sábado, 31 de agosto de 2013

Día 16 - Barcelona


Día 16 - Barcelona

No es el día 16, pero habrá que pensar que más o menos sí lo es. O como mínimo, sí lo es en lo que al blog se refiere. Las últimas líneas, como siempre, ya se hacen desde casa, con el viaje ya en el recuerdo y sin preocuparse de dónde y qué comeremos esta noche. En fin, volvamos a Indonesia:

Día 14 - Kuta

La última entrada ya la titulé como Día 14, pero por falta de tiempo (y, para qué negarlo, de ganas) me quedé en un día antes. Sea como fuere, el día 14 de verdad nos levantamos en Thomas, y aunque no pudimos bañarnos por culpa de la marea (dichosa marea) lo que no nos quitó nadie fue el último desayuno con las maravillosas vistas sobre el mar. Desayunados y con todo ya recogido, nos despedimos de la familia thomas pidíendoles que por favor no cambiaran nunca ese sitio, que valía la pena mantenerlo tal y cómo está. No sé si lo cumplirán, pero igual algún día hay que volver a comprobarlo.

Sin mucho más, nos fuimos en taxi hasta Kuta, a ver qué deparaba el llamado Lloret de Indonesia. Lo cierto es que sí que debe tener algo de Lloret pero que pasar un día allí es más que razonable: llegamos a un callejón lleno de tenderetes de souvenirs y sucedáneos y buscamos algún sitio donde dejar las mochilas y de paso dormir esa noche. Ahí demostramos que ya éramos expertos viajeros que no se conformaban con lo primero que veían porque un myfriend nos vio con cara de perdidos y nos llevó a lo que amablemente se podría calificar de cuchitril (no tan amablemente se podría llamar antro con todas las letras) y donde pese a lo atractivo del precio decidimos decirle que si eso ya volveríamos. en la misma calle, al cabo de 15 metros un hotelito monísimo de la muerte (con jardincito y todo, hierba bien cuidada, unas habitaciones ámplias y limpias) por apenas 2€ más. bingo. Y ya con la sonrisa del que sabe que ha acertado y dispuestos a surfear todo lo que se nos pusiera por delante (o a intentarlo, o a hacernos la foto intentándolo) nos dirigimos a la playa de Kuta.

La playa en sí estaba bastante bien: amplia y muy larga, con mucha arena y sin muchas olas. Nada más entrar nos encontramos con un myfriend que alquilaba tablas y medio apalabramos con él alquilar alguna más tarde aunque vistas las olas que había al final decidimos prescindir (a nosotros o 5m de ola o nada, estilo chasing mavericks). total, que nos dedicamos a jugar con las olas, a hacer la lagartija por día 12038123 y en resumen rápido a llevar a la realidad ese concepto del "dolce far niente".

Después de comer, tarde de compras y blog (cada entrada escrita pide entre 2 y 3 horas de escritura y filtro de fotos etc.) y entre otras cosas reencuentro con Maite y Oscar para ir a cenar y de fiesta a un sitio llamado Sky Garden que nos había comentado Gonzalo (el surfer de granada del thomas). Cabe decir que si hasta el momento me (nos) parecía que el apelativo de Lloret de indonesia era un poco injusto, por la noche hacía total y absoluta gala de él: había una calle con una declarada guerra de potencia de altavoces en los restaruantes: cada uno con la música más alta (en varios casos más cutre) y todos intentando vender fiesta, mushrooms, copas baratas y toda la diversión que un occidental (o un local) pueda pedir. En nuestro caso fuimos al susodicho Sky Garden a arrasar con un buffet de barbacoa que nos iba a ir como anillo al dedo especialmente después de la estricta dieta que llevábamos de no-ternera. Pues bien, el sitio no estaba mal, digamos que la comida no ganaría ningún concurso (ni posiblemente ninguna inspección de sanidad) pero vaya que visto lo visto era decente, había buena compañía y un par de cervezas con lo que nos dimos por muy conformados. Después de la cena nos quedamos por allí un ratillo viendo de qué iba la fiesta (por cierto, llena de gente autóctona) y ya nos retiramos sabiendo que al día siguiente había que levantarse pronto para emprender la vuelta hacia Barcelona.

