Si bien es cierto
que desde Marruecos hubo una larga época en Colombia con muchos viajes dignos
de ser contados, también lo es que las circunstancias de trabajo de esa época
dejaban poco margen para dormir y menos para la literatura. Para el recuerdo y
sin la literatura quedan las escapadas a Panamá (Here I am), Perú y Santiago
(qué manera de comer…) y Honduras, la gran desconocida de Centroamérica pero
por la que sin duda vale la pena perderse (al menos en Roatán)
Y así, en febrero
de 2015 arrancó otra aventurilla por América Latina, esta vez volando hacia
Buenos Aires. En el horizonte dos meses (a priori) de proyecto tranquilo y
mucho que ver. Lo cierto es que las exigencias del guión han reducido la
estadía a un poco más de un mesecito pero sin duda ha valido la pena y he
podido hacer prácticamente todo lo que traía en mi lista de to-do’s, a saber:
Iguazú, Mendoza, Perito Moreno y un partido de fútbol. Para la siguiente
ocasión quedaría conocer mejor Buenos Aires, Palermo y Belgrano especialmente,
Bariloche, Salta, y la costa atlántica.
Antes quizás de
entrar en lo que fue el viaje en sí, merece una pequeña mención la situación de
Argentina. Éste es un país con una riqueza de recursos naturales que le debería
poner en el mapa como una de las mayores potencias mundiales, pero que
lamentablemente se ha visto rodeado de políticos y dirigentes de dudosas
capacidades, que han manejado el país de forma populista y oportunista
sumiéndolo en un estado permanente al borde del colapso. Sin embargo, su gente
cada día lo saca adelante, pese a las dificultades para comprar productos
importados (en Argentina no hay iphones) o de tener los ahorros en otra divisa
que el fantástico y devaluado peso argentino (sólo se puede tener una parte de
los ahorros en USD, además sujeta a impuestos o alternativamente a un cambio
paralelo que, si bien es de gran utilidad a los expatriados como yo, pone
serias trabas a los locales). En este caso, en septiembre de 2015 habrá elecciones
y se espera que haya un cambio relevante, aunque al final uno nunca sabe. Como
“curiosidad” para reflejar un poco el punto, estaría bien buscar los detalles
de la investigación de la muerte del fiscal Nisman en enero de 2015 cuando
estaba a punto de declarar contra la entonces presidenta del gobierno.
Alucinante.
En fin, dicho
esto, como decía el pueblo argentino ha desarrollado una sorprendente habilidad
para vivir en una incertidumbre no menor, pero vivir feliz y sacar a su país
adelante, viajar, ver fútbol y disfrutar de un buen asado más pendiente de que
no falten cervezas de si el país entrará en default (otra vez).
Buenos Aires
Viniendo de
Bogotá, Buenos Aires resulta una ciudad bastante civilizada, con buen clima (no
hay nada como pasar del invierno europeo al verano austral) y sobre todo más
ordenada en términos de circulación y transeúntes. También colabora tener el
hotel literalmente delante de la oficina, pero aun así las pocas escapadas
tampoco fueron críticas. Como comentaba, queda pendiente un poco más de Palermo
y Belgrano, pero puedo considerar como bastante cerrado Puerto Madero y
Microcentro. Puerto Madero es un barrio que se construyó ganándole terreno al
río (por cierto, río que no puede invitar menos a un baño) y sin duda destila modernidad
y más o menos elegancia. A favor, tiene la reserva natural, un paraje natural
fantástico al lado del río donde ir a correr/pasear los fines de semana (8km de
perímetro) y bastantes buenos restaurantes en la zona del puerto, destacando
quizás un Osaka no tan bueno como el de Santiago pero sin duda recomendable y
un par más como Chila o la cabaña de las Lilas (aunque a este último no pude
llegar a ir, me lo recomendó todo el mundo mucho). En contra hay que decir que
quizás no es el barrio más animado de la ciudad, con tendencia a estar más bien
lejos de casi todos lados y un ambiente más de negocios que propiamente de
barrio. En cualquier caso, el paseo nocturno después de cenar hacia el hotel,
con el buque escuela amarrado en el muelle y el puente de la mujer iluminado es
sin duda uno de los musts que más recomendaría de la ciudad.
