Sería injusto no incluir en este blog una larga entrada
sobre Colombia después de haber estado viviendo los últimos cuatro meses aquí.
Si bien es cierto que el motivo del viaje ha sido el trabajo, también lo es que
ha habido oportunidad para viajar y conocer parte de lo que ofrece este país,
posiblemente más de lo que he llegado a conocer ningún otro país de los que he
hablado en este blog.
La primera conclusión es inmediata: Colombia es injustamente
tratada por una fama que no se merece. Sí, hay problemas y sí todavía hay mucho
camino que recorrer en varios aspectos pero la fama que tiene actualmente entre
la mayoría de países europeos es claramente injusta. La seguridad no es un
problema si se siguen dos normas básicas de precaución elemental y en cualquier
caso todo aquello que pueda estar relacionado con la guerrilla o las FARC está
muy muy lejos de la realidad diaria que uno vería como turista (o trabajador).
Por otra parte, hay mucho que vale la pena decir sobre
Colombia, empezando por su gente. Los colombianos son personas extremadamente
educados, amables y abiertos. La acogida que brindan a todos los extranjeros es
maravillosa y nunca tienen una mala palabra.
Voy a intentar hacer un resumen de la Colombia que he podido
ver aunque está claro que todavía me hubiera gustado ver mucho más.
Bogotá
Capital de Colombia, la verdad es que en resumen rápido, me
parece una ciudad fea. Es una ciudad inmensa, con importantes problemas de
tráfico (puede llegar a ser absolutamente desesperante ir del aeropuerto al
hotel) y por lo general creo que tiene muy poco que ofrecer al turista. Entre
sus atracciones principales estarían el monasterio de Monserrate, la calera, el
centro de la ciudad, Usaquén y poco más. Monserrate y la calera destacan por
tener unas vistas impresionantes sobre la ciudad. En el caso de Monserrate los
domingos hay una especie de peregrinación para subir andando hasta el
monasterio por un camino de escaleras que dura como tres cuartos de hora pero
donde se nota claramente que estás a 2.600m. Más allá de la curiosidad de que
haya una senyera y una moreneta lo que es verdaderamente impresionante son las
vistas sobre la ciudad. Creo que hasta ese momento uno no es consciente de la
magnitud de lo que Bogotá representa. Por lo general, la vida en Bogotá puede
transcurrir tranquilamente en un espacio de unas 50 calles (entre la 65 y la
115) y unas 15 carreras (entre la circunvalar y caracas). Sin embargo, la
ciudad se extiende al menos entre las calles 200 sur y 200 norte (que yo sepa)
y carreras pues como mínimo debe llegar hasta la 120 o así (muchas de las
cuales tienen duplicados: 9, 9a, 9b etc.).
Dicho lo malo, Bogotá también tiene muchas cosas buenas: a
parte de la gente, Usaquén es un barrio fantástico donde ir a pasear los
domingos al mercado de pulgas o a dar una vuelta por la hacienda de santa
barbara (posiblemente el único sitio donde uno puede ir a pasear por pasear).
Además otra cosa no, pero en Bogotá se puede comer extremadamente bien. El
principal foco de restaurantes es la zona G (llamada así por ser la zona
gastronómica). La verdad es que nunca había visto nada parecido: en un espacio
como entre la 68 y la 72 y entre la 4a y la 7a hay una cantidad de restaurantes
que uno difícilmente puede decir que los ha probado todos. Personalmente, mis
favoritos son julia (pizzas), osaki/teriyaki (japo) y para una buena noche NN,
Criterion y Rafael. Además, está el cielo: uno de estos restaurantes de cocina
molecular y menú degustación de aquellos de pasarte 3h comiendo (vale la pena
ir al menos una vez aunque no lo catalogaría de first priority). Pero además de
estos hay muchos otros que valen mucho la pena: Emilia Romagna (pastas), Massa,
la hamburguesería, un árabe, y muchos otros que ahora me estoy olvidando.
El segundo foco interesante de la ciudad es la zona T. Si la
G es la zona de restaurantes, la T es la de fiesta: mismo concepto: la mayoría
de baruchos y discotecas a los que uno acostumbra a ir en Bogotá están en la T
(Armando, Le Coq, Fabuloso etc.). Además, esta también es la principal zona de
compras de la ciudad con el centro comercial Andino como máximo exponente. Eso
sí, cualquier precio en el andino vale igual o más que lo que puede valer en
España.