Sintiéndolo mucho, Kuta no dio para ninguna foto (al menos con mi cámara)

Día 15 - Jakarta

El último día, que por cierto ya avanzo que tampoco dio para ninguna foto, empezó con ese aire de despedida, de hacer la mochila por última vez y empezar a pensar que por la noche ya estaríamos otra vez subidos en un avión dirección a Barcelona.

Por la mañana, primer vuelo: Denpassar - Jakarta. Sin demasiados problemas más allá de un amago de perder mi mochila encontramos una especie de consigna que no daba demasiada confianza (lo que esta gente entiende por consigna es un armario de escobas donde algunos pobres incautos dejan sus mochilas a cambio de un puñado de rupias) y nos dirigimos a Jakarta con una única intención: doctorarnos en el noble arte del regateo. O lo que viene a ser lo mismo, arrasar con un centro comercial de falsificaciones. Después de coger un taxi que nos llevó por lo que dedujimos que era un atajo (pero que en su momento tuvo pinta de ser el camino para atracar) llegamos al edificio que nos pareció más idóneo según la lonely. A falta de una descripción mejor, ese edificio es el caos encerrado entre cuatro paredes. una especie de caja de pandora de desorden. Madres del mundo: ninguna habitación de ningún hijo nunca jamás podrá acercarse a eso así que estad contentas con lo que llamáis leonera porque creedme que podría ser mucho, mucho peor. El edificio del caos se eleva a lo largo de 5 plantas de tiendecitas en su mayoría de menos de 10m2 donde intentan tener cuanto más y más apretado surtido, mejor. Evidentemente no hay maniquís ni nada que se le parezca en el 99% de las tiendas y hay muchísimas cosas repetidas pero en resumen se puede llegar a encontrar prácticamente cualquier prenda de ropa que uno pueda necesitar. Nuestra teoría es que los locales se quedan en las primeras dos plantas por lo que son las más abarrotadas (de gente y de productos) y a medida que subías más las tiendas tenían más marcas occidentales y un poco más de orden (un poquito). Decidimos tirar de estrategia y empezamos como mejor sabemos: comiendo. Subimos a la última planta donde había un compendio de garitos donde se vendía comida y nos acabamos decantando por una especie de japonés para niños (o eso creemos) donde básicamente comimos lo de siempre: arroz con algo y algo con arroz.



Y nada, de ahí al infinito: unas 4 horas (que se dice rápido) subiendo y bajando, viendo y estudiando y finalmente ejecutando compras varias: zapatos, pantalones, bolsos, camisetas... y en mi caso, un último jersey que dejó más o menos claro que todavía tengo camino que recorrer en el arte del regateo, y que, si quieres regatear, más vale que no crean que te interesa porque si no, estás vendido. (mención también se merece la entrada estelar de Xavi diciendo que me podía echar una mano con las 20000 rupias que le quedaban, justo lo que yo estaba ofreciendo al amigo, y va y aparece con más de 100.000...). En cualquier caso, la tiendecilla dejó para el recuerdo una foto con mis vendedores/atracadores que guardaron un gran parecido con el amigo del Gangnam Style



Y no mucho más! Cuando ya estábamos hechos polvo y además los garitos ya empezaban a cerrar nos dirigimos hacia el aeropuerto a pasar las n horas que nos quedaban antes de coger el avión (que por cierto, me gustaría saber quién pone un avión a las 2 de la mañana...) y nos paseamos arriba y abajo de la terminal viendo qué se cocía por allí. Conocimos a una pareja de vascos con quienes ya compartimos el autobús por la mañana entre las terminales del aeropuerto y con quienes estuvimos tomando una cervecilla un rato para compartir anécdotas del viaje y de paso matar un poco el tiempo antes de finalmente hacer el check-in y embarcar destino Abu Dhabi.

Día 16 - Jakarta - Abu Dhabi - Düsseldorf - Barcelona

Pues así se acaba un viaje por Indonesia: con dos escalas en Abu Dhabi  y Düsseldorf  y 28h entre el origen y el destino. En Abu Dhabi nos despedimos de los vascos y tras una buena cerveza en Düsseldorf, acabamos aterrizando en Barcelona, a miles de km de Bali, después de dos semanas de autobuses, noodles, mie goreng, nasi goreng, motos, playas, volcanes y muchas cosas más.

