni perspectivas decidimos pararnos en un bar antes de llegar a la medina para así coger algo por booking y asegurar el tiro. El barucho de turno cumplió perfectamente sus funciones y además nos sirvió para ponernos en contacto con un tipo que alquila motos, con lo que ya teníamos una alternativa de plan factible para ir a ver al día siguiente. Finalmente, encontramos un riad muy bien de precio en el centro de marrakech y decidimos tirar adelante con él. Al llegar, otra vez un poco más de lo mismo: aparcas que nos pedían el horo y el moro, un tipo que nos quiso hacer de guía que nunca sabremos si lo hacía de buena voluntad o para sacarnos la pasta y poco más... el Riad eso sí, muy acogedor: una habitación con un patio incluído super chulo, una piscinita peuqeña pero suficiente para remojarse los pies y un ambiente francamente agradable. 

Al final del cuento, cena cerca del hotel a recomendación del myfriend de la recepción (cena más bien rara, con uan combinación de platos un poco extraña, especialmente un dulce cuadrado con pollo por dentro..) y ala a dormir

Día 7 - Marrakech

Si el miércoles fue uno de los días menos útiles del viaje, posiblemente el jueves fue absolutamente el menos útil. Pese a las decisiones tomadas, claramente fue un día mucho más perdido que invertido. Al despertarnos y viendo lo hablado el día anterior en el barucho de la entrada de Marrakech decidimos ir a ver qué ofrecía el amigo de las motos. Pues bien, no sé exactamente en qué momento, pero hubo un punto en que acabamos entrando en bucle: se plantearon dos opciones sobre la mesa: A) ir al desierto o B) hacer una excursión en moto por las afueras de marrakech y luego ya veríamos. El primero tenía el obvio aliciente del desierto en sí, un toque de aventura y además solventaba todos los días que quedaba. Como contra, implicaba muchas horas de coche y forzaba un poco la vuelta del domingo a casablanca. Por otra parte, el otro plan no parecía a priori tan atractivo pero incluía excursión en motos (que era uno de los objetivos del viaje) y no forzaba tanto la máquina. finalmente después de toda la mañana de idas y venidas, una visita del tipo que organizaba los viajes al desierto, varias visitas al de las motos, una comida rápida al lado de donde estábamos y sobretodo muchos giros de opinión, decidimos finalmente irnos al desierto. A punto estuvo de cuajar la idea de que Javi y yo condujéramos el clio y Carlos fuera en moto paralelamente pero finalmente la desestimamos (si era mucho tute de coche, posiblemente también lo sería en moto y no habría nadie que pudiera dar el relevo en caso necesario...)

Total, que una vez decidido esto, creímos que era importante cambiar la rueda del coche antes de que nos pasara ninguna otra cosa. buscamos un taller, lo encontramos y el tipo minuto 0 nos dice que qué hacemos con semejante rueda, que parece un huevo. Eso explicaría los ruidos que notábamos pero lo cierto es que en ningún momento se nos había ocurrido qué podía ser lo que estaba pasando... Efectivamente, al sacar la rueda vimos como estaba clarmaente ahuevada, era literalmente incapaz de mantenerse en pie. Evidentemente llamamos al del alquiler de coches para montarle el pollo y decirle que no pensábamos pagar la rueda y él aceptó el cambio: rueda nueva, factura inflada para cobrarnos las molestias y ala, a tirar millas (aunque la rueda pinchada reparada la mantuvimos como rueda de recambio)

Así nos situamos hacia las 5 de la tarde sin haber pegado un palo al agua en todo el día. En ese momento decidimos que ya era hora de ir a visitar marrakech o al menos dar una vueltecilla así que nos plantamos en el centro con la idea de hacer el recorrido a pie que nos sugería la lonely. Pues bien, nada más poner un pie en la calle, nos llama el amigo del desierto para que pasemos por su oficina para irle a pagar el viaje. El amigo eso sí muy dispuesto nos vino a buscar en coche pero vueeelve otra vez a la misma zona donde habíamos pasado toda la mañana antes de poder hacer nada útil con nuestro día. llegamos a la oficina, Carlos media hora negociando con el myfriend y finalmente sacamos un precio que aunque a nosotros nos parece que nos la está colando, él jura que es lo más bajo por lo que lo ha venido jamás

Y así fue como a las 19h empezó nuestro día en Marrakech. Eso sí, al menos pudimos dar la dichosa vuelta de la lonely que nos permitió pasar por la plaza, (ver serpientes, y bailarinas travestis incluidas) las callejuelas de la medina y los principales highlights de la ciudad. Si algo se nos puede reprochar en este viaje, es el poco tiempo que le acabamos dedicando a Marrakech.. ciertamente nos fuimos con la impresión que habría que volver aunque sólo fuera un fin de semana para ver mejor la ciudad. 



La vueltecilla la acabamos en el café de las especies, un sitio bastante chulo con unas bonitas vistas sobre Marrakech y al que sólo se le habría podido pedir que además de café y coke vendieran una cervecilla fresquita. Todo no puede ser en esta vida...



Después de dar nuestra vuelta, el objetivo que teníamos para la cena era darnos un pequeño homenaje e ir a cenar a un restaurante cerca del Riad donde nos habían dicho que habían ido a cenar Iniesta y Shakira, entre otros. Parte de la gracia del restaurante, era que parecía una puerta normal y corriente, no estaba anunciado, no había carteles y sólo quienes lo sabían podían identificarlo como restaurante. Pues bien, al llegar al sitio, intentamos entrar y de repente un abuelito sentado a 10m se levanta como si le fuera la vida en ello para preguntarnos si teníamos reserva y, al saber que no, decirnos que si queríamos entrar el menú eran 700 dirhams (léase 70€). Nos apetecía el homenaje pero tampoco tanto, así que decidimos cambiar de plan. El nuevo plan nos lo dio el amigo del Riad otra vez, un restaurante que respondía al nombre de Café Arabe pero que tenía de todo menos árabe. Resultó ser una terracita muy agradable donde nos sirvieron cerveza y vino y donde nos acabamos quedando hasta que cerraron (de hecho, nosotros cerramos el chiringo) charlando sobre la vida y sus vicisitudes. 