Del resto lo poco
que conozco así un poco mejor sería la zona de Microcentro, un conjunto de
calles donde está entre otros la casa rosada y la plaza del 2 de Mayo (?) y lo
que vendría siendo la “city” de buenos aires, con las sedes de los principales
bancos en unas pocas manzanas. Allí más que nada cabe destacar la calle
Florida, una calle peatonal muy comercial llena de voluntarios para cambiar
euro dólar real a tipos de cambio un ~40% por encima del oficial (ni decir
tiene que ilegalmente aunque con la total connivencia de la policía, que pasea
tranquilamente a su alrededor)
Del resto, lo
poco que he podido llegar a turistear, me ha gustado ver la zona de los parques
de Palermo, y un poco menos, las grandes turistadas de la ciudad como sería el
mercado de San Telmo (muy recomendable) o el cementerio y el centro cultural de
Recoleta. A donde, voluntariamente, no fui fue a la zona de la Boca y el
caminito. Francamente, en un sitio donde todo el mundo te recomienda no salirte
ni una cuadra de lo que es el recorrido para turistas, seguramente hay muy poco
que realmente valga la pena ver.
Iguazú
Como comentaba
antes, los tres destinos locales que más me atraían a priori eran Mendoza, la
Patagonia y las cataratas de Iguazú. Aprovechando que otro grupillo de
expatriados de BCG (Alex Codina, Blanca y Sara) estaban en la vecina Santiago
(más bien muertos de asco, para la historia queda la frase de “life is too
short to live in Santiago”) montamos una pequeña expedición a las cataratas. El
espectáculo es simplemente increíble, cualquiera de las perspectivas te deja
hipnotizado ante semejante cantidad de agua cayendo (al fin y al cabo, algo no
muy sofisticado…). Aprovechando el presupuesto y ahí sí que ya en función de
cada uno, nosotros optamos por alojarnos en el Sheraton de Iguazú (el único
hotel dentro del parque natural de las cataratas, con habitaciones con vistas
(un poco lejanas, pero vistas al fin y al cabo) sobre las cataratas). En mi
opinión, un gran acierto. Como anécdota nos quedará siempre el asalto de unos
simpáticos monos a la habitación de Sara y Blanca, que habían aprendido a abrir
la puerta del balcón y saquear el minibar y todo lo que encontraban a su paso
(fruta, pringles, chocolate…) y dejaron un cierto recuerdo de su estancia en
unos zapatos de Sara que posiblemente ya no creo que se haya puesto más…
Casualidades de
la vida, coincidimos en las cataratas con la luna llena, lo que nos dio la
oportunidad de hacer el tour que se hacen esas noches hasta allí para verlas de
una forma diferente. Igualmente, si se tiene la oportunidad lo recomiendo
vivamente. Además de eso, el paseo en barca por debajo de las cataratas también
es espectacular, aunque para ser sinceros cuanto más te acercas más te salpica
el agua y en realidad se hace muy complicado abrir los ojos con todo el agua
cayéndote encima, por lo que es más para reír un rato que otra cosa.
El pueblo en sí,
francamente no vale nada. Hicimos un intento de salida nocturna y fue, para ser
amables, un desastre. La discoteca no merecía ningún otro apelativo que el de
antro infernal y varios de los inquilinos tenían un preocupante aspecto
patibulario (por no hablar de los bailes “rompepenes” de las mujeres con
ciertos excesos de peso). En definitiva, mejor haber abierto una buena botella
de vino en el hotel tranquilamente, aunque como estudio sociológico habría
servido.
Otra parte que
habría podido estar bien era la de pasar a la parte brasileña, pero por una
cuestión de tiempo por una parte y de problemas con el visado por otro,
finalmente decidimos no forzar la máquina. Además, las referencias que teníamos
indicaban que la parte argentina era más espectacular, con lo que tampoco
parecía que nos perdiéramos mucho.
