lunes, 23 de marzo de 2015

Argentina - gracias por tanto y perdón por tan poco

Si bien es cierto que desde Marruecos hubo una larga época en Colombia con muchos viajes dignos de ser contados, también lo es que las circunstancias de trabajo de esa época dejaban poco margen para dormir y menos para la literatura. Para el recuerdo y sin la literatura quedan las escapadas a Panamá (Here I am), Perú y Santiago (qué manera de comer…) y Honduras, la gran desconocida de Centroamérica pero por la que sin duda vale la pena perderse (al menos en Roatán)

Y así, en febrero de 2015 arrancó otra aventurilla por América Latina, esta vez volando hacia Buenos Aires. En el horizonte dos meses (a priori) de proyecto tranquilo y mucho que ver. Lo cierto es que las exigencias del guión han reducido la estadía a un poco más de un mesecito pero sin duda ha valido la pena y he podido hacer prácticamente todo lo que traía en mi lista de to-do’s, a saber: Iguazú, Mendoza, Perito Moreno y un partido de fútbol. Para la siguiente ocasión quedaría conocer mejor Buenos Aires, Palermo y Belgrano especialmente, Bariloche, Salta, y la costa atlántica.

Antes quizás de entrar en lo que fue el viaje en sí, merece una pequeña mención la situación de Argentina. Éste es un país con una riqueza de recursos naturales que le debería poner en el mapa como una de las mayores potencias mundiales, pero que lamentablemente se ha visto rodeado de políticos y dirigentes de dudosas capacidades, que han manejado el país de forma populista y oportunista sumiéndolo en un estado permanente al borde del colapso. Sin embargo, su gente cada día lo saca adelante, pese a las dificultades para comprar productos importados (en Argentina no hay iphones) o de tener los ahorros en otra divisa que el fantástico y devaluado peso argentino (sólo se puede tener una parte de los ahorros en USD, además sujeta a impuestos o alternativamente a un cambio paralelo que, si bien es de gran utilidad a los expatriados como yo, pone serias trabas a los locales). En este caso, en septiembre de 2015 habrá elecciones y se espera que haya un cambio relevante, aunque al final uno nunca sabe. Como “curiosidad” para reflejar un poco el punto, estaría bien buscar los detalles de la investigación de la muerte del fiscal Nisman en enero de 2015 cuando estaba a punto de declarar contra la entonces presidenta del gobierno. Alucinante.

En fin, dicho esto, como decía el pueblo argentino ha desarrollado una sorprendente habilidad para vivir en una incertidumbre no menor, pero vivir feliz y sacar a su país adelante, viajar, ver fútbol y disfrutar de un buen asado más pendiente de que no falten cervezas de si el país entrará en default (otra vez).

Buenos Aires

Viniendo de Bogotá, Buenos Aires resulta una ciudad bastante civilizada, con buen clima (no hay nada como pasar del invierno europeo al verano austral) y sobre todo más ordenada en términos de circulación y transeúntes. También colabora tener el hotel literalmente delante de la oficina, pero aun así las pocas escapadas tampoco fueron críticas. Como comentaba, queda pendiente un poco más de Palermo y Belgrano, pero puedo considerar como bastante cerrado Puerto Madero y Microcentro. Puerto Madero es un barrio que se construyó ganándole terreno al río (por cierto, río que no puede invitar menos a un baño) y sin duda destila modernidad y más o menos elegancia. A favor, tiene la reserva natural, un paraje natural fantástico al lado del río donde ir a correr/pasear los fines de semana (8km de perímetro) y bastantes buenos restaurantes en la zona del puerto, destacando quizás un Osaka no tan bueno como el de Santiago pero sin duda recomendable y un par más como Chila o la cabaña de las Lilas (aunque a este último no pude llegar a ir, me lo recomendó todo el mundo mucho). En contra hay que decir que quizás no es el barrio más animado de la ciudad, con tendencia a estar más bien lejos de casi todos lados y un ambiente más de negocios que propiamente de barrio. En cualquier caso, el paseo nocturno después de cenar hacia el hotel, con el buque escuela amarrado en el muelle y el puente de la mujer iluminado es sin duda uno de los musts que más recomendaría de la ciudad.