Al llegar al Riad, un ratito de remojo de los pies en la piscinita y ala, a dormir que al día siguiente tocaba paliza de coche hasta llegar al desierto...


Día 8 - Marrakech - M'hamid

En teoría dijimos que el viernes nos levantaríamos pronto para así ponernos rápido en camino y poder ir con la calma hasta el desierto. Pues bien, como siempre, fue todo lo contrario. Al final del cuento nos levantamos una hora más tarde de lo previsto, desayunamos con la calmísima y nos pasamos prácticamente una hora y pico buscando unas gafas de sol homologadas para Carlos para aguantar las inclemencias del desierto. Como nota del día, nos pasó otra vez el enésimo contacto con los locales: en una de estas nos metimos en medio de la medina con el coche en busca de otra óptica y, aunque el iphone indicaba otra cosa, un hombre nos aseguró que la salida estaba en otra dirección. finalmente deicdimos seguirle por aquello de que los locales acostumbran a conocerse la zona y, efectivamente el tipo nos sacó de allí (el teléfono también podría haberlo hecho). En el momento de darle un par de rupias en "agradecimiento" el myfriend pensó que eso era poco menos que un insultó y nos acabó escupiendo (y digo nos, pero me refiero a Javi, que iba de copiloto). en fin, historias de los autóctonos... Total, que queríamos haber estado en camino a las 9:30 pero al final salimos de marrakech hacia las 12:30. Cosas que pasan. 




El viaje no tuvo mucho más que decir: carreteras más bien malas con un par de puertos de montaña (2200m o así) con infinitos camiones y pocas habilidades de conducción en general, pero poco a poco fueron cayendo los km. Aunque no llegamos a parar hasta Ourzazate, lo cierto es que el camino dejaba imágenes pintorescas, como pueblos de casas de barro en las montaña o campos de futbol en sitios inverosímiles. Eso sí, el calor ya se hacía notar (por cierto, en Marrakech ya llegamos a ver un termómetro que, bien o mal, marcaba 50º)



Al llegar a Ourzazate decidimos que ya nos tocaba hacer una parada (aunque fuera rapidilla) para comer algo antes de desmayarnos. Al final acabamos llegando a una especie de pizzeria extraña donde un señor con pinta de tener ganas de hablar y pocos voluntarios nos ofreció un te a la menta y una especie de aperitivo dulce de dátiles y vete a saber qué más que básicamente sólo le gustó a Carlos además de una pizza razonablemente buena. Estuvimos charlando un poco con el hombre pero la verdad es que no alargamos demasiado y enseguida ya seguimos tirando. Lo cierto es que durante todo el camino, especialmente pasado el atlas, nos acompañó una niebla bastante espesa que hacía que no se pudiera ver nada más allá de unos metros y nos dejó un poco preocupados de cara a la visibilidad del día siguiente en el desierto. Sea como fuere, tampoco había mucho margen de maniobra a esas alturas, así que básicamente seguimos avanzando hasta llegar a M'Hamid ya por la noche. 

Un pequeño apunte antes de llegar merece nuestra última parada en Zagora, teóricamente (que no en la práctica) el único pueblo serio que deberíamos encontrar antes del desierto. Al parar a hacer la típica coke de turno nos presentaron a un tipo español de madrid que no acabamos de entender qué estaba haciendo allí (la hipótesis final no quedó clara, pero había pocos escenarios que no incluyeran motivos un poco turbios) y un camarero por poco nos desgañita al romper un par de vasos encima de nuestra mesa (justo en el momento en que nos preguntábamos por qué la gente se empeñaría en vivir en semejante sitio...)

Pero vaya, que finalmente después de un largo día de viaje llegamos a M'hamid a nuestro hotel ya reservado. El hotel de los amigos de Sahara Services resultó ser un sitio muy agradable, con gente muy acogedora y con una piscina que fue prácticamente nuestra mejor bienvenida. Así, nos dimos un bañito rápido y luego a cenar que ya nos estaban esperando (eramos los únicos huéspedes del hotel...). La cena pasó charlando entre copas de vino con otro de los chicos del hotel que en un muy buen inglés nos habló de muchas cosas, su intento por cruzar el estrecho entre los ejes de un camión, sus aventuras y desventuras amorosas (y su relación con lo "políticamente correcto" en marruecos...). Además, después de cenar nos invitó a fumar un poco de shisha que acabó de hacer el momento todavía más auténtico

Al final de la historia, nos acabamos yendo a dormir con la agradable ayuda de un aire acondicionado que prometía colaborar cuando las temperaturas empezaran a hacerse insoportables al día siguiente

Día 9 M'hamid - Erg Chiggaga

El sábado amaneció con una mala noticia: para sorpresa de propios y extraños (especialmente para mí, que era su compañero de habitación) Carlos se pasó la noche entera vomitando y con dolor de barriga. Los dátiles del mediodía en Ourzazate parecen los mayores candidatos a su intoxicación pero tampoco sacamos nada concluyente porque prácticamente todos habíamos comido lo mismo por lo que no había ningún candidato claro. Sea como fuere, desyunamos Javi y yo solos e intentamos aplazar la excursión en quads para más tarde. El myfriend de sahara services nos dijo que nanay, que no podía ser por no se qué historias... pues nada, al final Carlos decidió que se apuntaba sí o sí a lo los quads y nos fuimos los tres a ver qué se cocía. 