Mendoza
El segundo
imprescindible argentino de mi lista era un fin de semana en la región de vinos
de Mendoza. La casualidad quiso que el outing de BCG Santiago – Buenos Aires
fuera en uno de esos fines de semana muertos, por lo que pude aceptar la
invitación y pasar allí el fin de semana acompañado de gente de ambas oficinas
y de algún expatriado más.
La verdad es que por algún motivo esperaba que Mendoza fuera una ciudad más pequeña, más quizás del estilo de Logroño, pero lo cierto es que es una ciudad bastante grande con más bien poco encanto de pequeña ciudad vinícola. Eso sí, al salir del centro enseguida empiezan a aparecer infinitos campos de vides con modernas y lujosas bodegas (ahí sí, muy al estilo de la Rioja). Sea como fuere, lo cierto es que tampoco hubo mucha ocasión para salir de lo estructurado en el programa: sábado de “deportes de aventura” (una tirolina divertida pero que no me atrevería a catalogar de aventura) y domingo de visita a una bodega (Familia Zuccardi) un poco como cualquiera que uno podría esperar en España pero con un toque un poco más a la argentina. Dos comentarios que habría que hacerle a la escapadita sería la fiesta (o no-fiesta) BCGer en comparación con lo que uno está acostumbrado en España y por otra parte el hecho que comentaba de que no llegamos a salir mucho del programa establecido. De todas maneras, creo que tampoco había mucho más que ver, quizás haber callejeado un poco más por el centro pero poco más.
En cualquier
caso, fue una agradable salida de fin de semana y quieras que no, el hecho de
que fuera un evento más multitudinario (de hecho, en BsAs – Santiago a la
salida se invita a parejas y familias) le dio un toque más social a toda la
salida.
Calafate – Perito
Moreno
La última de
estas pequeñas escapadas de fin de semana vino un poco en el tiempo de
descuento, justo antes de tener que salir de vuelta hacia Bogotá y aprovechando
una fiesta en España, pudimos cuadrar una salida de fin de semana con Jaime (el
associate de Madrid que vino a sustituirme en el caso) para bajar hasta la
Patagonia y ver un poco la zona de los glaciares.
Más allá de que
parezca una obviedad, no está de mal resaltarlo: está realmente lejos. Creo que
el equivalente en horas de vuelo hace que más o menos si hubiera salido de
Barcelona, hubiera llegado al menos a Polonia. Pero anyway, dejando a un lado
las obviedades, lo cierto es que fue una gran idea y sin duda alguna valió
mucho la pena. El Perito Moreno es un espectáculo increíble y además cuenta con
una muy buena organización de actividades y excursiones para verlo de
diferentes maneras, lo que se aprecia particularmente. En nuestro caso, hicimos
el sábado una excursión por el glaciar con grampones (no deja de ser curioso lo
de andar por el hielo) y luego una pequeña vuelta por una zona de pasarelas que
se habían colocado en la otra vertiente para poder verlo más de cerca. Estas
pasarelas daban una muy buena perspectiva del entorno y además estaban muy bien
construidas para integrarlas bastante en el paisaje y hacerlas lo
suficientemente prácticas y sutiles como para que cualquiera pudiera estar
paseando por allí sin que pareciera una pésima atracción turística. Ya en el
glaciar, la excursión que comentaba fue espectacular. En grupos relativamente
pequeños (~20) y siempre siguiendo al guía fuimos avanzando por el hielo hasta
dar una vuelta de más o menos un poco más de una hora. Aunque las fotos dan
buena cuenta de ello, cuesta explicar con palabras lo intenso de los azules que
se ven en ese glaciar. Es simplemente espectacular y sin duda una excursión
que, pese a ser un cierto sablazo, vale muchísimo la pena. Además, incluso en
esta época del año que ya no es el punto álgido del verano, todavía pudimos
andar con relativamente poco abrigo, más allá de un jerseicillo y una chaqueta.
Se me había olvidado (ventajas de pode hacer parches en la escritura) pero al final de la excursión los amigos de la organización nos ofrecieron una trago de whisky on the rocks con hielo sacado del propio glaciar. No es que sea ningún fan del whisky (de hecho, apenas le di un sorbo y luego se lo di a Jaime) pero hay que reconocer que la idea estuvo bien.