Del resto lo poco que conozco así un poco mejor sería la zona de Microcentro, un conjunto de calles donde está entre otros la casa rosada y la plaza del 2 de Mayo (?) y lo que vendría siendo la “city” de buenos aires, con las sedes de los principales bancos en unas pocas manzanas. Allí más que nada cabe destacar la calle Florida, una calle peatonal muy comercial llena de voluntarios para cambiar euro dólar real a tipos de cambio un ~40% por encima del oficial (ni decir tiene que ilegalmente aunque con la total connivencia de la policía, que pasea tranquilamente a su alrededor)



Del resto, lo poco que he podido llegar a turistear, me ha gustado ver la zona de los parques de Palermo, y un poco menos, las grandes turistadas de la ciudad como sería el mercado de San Telmo (muy recomendable) o el cementerio y el centro cultural de Recoleta. A donde, voluntariamente, no fui fue a la zona de la Boca y el caminito. Francamente, en un sitio donde todo el mundo te recomienda no salirte ni una cuadra de lo que es el recorrido para turistas, seguramente hay muy poco que realmente valga la pena ver.


Iguazú

Como comentaba antes, los tres destinos locales que más me atraían a priori eran Mendoza, la Patagonia y las cataratas de Iguazú. Aprovechando que otro grupillo de expatriados de BCG (Alex Codina, Blanca y Sara) estaban en la vecina Santiago (más bien muertos de asco, para la historia queda la frase de “life is too short to live in Santiago”) montamos una pequeña expedición a las cataratas. El espectáculo es simplemente increíble, cualquiera de las perspectivas te deja hipnotizado ante semejante cantidad de agua cayendo (al fin y al cabo, algo no muy sofisticado…). Aprovechando el presupuesto y ahí sí que ya en función de cada uno, nosotros optamos por alojarnos en el Sheraton de Iguazú (el único hotel dentro del parque natural de las cataratas, con habitaciones con vistas (un poco lejanas, pero vistas al fin y al cabo) sobre las cataratas). En mi opinión, un gran acierto. Como anécdota nos quedará siempre el asalto de unos simpáticos monos a la habitación de Sara y Blanca, que habían aprendido a abrir la puerta del balcón y saquear el minibar y todo lo que encontraban a su paso (fruta, pringles, chocolate…) y dejaron un cierto recuerdo de su estancia en unos zapatos de Sara que posiblemente ya no creo que se haya puesto más…



Casualidades de la vida, coincidimos en las cataratas con la luna llena, lo que nos dio la oportunidad de hacer el tour que se hacen esas noches hasta allí para verlas de una forma diferente. Igualmente, si se tiene la oportunidad lo recomiendo vivamente. Además de eso, el paseo en barca por debajo de las cataratas también es espectacular, aunque para ser sinceros cuanto más te acercas más te salpica el agua y en realidad se hace muy complicado abrir los ojos con todo el agua cayéndote encima, por lo que es más para reír un rato que otra cosa.



El pueblo en sí, francamente no vale nada. Hicimos un intento de salida nocturna y fue, para ser amables, un desastre. La discoteca no merecía ningún otro apelativo que el de antro infernal y varios de los inquilinos tenían un preocupante aspecto patibulario (por no hablar de los bailes “rompepenes” de las mujeres con ciertos excesos de peso). En definitiva, mejor haber abierto una buena botella de vino en el hotel tranquilamente, aunque como estudio sociológico habría servido.

Otra parte que habría podido estar bien era la de pasar a la parte brasileña, pero por una cuestión de tiempo por una parte y de problemas con el visado por otro, finalmente decidimos no forzar la máquina. Además, las referencias que teníamos indicaban que la parte argentina era más espectacular, con lo que tampoco parecía que nos perdiéramos mucho.