La historia de los quads resultó ser una de las mejores actividades del viaje: una excursión de 2h entre dunas haciendo el tonto y subiendo y bajando por la arena como pedro por su casa. Un festival vamos. Evidentemente hacía un calor nada despreciable y menos mal que nos dejaron gafas porque sino hubiera sido imposible conducir con la arena que levantaba el viento pero al final del cuento todos coincidimos en que fue una idea genial. 




Al volver al hotel, un bañito en la piscina, comida y ala, siestecilla que el calor ya empezaba a ser una cosa espectacular. Al volver al reino de los vivos ya nos tocó empaquetar las cosas y prepararnos para irnos: unos jeeps nos esperaban para ir a pasar la noche a las dunas de Erg Chiggaga. Efectivamente, al cabo de 1:30h de conducción en jeep de un tipo con un sentido de la orientación simplemente espectacular, llegamos a una zona de dunas enormes donde habían montado unas casitas de barro para que pudiéramos dormir.

Allí coincidimos con un par de hermanas francesas con dos niños pequeños y dos alemanes con los que al final apenas acabamos hablando. Aparte de la típica turistada de dar la vuelta en dromedario (más bien incómodo y, al menos para mí, menos interesante que haber dado una vuelta caminando por las dunas) volvimos al campamento para tomarnos un te y estar tranquilamente charlando mientras los myfriends que estaban por allí cantaban canciones bereberes tocando unos tambores y poco a poco la luna salía por detrás de las dunas

La noche tampoco dio mucho más de sí: después de una cena estuvimos un rato charlando encima de la duna más cercana y luego ya nos acabamos yendo a dormir. Visto el calor que hacía en las cabañas, a instancias de los tipos acabamos sacando las camas a la plazoleta para dormir al aire libre. Teniendo en cuenta que la temperatura debía rondar los 25-30º por la noche, la verdad es que se estaba la mar de bien y fue una noche de lo más plácida.



Día 10 - Erg Chiggaga - Casablanca

Una de las cosas que tiene dormir al raso es que te despiertas en cuanto empieza a haber luz. Lo cierto es que el método es de lo más efectivo para aprovechar el día, especialmente si se tiene en cuenta que gran parte del día resulta difícil de aprovechar porque estás a más de 45º. en cuanto nos despertamos allá sobre las 6:30, lo primero fue intentar ir a dar un paseo. Carlos intentó sin éxito hacer snowboard sobre la arena pero aparentemente no había suficiente pendiente o no resbalaba suficientemente la tabla, porque la escena fue más bien lenta. en cualquier caso, dimos el paseo que no pudimos dar el día anterior hasta subir a lo más alto de las dunas cercanas. Si quedaba alguna duda acerca de lo merecido del viaje hasta allí, en ese momento se disiparon todas. la imagen de las dunas del desierto es algo simplemente fantástico y vale la pena verlo al menos una vez en la vida. 



Y lamentablemente, no quedó mucho más que contar. En cuanto acabamos nuestra excursión ya salimos de vuelta hacia Casablanca, toda una señora paliza de coche, y aquí apenas hubo paradas ni nada que contar. Volvimos a comer en Ourzazate a instancias de los padres de Javi y luego ya seguimos hasta Marrakech, pausa rápida y hacia Casablanca.

La anécdota que le dio épica al final del viaje fue la devolución del coche de alquiler. Resulta que el único teléfono que les dimos de contacto era el número de Carlos y él decidió tener el teléfono con la sim bloqueada durante todo el día... para cuando lo abrió quednado un par de horas hasta llegar a Casablanca, teníamos 29 llamadas perdidas y 5 mensajes de texto (no es una exageración). En cualquier csao, quedamos con el amigo en devolver el coche en la estación de trenes de tal manera que nos devolviera el pasaporte de Carlos y pudiéramos pillar el tren hacia el aeropuerto. Pues bien, después de todas las dudsa, de pensar que cualquier contratiempo nos podía hacer perder el vuelo, de hacer las paradas justas para llegar a tiempo, de toooodo lo que nos podría haber pasado finalmente no nos pasó nada... hasta entonces. A las 21:20 estábamos en la estación, y el tren no salía hasta las 22:07. Pues bien, el amigo del alquiler (que inicialmente nos dijo que tardaba 5-10 minutos como máximo) no llegó hasta las 22:25. Pese a nuestra insistencia, llamadas, amenazas y todo lo que alguien se pueda imaginar, no conseguimos que el hombre ni nos llevara al aeropuerto ni nos pagara el taxi por haber perdido el tren. Además, tuvimos que decirle al taxista que por favor espavilara porque no habíamos podido hacer el check in, el aeropuerto estaba lejos y el vuelo se cerraba a las 23:10. Pues el taxista se dio prisa, pero tanta como le permitían los límites de velocidad establecidos: no sobrepasó ni en 1km/h los límites que ponían las carreteras diversas. AL final llegamos al aeropuerto a las 23:08, Carlos salió corriendo con los pasaportes y consiguió llegar al mostrador a las 23:10 justo a tiempo para suplicar a la gente de vueling que nos dejaran facturar. Afortunadamente, de milagro, sus ojitos Bambi surgieron efecto y consegiumos la tarjeta de embarque para pasar el control de inmigración y subirnos al avión poco antes de que cerraran las puertas. En nuestra defensa cabe decir que todavía entró gente más tarde que nosotros pero no creo que nadie llegara a hacer el check in después nuestro... 