Y sí, ha sido genial, hemos visto cosas increíbles, paisajes que son impensables en casa, nos hemos bañado en playas paradisíacas, hemos conocido gente, compartido infinidad de momentos, comido alguna cosa extraña que otra, visitado templos y puestas de Sol de postal, incluso nos han pasado cosas que nunca se escribieron en este blog y definitivamente sí, volveríamos a Indonesia, pero sí, quizás sí que tienen razón, quizás tornar sempre és la millor part de l'aventura... :)


sábado, 24 de agosto de 2013

Día 14: Kuta

Bueno, parece que la broma empieza a llegar a su final pero no sin antes una última entrada para contar los acaeceres de estos últimos días. Ahora mismo estamos  de vuelta en Bali, en una pequeña península paraíso de surferos (y surferas) y gente molondi en general.

Día 11: Gili a Ulu Watu

Antes de entrar en lo que fue el día 11 en sí, hay que hacer una pequeña mención a la full moon party a la que fuimos en Gili Trawangan el día de la última actualización del blog. Lo cierto es que el día anterior ya salimos con bastante intensidad (divinos eufemismos) y visto que al día siguiente había que levantarse pronto decidimos hacer un mero acto de presencia si bien no nos pareció que fuera el mejor día para salir de fiesta a fondo. Dicho esto, esa fiesta congregó a la immensa mayoría de personal de menos de 30 años de la isla (y a varios de los mayores también) en lo que ciertamente era una fiesta bastante bien montada. La música, que todo sea dicho, degeneró demasiado rápido de temazos dance a tecno demasiado duro (para los nacidos antes del 70, de cosas con ritmo y más bailables, a chumba chumba del duro) pronosticaba una buena fiesta y la performance que se montó alrededor de todo el ambiente era sin duda bastnte espectacular (shows con fuego, una hoguera que no vimos encenderse pero que no debió tener nada que envidiar a las de san Juan, un pequeño espectáculo de break dance...) vamos, que sería una vez al mes, pero estaba bien la historia. Sea como sea, estuvimos un ratillo por allí charlando y tomando algo por la playa hasta que decidimos que si no íbamos con el resto de la fiesta, mejor retirarse a tiempo para no estar destruidos al día siguiente.

Y ahora sí, día 11.

El día 11 acabó relativamente bien, pero empezó con ciertas importantes dificultades. Como comenté en el último post, el myfriend de Lombok family (recordad este nombre, se puede añadir a la lista de agencias a boicotear debajo de ryanair) nos vendió también una vuelta abierta de Gili a Bali con uan fast boat (ciertamente mucho más rápida que el ferri con el añadido que nos evitaba los ratos de bus muertos entre puerto y ciudad). Cuestión, que el día antes le llamamos para decirle que al día siguiente queremos coger la barca, el tío dice que amen a todo y nosotros más tranquilos que nadie. Eso sí, a las 8:45 o así nos personamos en la agencia desde donde salía la barca para que nos canjearan nuestro ticket por el de la barca y el tipo sentado en la mesa antediendo a los pasajeros nos mira (otra vez) con cara de desolación infinita mientras contiene la risa (es una experiencia verdaderamente curiosa) y nos dice que sintiéndolo en el fondo del alma el barco está lleno y que, si queremos, nos puede dar uno a las 15. Cierto es que la alternativa no era tan dramática como en otras ocasiones (léase Bromo) pero la perspectiva de esperar con las mochilas 6 horas en gili y sobre todo la ya conocida sensación de que nos habían metido un gol por la escuadra pudo con nosotros. Así que empezamos a mover Roma con Santiago, hablamos con el myfriend de Lombok Family (recordad, boicot) le dijimos de todo, nos inventamos que teníamos un vuelo desde Bali a media tarde a ver si servía de algo pero no hubo manera. Al  final, hubo milagro (hay divergencia de opiniones en cuanto a si fue milagro o fue simplemente que ya lo tenían planeado así, para mí que hubo milagro). Se conoce que el amigo, desconocedor del poder de un ordenador o como mínimo sin ningún tipo de ganas de incorporarlo a su día a día (a diferencia de su blackberry) llevaba la cuenta de pasajeros de cada barco mediante una serie de listas en las que las diferentes agencias le indicaban cuánta gente iba a ir de su parte. Ya sea porque la full moon party se alargó más de la cuenta, porque alguien la lió, o porque ya lo hacen así de por sí para tener plazas libres pero un grupo de 11 personas decidió no presentarse a la hora a la que debían para coger el barco, cosa que por supuesto nosotros aprovechamos como unos campeones para no sólo coger los últimos billetes que quedaban sino también subir de los primeros al barco (un buen movimiento por el flanco siempre es una garantía de éxito) y tener unos asientos más que razonables en una zona no demasiado afectada por los vaivenes del mar (que por cierto, estaba bastante picado).