Por otra parte,
el domingo sí que creo que la liamos un poco más. Aconsejados por la
recepcionista del hotel (el hotel se llamaba Hosteria Los Hielos y pese a esta
recomendación lo recomendaría sin dudarlo: muy hommy y con unas vistas
increíbles delante del lago) decidimos apuntarnos al paseo en barco que nos
llevaría a dos glaciares más. La sensación de borrego fue mayúscula: un barco
de ~300 personas donde cada vez que aparecía algo digno de ser fotografiado se
tendía a acumular todo el mundo en la cubierta delantera de manera que era
imposible moverse (y ya no digamos intentar hacer una foto decente) y sin
ningún tipo de atractivo. A su favor hay que reconocer que los dos glaciares
fueron otra vez espectaculares pero el formato de la visita desde luego fue muy
muy mejorable (no sé si había alguna otra alternativa, al menos nosotros vimos
un barco cerca nuestro mucho más pequeño, que para mí ya habría sido una mejora
notable…).
Calafate en sí
tampoco tenía mucho más: una ciudad con una planificación urbanística al menos
curiosa, muy muy poco densa y con una sola calle haciendo las veces de centro
comercial y centro de la ciudad. Lo que sí que hay que reconocerles a esta
buena gente es su cordero patagónico, un plato de esos en los que cuesta saber
quien sale vivo de la mesa, si el cordero o el comensal, pero que sin duda vale
la pena probar. Ya que comento el tema de la carne, como era de esperar no sé
cuánto, pero estoy casi seguro que al menos un par de kg he engordado en este
mes, en gran parte debido a las milanesas, empanadas y bifes varios. Eso sí, y
con todo el cariño hacia los argentinos del mundo, aunque la carne sea buena,
si se hace como una suela de zapato no hay quien la salve…
Como anécdota
quedó nuestro intento frustrado de ver el Barça – Madrid en el aeropuerto, que,
aunque exitoso en principio, se fue al traste cuando intentamos mover la
pantalla para facilitar la vista a unos compatriotas barcelonistas y se
descuajeringó el asunto, recibiendo además la simpática camarera que nos estaba
ayudando a ver el partido una llamada de su jefa para decirle que qué era eso
de que hubiera gente husmeando detrás de la caja (lo que ella no sabía era que
estábamos intentando arreglar el chiringuito…). En cualquier caso, vimos
suficiente para dejar el partido ganando, y aunque nos perdimos gran parte de
la historia, bottom line el barça acabó ganando (2-1) y no fue un partido épico
de los que habría sentado realmente mal perderse, así que todo en orden.
River
Y ya el último
punto de esta pequeña aventurilla fue la culminación de la inmersión en la
sociedad argentina yendo a ver un partido de River Plate al Monumental. Me
gustaría decir que recuerdo el nombre del contrario pero no es así… (y no ha
pasado ni una semana….) en cualquier caso, fue un partido de la libertadores
contra un equipo peruano que en el mejor de los mundos jugaría en segunda B en
España pero que, grandezas de las ligas continentales, se codea con los
“mejores” equipos de Sudamérica. El partido en sí fue más bien malo, con River
teniendo 120392131 ocasiones y fallando lo imposible (una exageración) hasta el
punto de dejarse empatar a 1 en el minuto 89, lo cual por cierto reducía
drásticamente sus opciones de futuro en el campeonato. Eso sí, la afición es
una cosa increíble, nada que ver con nuestra manera de ver el futbol en el Camp
Nou. Allí la afición cantaba y animaba todo el partido, llegando a poner la
piel de gallina en ciertos momentos. Además, incluso en el peor de los
momentos, habiéndose dejado empatar después de fallar lo indecible y
comprometiendo muy seriamente su futuro en la libertadores, la afición siguió
animando y cantando como si no hubiera mañana (eso sí, al acabar el partido
muchos se acordaron de las familias de los jugadores). En cualquier caso una
gran experiencia, y el colofón a algo más de un mesecito fantástico en Buenos
Aires y Argentina. Una lástima tener que haber salido antes de tiempo pero, a
falta de una palabra mejor, lo llamaremos las exigencias del guión.