Y no mucho más, así acabó nuestra aventurilla en Marruecos: con un poco de épica pero con todo el mundo contento. Sin duda nos ha quedado mucho que ver, incluso de varios de los sitios donde hemos estado, pero también hemos podido visitar mucho más de lo que esperábamos al principio así que el balance es en general muy positivo. En resumen, como siempre, habrá que volver...

martes, 12 de agosto de 2014

Morocco Road Trip - Parte I

Día 1 – Casablanca

No hay muchas cosas mejores que el primer día de agosto sea el primer día de vacaciones y se pueda celebrar cogiendo un avión. En nuestro caso, la aventurilla por Marruecos empezó el viernes por la noche cogiendo un avión de Barcelona a Casablanca. Lo cierto es que los horarios no dejaron mucho juego a la primera noche: fue llegar al aeropuerto y, después de charlar animadamente con un señor del alquiler de coches que nos aseguró que sería imposible encontrar motos en Casablanca y que él nos podía dejar un 4x4 (Dacia cutrillo) muy arregladito de precio, decidimos coger el tren y dejar decisiones más importantes para el día siguiente.

Dicho y hecho, cogimos el tren y un petit taxi para llegar a hotel que había reservado Javi y dónde ya nos estaba esperando (un hotelito por cierto muy cómodo y muy bien de precio). Llegada, saludos, un poco de charleta y poco más. Para la posteridad ya quedaría la frase de Carlos de que "este es un país/ciudad/pueblo de contrastes"

Día 2 – Casablanca - Al Jadida

Creo que la mayoría de guías, consejos y rutas de viajes coincidirán en que en Casablanca no hay mucho que ver. Es una ciudad bastante europeizada, queda poco del marruecos profundo tipo Marrakech y por lo general apenas se ven turistas. Después de perder/invertir la mañana en encontrar un coche que nos pudiera llevar por el mundo (al final después de que un taxista nos llevara a 213432 sitios de alquiler encontramos un clio que dio bastante el pego y se portó como un campeón y lo más importante, prácticamente a mitad de precio del duster que teníamos como referencia en el aeropuerto. Equipo 1 – Marruecos 0


Una vez solventado el tema del transporte nos dedicamos a visitar básicamente lo más visitable de Casablanca: la mezquita de Hassan II. Esta es una mezquita enorme (200m de largo por 100m de ancho) que está justo en el borde del mar (de hecho los cimientos están construidos sobre el mar). Como buenos turistas pagamos la visita guiada y un buen hombre nos contó varias curiosidades de la construcción y el diseño (puertas de titanio con mando a distancia, lámparas también con mando para bajarlas y limpiarlas...) pero la verdad es que más allá de las explicaciones lo que valió la pena fue la visita en sí. Debe ser bastante espectacular verla llena de gente rezando... 



Al salir ya empezó lo que vendría siendo el road trip en sí: hicimos un par de paradas en centros comerciales para confirmar que la ciudad tiene poco de tradicional árabe y de paso comprar un cable para poder escuchar la música en el coche (inversión que sin duda valió la pena gracias a la infinita música de Javi en el iphone y las bondades del genius para hacer listas de reproducción). Y nada, a partir de una pequeña lista de pueblos que nos hizo el amigo taxista mientras esperábamos a tramitar el tema del coche fuimos bajando hasta llegar a Al Jadida. Una mención sí que habría que hacer a un incidente del que fuimos testigos al salir de Casablanca: en una de estas, la policía intento para a un tuc tuc (una especie de taxi ilegal triciclo) y éste para evitar que lo pararan no se le ocurrió nada más que intentar saltarse la mediana (una acera como de medio metro de ancho) para poder cambiar de sentido. La historia fue que la primera rueda del triciclo sí que consiguió pasar pero iba tan cargado que las otras dos no pudieron y se quedó atascado. Mientras, la policía al ver que se intentaba escapar decidió sacar las porras y empezar a aporrear el lateral del triciclo para que el tío parara... un espectáculo vamos... (y una sugerencia: mejor no meterse demasiado con la poli en este país que no se andan con demasiadas chiquitas...)

Obviamente, esto de no meterse con la poli lo teníamos más o menos claro, pero nadie contaba con que hubiera tantos radares móviles como nos hemos encontrado... y efectivamente, la primera en la frente: cuando ya estábamos a las afueras de Casablanca primer control de policía que nos encontramos y zas, nos paran y nos dicne que íbamos más rápido de la cuenta. La multa inicialmente debía haber sido de 300 dirhams (como 30€, tampoco íbamos tan rápido) pero cuando Carlos se bajó para firmarla y pagarla, no sabemos qué dijo exactamente o qué hizo ni cómo pero resultó que al final el guardia nos la perdonó y nos fuimos tan panchos. Ciertamente, el momento del viaje so far: la entrada de carlos al coche diciendo tíos, nos hemos librado. 

Al llegar a Al Jadida la priemra impresión fue de estar en una especie de Salou de turno: una playa bonita, muy larga de arena y un paseo marítimo a la marroquí con mucha gente paseando pero eso, un poco pinta de salou marroquí. Después de aparcar (como siempre, dándole una propina a un myfriend de turno al que le pagas básciamente por hacer nada) acabamos yendo a buscar el típico hotel de la lonely que resultó estar muy apañadito y ser bastante acogedor. Siguiendo con el ritmo, también cenamos en el restaurante que recomendaba la lonely donde nos dieron el primer (de muchos) tajine y donde nos acabamos quedando un rarito de charleta aunque nada del otro jueves. Antes de acostarnos, una vueltecilla por las cuatro calles comerciales y ala, poco más.