Cuestión, que un par de horas más tarde llegábamos a Padang Bay donde (otra vez) milagrosamente conseguimos que alguien nos acogiera en un minibus de esos que a estas alturas ya nos parece de un lujo asiático y nos llevara en principio hasta Nusa Dua (el sitio donde en realidad pensábamos que nos iba a llevar el barco, malentendido cortesía del amigo de Lombok Family) y aquí, sí, lo reconocemos, se nos hicieron las 4 de la tarde, no habíamos comido nada desde el desayuno a las 8 y caímos, y encontramos nuestra salvación en forma de McDonalds. Después de sudar la gota gorda en el minivan, de volvernos a jugar la vida en cada adelantamiento, de llegar muertos a hambre y sin ningún tipo de idea de dónde íbamos a dormir esa noche más que una reseña de dos líneas a media columna de la lonely planet, el amigo Ronald McDonald nos salvó la vida: aire acondicionado, bebidas frías, una hamburguesa para llenar el estómago y un wifi para intentar buscar alojamiento era todo lo que necesitábamos. Y después de esta pausa escénica para reponer fuerzas a la americana ya nos fuimos a buscar un taxi que nos llevara hasta nuestro primer intento de hotel, el amigo del Thomas Hostel (por favor, recordar este nombre, a éste hay que volver y recomendar porque es un sitio increíble). Nada más llegar, tuvimos un diálogo tendiendo a surrealista: entramos, encontramos al myfriend, preguntamos si tiene habitaciones, nos responde a la gallega, con otra pregunta, que para cuántas noches, y al contestar que no estamos seguros nos dice que está desolado pero que esta noche no, aunque mañana sí. Pues nada, paciencia y una caña. Nos volvemos al taxi y enfilamos al sigueinte hotel homestay más cercano, también conocido como emma. No hace falta volver nunca más al emma. Una cama cutre y vieja, sin sábanas ni más muebles que la puerta que separa el baño y la cama en sí dormimos allí como podríamos haber dormido en cualquier otro sitio. El problema es que ya estábamos en una zona donde no hay núcleos urbanos sino pequeñas casitas a ambos lados de la carretera con lo que nos conformamos con eso y pensamos que al día sigueitne ya volveríamos al thomas. En el emma conocimos a unos franceses que, en resumen, eran la alegría de la huerta. Les preguntamos un poco por encima que qué podíamos hacer en un sitio como aquél a las 5 de la tarde y entre je ne sais pas y cuatro historias más nos acabaron resumiendo que, si no eras surfero, más bien poco. Anyway, como siempre, nos las apañamos.

Ahora el amigo Thomas se merece una pequeña descripción de su chiringuito porque, aunque pueda resultar complicado de contar con palabras, vamos a intentarlo. El homestay se encuentra al final de un caminito de unos 300m de tierra que se aparta de la carreterilla "principal". Al llegar, unos gallos y un perro-patada dan la bienvenida cacareando-ladrando en función de la especie. Una pequeña bajada y sorpresa. Un comedor con tres mesas y una barra que dan justo al mar, a unos 50 metros de altura. La vista es impagable y la idea de poner una pequeña barra justo delante de la "ventana" (ventana porque tenía un marco, pero ni cristal ni historias) es simplemente perfecta. Para mí, y creo que para todos, sin duda el mejor homestay donde hemos estado y una de las mejores escenas que hemos tenido delante. El chiringuito lo lleva el amigo Thomas (como es normal) y su familia: su mujer a los mandos de los fogones y las negociaciones de precios y sus tres hijos, que hacen un poco de todo y un poco de nada. Es uno de esos sitios de los que uno no puede dejar de preguntarse cuánto más van a durar, estando en la situación privilegiada en la que están y rodeados de resorts 5 estrellas everything included.