Pero vayamos al grano: si un sitio (difícil calificarlo de
restaurante o discoteca) en Bogotá merece una mención a parte, ése es Andrés
Carne de Res. Aparentemente, alguien una vez lo describió como un sitio donde
cenar en una lavadora (o al menos eso dice la Lonely Planet). En cualquier
caso, la descripción desde luego que se acerca a lo que es la realidad: un
restaurante/bar/discoteca con un ambiente simplemente increíble, una decoración
surrealista llena de objetos por todos lados y un no se qué que contagia un
buen rollo y unas ganas de pasarlo bien que yo no he visto en ningún otro
sitio. Lo único malo del chiringuito es que está en Chía, como a 45min de
Bogotá pero de verdad que vale la pena ir.
Más allá de Bogotá en sí, los alrededores ofrecen también
bastantes actividades, aunque posiblemente la mejor de ellas sea la de conseguir
que alguien te invite a su finca para pasar un sábado tranquilamente
disfrutando de la calma y de un buen asado en el campo.
Cartagena
Cartagena es posiblemente el mayor destino turístico de
Colombia. La ciudad antigua cubre un bonito barrio de casas coloniales llenas
de colores, bugambillas y calles adoquinadas. Se podría decir que es un poco
parecida a la Habana pero menos decadente. Entre eso, y que está en el Caribe
posiblemente tenemos el destino turístico perfecto. Allí las alternativas son
varias: desde buscar el típico hostel (recomiendo el Viajero hostel) hasta ir a
los mejores hoteles que uno se pueda imaginar (el Santa Clara) personalmente
siempre recomendaría quedarse en algún sitio dentro de la ciudad amurallada
(aunque eso por lo general se paga.
La ciudad antigua como digo es impresionante pero también
hay que tener en cuenta que sólo es uno de los varios barrios de la ciudad,
muchos de los cuales son bastante humildes. Otros por el contrario son barrios
con casas super lujosas con vistas al mar desde pisos veintipico pero no deja
de recordar vagamente a un Benidorm a la colombiana.
Uno de los planes de día que se pueden plantear es coger uno
de los múltiples barcos que salen de Cartagena para ir a playa blanca. Error.
Este ha sido sin duda el error más garrafal que he cometido estos meses: una
turistada engañabobos con el único fin de llevarte de paseo a que pagues lo que
quieras para acabar en una playa que parece portal del angel el día 4 de enero.
Por lo que tengo entendido, los hoteles más chulos tienen playas privadas en la
zona de Barú (eso sería un puntazo desde luego) pero si se quiere buscar la
alternativa, mejor vigilar y no pecar de turista oveja.
En Cartagena hay mil sitios donde ir a cenar y salir de
fiesta pero a mí personalmente me gustó bastante Juan Del Mar para cenar (buen
pescado), Café Del Mar para tomar una copichuela viendo el atardecer (por
cierto, este es exactamente el mismo concepto que los café del mar en España,
no sé quién empezó esto pero está claro que la idea es la misma) y la Habana o
la Movida para salir de fiesta.
Medellín
Medellín es la segunda ciudad del país (algo así como la
Barcelona de Colombia pero sin el barça: centro de negocios, buen clima, buena
ciudad…) y todo el mundo dice que vale mucho la pena visitarla pero yo la
verdad es que en esta ocasión no he tenido la oportunidad de verla. Queda
pendiente para la próxima.
Santa Marta, Tayrona y Ciudad Perdida
Una de las zonas más bonitas de Colombia es la zona de Santa
Marta y el Parque Nacional del Tayrona. Este parque comprende desde la costa
hasta las montañas de la Sierra Nevada de Santa Marta y aparecen infinidad de
planes posibles. En mi caso, cuando vienieron David y Cesc de vistia por semana
santa nos escapamos para ir a ver la ciudad perdida. La ciudad perdida se
podría decir que es el equivalente colombiano del Machu Pichu: una ciudad
precolombina descubierta hará como 40 años por cazatesoros y que actualmente se
ha converitdo en atracción turística. Para llegar allí hay que hacer una
excursión de 4 o 5 días (nosotros, hicimos la de 4 y la verdad es que es muy
doable) y es una excursión extremadamente recomendable: los paisajes son
fantásticos (vas paseando entre valles, ríos y con una vegetación
impresionante) y por el camino se puede aprender muchísimo sobre los Tayrona
(el pueblo que habitó la zona antes de la llegada de los españoles). La
excursión se tiene que hacer con guía, pero lejos de ser un inconveniente es
una oportunidad genial para aprender todo lo que ellos pueden explicar sobre la
cultura tayrona, la historia del sitio y todo lo que a uno se le pueda
ocurrir.