Día 3 - Al Jadida - Essaouira

El lunes amaneció tranquilo: después de un desayuno rápido dimos una larga vuelta por la ciudadela de Al Jadida, incluyendo un paseo por las murallas y una visita rápida a una cisterna de agua que usaron los portugueses en su día y con toda la calma del mundo y después de un café para hacer una parada general en boxes en un hotel restaurante bastante chulo, nos pusimos en marcha. La idea según el planning de nuestro amigo era pasar el día por Ouadilia dónde aparentemente había una playa fantástica y luego llegar a dormir a Safi. 

Pues bien, nuestro amigo taxista fue seguramente un poco exagerado: Ouadilia tenía una playa que no estaba mal pero otra vez estaba llena llena llena de gente. El caso es que eran vacaciones también en Marruecos y aunque no hubiera mucho turista extranjero, estaba lleno de turistas locales. Allí básicamente nos dimos un baño rápido por aquello de aprovechar la jugada (por cierto, el agua estaba fría no lo siguiente) pero después de comer algo rápido decidimos seguir tirando a ver qué encontrábamos. A sugerencia de Javi, hicimos la típica de en un momento dado meternos por el primer camino que encontráramos para ver qué había por allí y dónde llegaba (y si llegaba a alguna de las famosas playas un poco menos transitada). Efectivamente, llegamos a una playa donde unos hombres intentaban sacar un coche de la arena (evidentemente les echamos una mano) y donde nos dimos una siestecilla y un bañito rápido pero poco más. Las carreteras por las que fuimos eran casi siemrpe costeras y con muy buenas vistas sobre el mar pero raramente nos paramos a hacer incursiones como ésta.

Safi es una zona conocida por tener buenas playas para surfear y de hecho antes de llegar allí nos paramos en una que de la que teníamos buenas referencias pero al llegar ya era un poco tarde y ni quedaban muchas olas ni se podía alquilar material. En una primera instancia decidimos dejarlo para el día siguiente aunque al final nunca llegamos a volver. 

Al final llegamos a Safi prácticamente a la hora de cenar y después de por fin dejar el coche aparcado y salir a dar una vuelta lo que vimos tampoco se puede decir que nos entusiasmara. Eso sí, allí tuvimos una de las mejores experiencias con la gente marroquí hasta el momento. Mientras estábamos de paseo por el zoco un chico (para qué negarlo, con unas pintas un poco chungas) se nos puso a hablar y hablando hablando el amigo nos acabó llevando a cenar a un sitio en primera línea de mar delante de unas rocas donde cenamos el mejor pescado del viaje. Estuvimos allí charlando con el aimgo de muchas cosas (como funcionaba el país, trabajo, españa, marruecos...) la verdad es que el chico resultó ser muy majo y al final nos arrepentimos de los prejuicios que habíamos tenido con él. 



A todo esto, a media cena ya prácticamente decidimos que safi no valía mucho la pena y que lo que tenía más sentido era continuar un poco más hasta Essaouira para llegar a dormir allí. Así, después de un par de horitas más de conducción acabamos llegando a Essaouria, una de los destinos obligatorios del viaje. Allí otra vez en el minuto 0 nos encontramos con gente dispuesta a "ayudarnos" pero en este caso la verdad es que aunque iban con buenas intenciones ellos mismos nos reconocieron que habían bebido un poco y como ya era tarde (serían las 12 o así) decidimos pasar de ellos y buscar nosotros mismos un hotelillo que nos fuera bien. contra todo pronóstico no fue tan complicado y en el segundo hotel que buscamos ya encontramos una habitación bastante agradable a un precio razonable.

Día 4 - Essaouira

Essaouira ciertamente es una de las ciudades más turísticas que hemos visto. Eso sí, también hay que decir que los turistas tontos no son, y si está lleno de guiris es por algo. Nosotros amanecimos con la calma después de habernos acostado un poco tarde el día anterior y de camino a buscar algún sitio donde desayunar conocimos a una chica española que llevaba unos meses trabajando allí y nos acabó recomendando un par de sitios donde desayunar, alquilar material de windsurf y tomar una copa por la noche. Porque efectivamente, Essaouira no sólo es un destino turístico por la medina y las callejuelas: otra parte de su atractivo son sus importantes vientos constantes que atraen a windsurferos y kites de todo el mundo. Gracias a las instrucciones del a chica esta aguantamos la tentación de alquilar en el primer puesto que vimos y acabamos recorriendo un buen tramo de la playa hasta llegar al Club Mistral: un chiringuito de alquiler de estos con infinitas tablas y velas donde prácticamente puedes coger lo que quieras. Así, y vistos los vientos, Carlos y yo nos cogimos unas tablas y unas velas relativamente pequeñas (105l y 5m) y salimos a ver qué tal se nos daba la historia. Lo cierto es que el sitio es espectacular y Carlos luego lo catalogaría como el mejor día de windsurf de su vida. Había un viento constante lateral (ni de tierra ni de mar, lo que facilitaba tnato la salida como la entrada) que prácticamente se podría definir como ideal. Eso sí, la salida tenía tela con olas bastante grandes que había que sortear antes de prácticmaente haberte ni subido a la tabla

Mientras Carlos y yo estábamos con nuestras historias, Javi intentó alquilar una talba de surf pero, aunque había olas más o menos interesantes, los fuertes vientos lo convertían en un spot difícil para hacer surf así que al cabo de un rato acabó devolviendo la tabla. Yo por mi parte hice lo propio cuando vi que ya no podía con mi alma, así que nos quedamos los dos mano a mano comiendo en el chiringuito de al lado del Mistral mientras Carlos apuraba un poco más sus fuerzas


Por la tarde nos dedicamos a pasear un rato por las callejuelas de la Medina, nos volvimos a reencontrar a los amigos que el día anterior nos habían intentado ayudar y acabamos cenando en un hotel restaurantillo más bien mediocre. En cualquier caso como habíamos decidido quedarnos un día más en Essaouira, nos lo tomamos con la calma y después de cenar nos pasamos a tomar una copa por el sitio que nos había recomendado la española por la mañana. Ese sitio era una especie de chill-out café del mar a la marroquí, más o menos bien, con mucho farandulas y postureo pero cumplió bastante y al final del cuento nos tomamos una botella de vino entre los tres después de intentar tomarnos una copa infumable de un cocktail que eligió Carlos por aquello de innovar.