Mendoza

El segundo imprescindible argentino de mi lista era un fin de semana en la región de vinos de Mendoza. La casualidad quiso que el outing de BCG Santiago – Buenos Aires fuera en uno de esos fines de semana muertos, por lo que pude aceptar la invitación y pasar allí el fin de semana acompañado de gente de ambas oficinas y de algún expatriado más.


La verdad es que por algún motivo esperaba que Mendoza fuera una ciudad más pequeña, más quizás del estilo de Logroño, pero lo cierto es que es una ciudad bastante grande con más bien poco encanto de pequeña ciudad vinícola. Eso sí, al salir del centro enseguida empiezan a aparecer infinitos campos de vides con modernas y lujosas bodegas (ahí sí, muy al estilo de la Rioja). Sea como fuere, lo cierto es que tampoco hubo mucha ocasión para salir de lo estructurado en el programa: sábado de “deportes de aventura” (una tirolina divertida pero que no me atrevería a catalogar de aventura) y domingo de visita a una bodega (Familia Zuccardi) un poco como cualquiera que uno podría esperar en España pero con un toque un poco más a la argentina. Dos comentarios que habría que hacerle a la escapadita sería la fiesta (o no-fiesta) BCGer en comparación con lo que uno está acostumbrado en España y por otra parte el hecho que comentaba de que no llegamos a salir mucho del programa establecido. De todas maneras, creo que tampoco había mucho más que ver, quizás haber callejeado un poco más por el centro pero poco más.



En cualquier caso, fue una agradable salida de fin de semana y quieras que no, el hecho de que fuera un evento más multitudinario (de hecho, en BsAs – Santiago a la salida se invita a parejas y familias) le dio un toque más social a toda la salida.

Calafate – Perito Moreno

La última de estas pequeñas escapadas de fin de semana vino un poco en el tiempo de descuento, justo antes de tener que salir de vuelta hacia Bogotá y aprovechando una fiesta en España, pudimos cuadrar una salida de fin de semana con Jaime (el associate de Madrid que vino a sustituirme en el caso) para bajar hasta la Patagonia y ver un poco la zona de los glaciares.

Más allá de que parezca una obviedad, no está de mal resaltarlo: está realmente lejos. Creo que el equivalente en horas de vuelo hace que más o menos si hubiera salido de Barcelona, hubiera llegado al menos a Polonia. Pero anyway, dejando a un lado las obviedades, lo cierto es que fue una gran idea y sin duda alguna valió mucho la pena. El Perito Moreno es un espectáculo increíble y además cuenta con una muy buena organización de actividades y excursiones para verlo de diferentes maneras, lo que se aprecia particularmente. En nuestro caso, hicimos el sábado una excursión por el glaciar con grampones (no deja de ser curioso lo de andar por el hielo) y luego una pequeña vuelta por una zona de pasarelas que se habían colocado en la otra vertiente para poder verlo más de cerca. Estas pasarelas daban una muy buena perspectiva del entorno y además estaban muy bien construidas para integrarlas bastante en el paisaje y hacerlas lo suficientemente prácticas y sutiles como para que cualquiera pudiera estar paseando por allí sin que pareciera una pésima atracción turística. Ya en el glaciar, la excursión que comentaba fue espectacular. En grupos relativamente pequeños (~20) y siempre siguiendo al guía fuimos avanzando por el hielo hasta dar una vuelta de más o menos un poco más de una hora. Aunque las fotos dan buena cuenta de ello, cuesta explicar con palabras lo intenso de los azules que se ven en ese glaciar. Es simplemente espectacular y sin duda una excursión que, pese a ser un cierto sablazo, vale muchísimo la pena. Además, incluso en esta época del año que ya no es el punto álgido del verano, todavía pudimos andar con relativamente poco abrigo, más allá de un jerseicillo y una chaqueta.


Se me había olvidado (ventajas de pode hacer parches en la escritura) pero al final de la excursión los amigos de la organización nos ofrecieron una trago de whisky on the rocks con hielo sacado del propio glaciar. No es que sea ningún fan del whisky (de hecho, apenas le di un sorbo y luego se lo di a Jaime) pero hay que reconocer que la idea estuvo bien.