Por las noches se duerme en pequeños campamentos habilitados
para acoger a los caminantes, eso sí, no son hoteles 5 estrellas. Dos de las
tres noches dormimos en hamacas (puede parecer interesante/divertido cuando se
dice, en realidad es una tortura para la espalda, especialmente si, como en la
segunda noche, había un overbooking tan importante que tocabas codo con codo
con el de al lado y te enterabas si el de cinco sitios a la derecha se rascaba
la cabeza) pero bueno, que el plan no era de hoteles de lujo así que aunque
tuviéramos la espalda hecha un cuatro, al día siguiente caminamos como unos
campeones y aquí paz y después gloria.
La ciudad en sí la verdad es que no es precisamente machu
pichu. Hay como varios niveles, el más alto de los cuales tiene una vista sobre
el valle espectacular pero se trata más bien de un sistema de pisos que de una
ciudad en sí (la ciudad estaba construida a partir de caña sobre los niveles
por lo que no queda nada). Anyway, de lo más recomendable de Colombia.
La zona cafetera
Esta región de Colombia no debería necesitar mucha
descripción más allá de su nombre si no fuera porque su grandeza va mucho más
allá de él. Sí, es una zona con muchas plantaciones de café. Sí, prácticamente
es un obligatorio visitar una finca de café (personalmente, recomiendo ir muy
pronto por la mañana para evitar otro chasco de turista-oveja, al menos esta
vez nos salió bien la jugada). Pero más importante: sí, hay mucho más que ver.
En nuestro caso Ricard y yo volamos Bogotá-Armenia (por cierto, los nombres de
las ciudades son impresionantes) y después de ver la obligada plantación
visitamos Finlandia y especialmente Salento. Ambos pueblos son dignos de
visita, especialmente Salento. La excursión al valle del Cocora (~5-6h) es un
must para cualquier visita a Colombia. El paseo es absolutamente factible para
todo el mundo y las vistas, los bosques y los valles son simplemente
espectaculares. Por otra parte, las termas de Santa Rosa también son algo muy
recomendable si sobra una mañana después de la excursión. Las piscinas de agua
caliente a los pies de una cascada de ~60m son una recompensa y una relajación
simplemente espectaculares (incluso lloviendo). Por cierto, el hostal ciudad de
Segorbe es un sitio increíble si se busca un hotelito boutique asequible y
chulo en Salento. los dueños (una pareja de gays español-colombiano) son majísimos
y están absolutamente predispuestos a echar una mano en lo que haga falta:
desde recomendaciones sobre donde comer hasta indicaciones para la excursión o
buscar conductor. Por cierto, de algo que sí que nos quedamos con ganas fue de
hacer la excursión larga del Cocora: subir hasta los nevados (una excursión
como de 3 días) que tiene muy muy buena pinta.
Y hasta aquí lo que he tenido la suerte de visitar en
Colombia. Como recomendación así a parte de Colombia, el salar de Uyuni es un
sitio simplemente increíble (top 1 de mis viajes so far) así que no puedo
recomendarlo más. Así importante que no haya podido ver en Colombia (a parte de
Medellín) faltaría Villadeleyva (pueblo cerca de Bogotá), Caño Cristales, San
Andrés y Providencia y las playas del Tayrona, como mínimo. Habrá que volver…
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Sea como fuere, Colombia se llevó una parte de mi tiempo y
eso no se puede reflejar en unas pocas líneas. Sí se puede decir que los
recuerdos de un país, una ciudad, unos meses no son sino el reflejo de las
personas con quien se comparten, y en mi caso esto ha cambiado todo. A todos
con los que he tenido la suerte de compartir este tiempo, gracias. Sin
vosotros, sin ti, no habría sido lo mismo. Y a los que todavía no conocen
Colombia: os invito a dejar a un lado los prejuicios y darle una oportunidad:
el riesgo es que te quieras quedar.
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