Día 5 – Essaouira – Imsouane

Lo bueno de quedarnos otro día en Essaouira era que ya teníamos claro qué íbamos a hcaer: desayuno, recoger las cosas, ir en coche hasta el Mistral otra vez, windsurf por la mañana y después de comer, carretera.

Primer contratiempo: al llegar al parking paf, rueda pinchada. Mierda. Bueno pues nada, la cambiamos con más o menos arte y seguimos con nuestro planning. Eso sí, el tema de tener otro pinchazo pasaba a ser un problema serio pero vaya, que tampoco le dimos mucha más importancia.

Otra sesión de windsurf a todo gas fue de perlas y aunque Javi volvió a intentar lo del surf, el diagnóstico volvió a ser el mismo que el día anterior. Además, hay que añadir que especialmente Javi y yo ya empezamos el viaje con un cierto resfriado pero en el caso de Javi lo cierto es que con el paso de los días tendió a empeorar más que otra cosa por lo que meterse en las aguas del atlántico por mucho neopreno que lleves tampoco era la mejor de las ideas.

En cualquier csao, después de comer ya nos volvimos a montar en nuestro bólido y seguimos camino al sur por la costa, esta vez destino Imsouane, la meca del surf marroquí.

Para quien se esté preguntando cómo nos orientábamos en marruecos la respuesta es fácil: aquí el menda se bajó un mapa de Marruecos tal que se pudiera utilizar el GPS del iphone offline y así poder guiar nuestro rumbo. Pues bien, resulta que nuestro amigo el mapa para el GPS tenía el detalle de poner los distintos colores de carretera en función de su importancia y nosotros, con la premisa de meternos en carreteras que fuerna lo más cercanas a la costa posibles, en un momento dado acabamos metiéndonos en lo que vendría siendo un camino de cabras. Eso sí, el clio respondió (otra vez) a las mil maravillas y afortunadamente no pinchamos ninguna rueda (eso hubiera sido bastante más grave) pero el camino no era exactamente una autopista de 5 carriles. Por contra, las vistas que tuvimos fueron geniales y la verdad es que al final todos estuvimos de acuerdo en que la tontería de habernos llevado por ese camino de cabras había sido una buena idea. De hecho, en un momento dado llegamos a pararnos en medio del camino para hacer un par de fotos de lo espectacular que era la vista que teníamos debajo nuestro



Y así, cuando el sol ya se estaba poniendo llegamos a Imsouane. Este pueblecillo de mala muerte venía recomendado muy efusivamente tanto por Clara como por nuestro amigo de Safi por lo que las expectativas creadas eran francamente altas. Probablemente a raíz de estas expectativas, nos pareció un poco decepcionante. El pueblo básicamente se reducía a una playa donde sí, había surferos y buenas olas y una plazoleta donde había cuatro restaurantillos y una especie de club de surf donde unos chicos tocaban unos bongos y bailaban. Todo el pueblo en general irradiaba una aurea de surfero molón que tampoco es que fuera del todo con nosotros pero vaya, que la idea era pasar allí la noche y al menos al día siguiente intentar hacer surf un rato. Por culpa de las ansias para conseguir hostal, nos acabamos metiendo en el primer sitio que encontramos que resultó ser poco menos que un antro. Uno de los chiringuitos de la plazoleta tenía anunciado en su pared un "hostel surf" que pensamos que podría irnos bien. Parte por las ansias de encontrar un sitio y parte porque nos dio pereza una vez encontramos este, decidimos quedarnos en el sitio que este buen hombre nos ofrecía aunque fuera realmente cutre. Así, cenamos en la plazoleta una especie de tortilla berebere que nos ofreció una chica y después de dar una vueltecilla por las "fiestas" del pueblo (unos autos de choque, un tiro y dos tiendecillas cutres) decidimos retirarnos a dormir a nuestra fantástica suite presidencial.


miércoles, 4 de junio de 2014

Colombia: el riesgo es que te quieras quedar


Sería injusto no incluir en este blog una larga entrada sobre Colombia después de haber estado viviendo los últimos cuatro meses aquí. Si bien es cierto que el motivo del viaje ha sido el trabajo, también lo es que ha habido oportunidad para viajar y conocer parte de lo que ofrece este país, posiblemente más de lo que he llegado a conocer ningún otro país de los que he hablado en este blog.

La primera conclusión es inmediata: Colombia es injustamente tratada por una fama que no se merece. Sí, hay problemas y sí todavía hay mucho camino que recorrer en varios aspectos pero la fama que tiene actualmente entre la mayoría de países europeos es claramente injusta. La seguridad no es un problema si se siguen dos normas básicas de precaución elemental y en cualquier caso todo aquello que pueda estar relacionado con la guerrilla o las FARC está muy muy lejos de la realidad diaria que uno vería como turista (o trabajador).

Por otra parte, hay mucho que vale la pena decir sobre Colombia, empezando por su gente. Los colombianos son personas extremadamente educados, amables y abiertos. La acogida que brindan a todos los extranjeros es maravillosa y nunca tienen una mala palabra.