Por otra parte, el domingo sí que creo que la liamos un poco más. Aconsejados por la recepcionista del hotel (el hotel se llamaba Hosteria Los Hielos y pese a esta recomendación lo recomendaría sin dudarlo: muy hommy y con unas vistas increíbles delante del lago) decidimos apuntarnos al paseo en barco que nos llevaría a dos glaciares más. La sensación de borrego fue mayúscula: un barco de ~300 personas donde cada vez que aparecía algo digno de ser fotografiado se tendía a acumular todo el mundo en la cubierta delantera de manera que era imposible moverse (y ya no digamos intentar hacer una foto decente) y sin ningún tipo de atractivo. A su favor hay que reconocer que los dos glaciares fueron otra vez espectaculares pero el formato de la visita desde luego fue muy muy mejorable (no sé si había alguna otra alternativa, al menos nosotros vimos un barco cerca nuestro mucho más pequeño, que para mí ya habría sido una mejora notable…).

Calafate en sí tampoco tenía mucho más: una ciudad con una planificación urbanística al menos curiosa, muy muy poco densa y con una sola calle haciendo las veces de centro comercial y centro de la ciudad. Lo que sí que hay que reconocerles a esta buena gente es su cordero patagónico, un plato de esos en los que cuesta saber quien sale vivo de la mesa, si el cordero o el comensal, pero que sin duda vale la pena probar. Ya que comento el tema de la carne, como era de esperar no sé cuánto, pero estoy casi seguro que al menos un par de kg he engordado en este mes, en gran parte debido a las milanesas, empanadas y bifes varios. Eso sí, y con todo el cariño hacia los argentinos del mundo, aunque la carne sea buena, si se hace como una suela de zapato no hay quien la salve…

Como anécdota quedó nuestro intento frustrado de ver el Barça – Madrid en el aeropuerto, que, aunque exitoso en principio, se fue al traste cuando intentamos mover la pantalla para facilitar la vista a unos compatriotas barcelonistas y se descuajeringó el asunto, recibiendo además la simpática camarera que nos estaba ayudando a ver el partido una llamada de su jefa para decirle que qué era eso de que hubiera gente husmeando detrás de la caja (lo que ella no sabía era que estábamos intentando arreglar el chiringuito…). En cualquier caso, vimos suficiente para dejar el partido ganando, y aunque nos perdimos gran parte de la historia, bottom line el barça acabó ganando (2-1) y no fue un partido épico de los que habría sentado realmente mal perderse, así que todo en orden.

River

Y ya el último punto de esta pequeña aventurilla fue la culminación de la inmersión en la sociedad argentina yendo a ver un partido de River Plate al Monumental. Me gustaría decir que recuerdo el nombre del contrario pero no es así… (y no ha pasado ni una semana….) en cualquier caso, fue un partido de la libertadores contra un equipo peruano que en el mejor de los mundos jugaría en segunda B en España pero que, grandezas de las ligas continentales, se codea con los “mejores” equipos de Sudamérica. El partido en sí fue más bien malo, con River teniendo 120392131 ocasiones y fallando lo imposible (una exageración) hasta el punto de dejarse empatar a 1 en el minuto 89, lo cual por cierto reducía drásticamente sus opciones de futuro en el campeonato. Eso sí, la afición es una cosa increíble, nada que ver con nuestra manera de ver el futbol en el Camp Nou. Allí la afición cantaba y animaba todo el partido, llegando a poner la piel de gallina en ciertos momentos. Además, incluso en el peor de los momentos, habiéndose dejado empatar después de fallar lo indecible y comprometiendo muy seriamente su futuro en la libertadores, la afición siguió animando y cantando como si no hubiera mañana (eso sí, al acabar el partido muchos se acordaron de las familias de los jugadores). En cualquier caso una gran experiencia, y el colofón a algo más de un mesecito fantástico en Buenos Aires y Argentina. Una lástima tener que haber salido antes de tiempo pero, a falta de una palabra mejor, lo llamaremos las exigencias del guión.