Voy a intentar hacer un resumen de la Colombia que he podido ver aunque está claro que todavía me hubiera gustado ver mucho más.

Bogotá

Capital de Colombia, la verdad es que en resumen rápido, me parece una ciudad fea. Es una ciudad inmensa, con importantes problemas de tráfico (puede llegar a ser absolutamente desesperante ir del aeropuerto al hotel) y por lo general creo que tiene muy poco que ofrecer al turista. Entre sus atracciones principales estarían el monasterio de Monserrate, la calera, el centro de la ciudad, Usaquén y poco más. Monserrate y la calera destacan por tener unas vistas impresionantes sobre la ciudad. En el caso de Monserrate los domingos hay una especie de peregrinación para subir andando hasta el monasterio por un camino de escaleras que dura como tres cuartos de hora pero donde se nota claramente que estás a 2.600m. Más allá de la curiosidad de que haya una senyera y una moreneta lo que es verdaderamente impresionante son las vistas sobre la ciudad. Creo que hasta ese momento uno no es consciente de la magnitud de lo que Bogotá representa. Por lo general, la vida en Bogotá puede transcurrir tranquilamente en un espacio de unas 50 calles (entre la 65 y la 115) y unas 15 carreras (entre la circunvalar y caracas). Sin embargo, la ciudad se extiende al menos entre las calles 200 sur y 200 norte (que yo sepa) y carreras pues como mínimo debe llegar hasta la 120 o así (muchas de las cuales tienen duplicados: 9, 9a, 9b etc.).



Dicho lo malo, Bogotá también tiene muchas cosas buenas: a parte de la gente, Usaquén es un barrio fantástico donde ir a pasear los domingos al mercado de pulgas o a dar una vuelta por la hacienda de santa barbara (posiblemente el único sitio donde uno puede ir a pasear por pasear). Además otra cosa no, pero en Bogotá se puede comer extremadamente bien. El principal foco de restaurantes es la zona G (llamada así por ser la zona gastronómica). La verdad es que nunca había visto nada parecido: en un espacio como entre la 68 y la 72 y entre la 4a y la 7a hay una cantidad de restaurantes que uno difícilmente puede decir que los ha probado todos. Personalmente, mis favoritos son julia (pizzas), osaki/teriyaki (japo) y para una buena noche NN, Criterion y Rafael. Además, está el cielo: uno de estos restaurantes de cocina molecular y menú degustación de aquellos de pasarte 3h comiendo (vale la pena ir al menos una vez aunque no lo catalogaría de first priority). Pero además de estos hay muchos otros que valen mucho la pena: Emilia Romagna (pastas), Massa, la hamburguesería, un árabe, y muchos otros que ahora me estoy olvidando.

El segundo foco interesante de la ciudad es la zona T. Si la G es la zona de restaurantes, la T es la de fiesta: mismo concepto: la mayoría de baruchos y discotecas a los que uno acostumbra a ir en Bogotá están en la T (Armando, Le Coq, Fabuloso etc.). Además, esta también es la principal zona de compras de la ciudad con el centro comercial Andino como máximo exponente. Eso sí, cualquier precio en el andino vale igual o más que lo que puede valer en España.

Pero vayamos al grano: si un sitio (difícil calificarlo de restaurante o discoteca) en Bogotá merece una mención a parte, ése es Andrés Carne de Res. Aparentemente, alguien una vez lo describió como un sitio donde cenar en una lavadora (o al menos eso dice la Lonely Planet). En cualquier caso, la descripción desde luego que se acerca a lo que es la realidad: un restaurante/bar/discoteca con un ambiente simplemente increíble, una decoración surrealista llena de objetos por todos lados y un no se qué que contagia un buen rollo y unas ganas de pasarlo bien que yo no he visto en ningún otro sitio. Lo único malo del chiringuito es que está en Chía, como a 45min de Bogotá pero de verdad que vale la pena ir.

Más allá de Bogotá en sí, los alrededores ofrecen también bastantes actividades, aunque posiblemente la mejor de ellas sea la de conseguir que alguien te invite a su finca para pasar un sábado tranquilamente disfrutando de la calma y de un buen asado en el campo.

Cartagena

Cartagena es posiblemente el mayor destino turístico de Colombia. La ciudad antigua cubre un bonito barrio de casas coloniales llenas de colores, bugambillas y calles adoquinadas. Se podría decir que es un poco parecida a la Habana pero menos decadente. Entre eso, y que está en el Caribe posiblemente tenemos el destino turístico perfecto. Allí las alternativas son varias: desde buscar el típico hostel (recomiendo el Viajero hostel) hasta ir a los mejores hoteles que uno se pueda imaginar (el Santa Clara) personalmente siempre recomendaría quedarse en algún sitio dentro de la ciudad amurallada (aunque eso por lo general se paga.

La ciudad antigua como digo es impresionante pero también hay que tener en cuenta que sólo es uno de los varios barrios de la ciudad, muchos de los cuales son bastante humildes. Otros por el contrario son barrios con casas super lujosas con vistas al mar desde pisos veintipico pero no deja de recordar vagamente a un Benidorm a la colombiana.



Uno de los planes de día que se pueden plantear es coger uno de los múltiples barcos que salen de Cartagena para ir a playa blanca. Error. Este ha sido sin duda el error más garrafal que he cometido estos meses: una turistada engañabobos con el único fin de llevarte de paseo a que pagues lo que quieras para acabar en una playa que parece portal del angel el día 4 de enero. Por lo que tengo entendido, los hoteles más chulos tienen playas privadas en la zona de Barú (eso sería un puntazo desde luego) pero si se quiere buscar la alternativa, mejor vigilar y no pecar de turista oveja.

En Cartagena hay mil sitios donde ir a cenar y salir de fiesta pero a mí personalmente me gustó bastante Juan Del Mar para cenar (buen pescado), Café Del Mar para tomar una copichuela viendo el atardecer (por cierto, este es exactamente el mismo concepto que los café del mar en España, no sé quién empezó esto pero está claro que la idea es la misma) y la Habana o la Movida para salir de fiesta.

Medellín

Medellín es la segunda ciudad del país (algo así como la Barcelona de Colombia pero sin el barça: centro de negocios, buen clima, buena ciudad…) y todo el mundo dice que vale mucho la pena visitarla pero yo la verdad es que en esta ocasión no he tenido la oportunidad de verla. Queda pendiente para la próxima.

Santa Marta, Tayrona y Ciudad Perdida

Una de las zonas más bonitas de Colombia es la zona de Santa Marta y el Parque Nacional del Tayrona. Este parque comprende desde la costa hasta las montañas de la Sierra Nevada de Santa Marta y aparecen infinidad de planes posibles. En mi caso, cuando vienieron David y Cesc de vistia por semana santa nos escapamos para ir a ver la ciudad perdida. La ciudad perdida se podría decir que es el equivalente colombiano del Machu Pichu: una ciudad precolombina descubierta hará como 40 años por cazatesoros y que actualmente se ha converitdo en atracción turística. Para llegar allí hay que hacer una excursión de 4 o 5 días (nosotros, hicimos la de 4 y la verdad es que es muy doable) y es una excursión extremadamente recomendable: los paisajes son fantásticos (vas paseando entre valles, ríos y con una vegetación impresionante) y por el camino se puede aprender muchísimo sobre los Tayrona (el pueblo que habitó la zona antes de la llegada de los españoles). La excursión se tiene que hacer con guía, pero lejos de ser un inconveniente es una oportunidad genial para aprender todo lo que ellos pueden explicar sobre la cultura tayrona, la historia del sitio y todo lo que a uno se le pueda ocurrir. 

Por las noches se duerme en pequeños campamentos habilitados para acoger a los caminantes, eso sí, no son hoteles 5 estrellas. Dos de las tres noches dormimos en hamacas (puede parecer interesante/divertido cuando se dice, en realidad es una tortura para la espalda, especialmente si, como en la segunda noche, había un overbooking tan importante que tocabas codo con codo con el de al lado y te enterabas si el de cinco sitios a la derecha se rascaba la cabeza) pero bueno, que el plan no era de hoteles de lujo así que aunque tuviéramos la espalda hecha un cuatro, al día siguiente caminamos como unos campeones y aquí paz y después gloria.

La ciudad en sí la verdad es que no es precisamente machu pichu. Hay como varios niveles, el más alto de los cuales tiene una vista sobre el valle espectacular pero se trata más bien de un sistema de pisos que de una ciudad en sí (la ciudad estaba construida a partir de caña sobre los niveles por lo que no queda nada). Anyway, de lo más recomendable de Colombia.

La zona cafetera

Esta región de Colombia no debería necesitar mucha descripción más allá de su nombre si no fuera porque su grandeza va mucho más allá de él. Sí, es una zona con muchas plantaciones de café. Sí, prácticamente es un obligatorio visitar una finca de café (personalmente, recomiendo ir muy pronto por la mañana para evitar otro chasco de turista-oveja, al menos esta vez nos salió bien la jugada). Pero más importante: sí, hay mucho más que ver. En nuestro caso Ricard y yo volamos Bogotá-Armenia (por cierto, los nombres de las ciudades son impresionantes) y después de ver la obligada plantación visitamos Finlandia y especialmente Salento. Ambos pueblos son dignos de visita, especialmente Salento. La excursión al valle del Cocora (~5-6h) es un must para cualquier visita a Colombia. El paseo es absolutamente factible para todo el mundo y las vistas, los bosques y los valles son simplemente espectaculares. Por otra parte, las termas de Santa Rosa también son algo muy recomendable si sobra una mañana después de la excursión. Las piscinas de agua caliente a los pies de una cascada de ~60m son una recompensa y una relajación simplemente espectaculares (incluso lloviendo). Por cierto, el hostal ciudad de Segorbe es un sitio increíble si se busca un hotelito boutique asequible y chulo en Salento. los dueños (una pareja de gays español-colombiano) son majísimos y están absolutamente predispuestos a echar una mano en lo que haga falta: desde recomendaciones sobre donde comer hasta indicaciones para la excursión o buscar conductor. Por cierto, de algo que sí que nos quedamos con ganas fue de hacer la excursión larga del Cocora: subir hasta los nevados (una excursión como de 3 días) que tiene muy muy buena pinta.





Y hasta aquí lo que he tenido la suerte de visitar en Colombia. Como recomendación así a parte de Colombia, el salar de Uyuni es un sitio simplemente increíble (top 1 de mis viajes so far) así que no puedo recomendarlo más. Así importante que no haya podido ver en Colombia (a parte de Medellín) faltaría Villadeleyva (pueblo cerca de Bogotá), Caño Cristales, San Andrés y Providencia y las playas del Tayrona, como mínimo. Habrá que volver…

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Sea como fuere, Colombia se llevó una parte de mi tiempo y eso no se puede reflejar en unas pocas líneas. Sí se puede decir que los recuerdos de un país, una ciudad, unos meses no son sino el reflejo de las personas con quien se comparten, y en mi caso esto ha cambiado todo. A todos con los que he tenido la suerte de compartir este tiempo, gracias. Sin vosotros, sin ti, no habría sido lo mismo. Y a los que todavía no conocen Colombia: os invito a dejar a un lado los prejuicios y darle una oportunidad: el riesgo es que te quieras quedar.