Sea como sea, las habitaciones se encuentran a dos niveles: el de la "recepción" y otro a medio camino de unas escaleras que se despeñan hasta la playa donde nos alojamos nosotros las dos siguientes noches. Las escaleras (con unos peldaños que dan la sensación de estar subiendo escalones de dos en dos) acaban llevando a una playa literalmente desierta. Cualquiera que quiera llegar tiene que pasar por las escaleras de thomas o llegar en barca y lo único que se encuentra son unas pequeñas cabañas de pescadores en las que en ningún momento hemos visto actividad. En nuestro caso, llegamos con la marea ya muy baja y nos conformamos con dar un buen paseo y contemplar una puesta de sol fantástica hasta que una nube adquirió más protagonismo del que le tocaba y chafó el número final pero que sin duda valió mucho la pena.






Al volver, ya casi de noche, estuvimos tomando una cerveza en la terraza esta maravillosa en la que pudimos contemplar como salía la luna y la marea recuperaba parte de lo perdido y donde acabamos cenando y conociendo a otro de los personajes de este mundo que uno se encuentra viajando. Gonzalo, un granadino surfero de treinta y largos con bastantes historias a las espaldas y una manera de hablar como mínimo curiosa (parecía medir mucho las palabras y estar muy atento a lo que decíamos pero creo que no lo vimos reirse ni una vez en toda la cena) nos contó varios de los proyectos que lleva en Marbella, sus dificultades para luchar contra la burocracia y algunos comentarios muy por encima del mundo del surf (él es una de esas personas que viaja simplemente para hacer surf) a cambio de un poco de reciprocidad por nuestra parte y poca cosa más. Un tipo sin duda curioso. Una vez cenado, y ya plenamente integrados en el horario local, nos acabamos yendo a dormir a eso de unas tempranas 10:30-11 de la noche pensando en lo bien que íbamos a estar al día siguiente en casa de los thomas (especialmente en comparación con el cuchitril al lado de la carretera en el que nos tocó dormir ese día...). El momento curioso fue cuando la mujer de thomas, después de cenar, nos dijo si nos queríamos quedar a dormir. WTF? Supusimos que a las 5 la mujer tenía la esperanza que alguien entrara pidiendo habitación para un mes (eso sí que son esperanzas y no las de la lotería de navidad) y por eso prefirió no darnos a priori para esa noche pero vaya jugada más rara...


Día 12: Ulu Watu

Al despertar, como nuestra querida emma por no tener, no tenía (ni añado, quería tener) desayuno incluído en su fantástico resort a pie de carretera, nos movimos rápidamente hacia el Thomas para hacer la mudanza y de paso, desayunar algo con cara y ojos. Estuvimos un ratillo por allí hasta que nos acondicionó un par de habitaciones en las que serían nuestras suites con vistas al mar los próximos dos amaneceres y nos alquilamos unas motos para volver a recorrer Bali casco en mano. Como he comentado antes, esta parte de Bali era territorio surfero 100% y no diremos que erámos como un pulpo en un garaje, pero lo cierto es que nuestras pintas de no-surferos se veían a la milla. En cualquier caso, nosotros fuimos en búsqueda de una playa molondi, y la encontramos. Y cuando no tienes ni idea de dónde están las playas chulas, la manera de encontrarlas es bastante más fácil de lo que parece: encuentra a alguien con pinta de saber a dónde va, y síguelo a ver si se confirma que lo sabe. Dicho y hecho, una furgoneta con cinco tablas de surf en el techo y un rótulo enorme de "Bali surf school" nos sirvió de guía hasta la playa de Balangan. Suena exótico, pero teniendo en cuenta que las tres playas consecutivas se llamaban: Dreamland, los imposibles, y Balangan igual acabamos en la menos molondi.



En cualquier caso, nos encontramos con una playa espectacular, llena de surferos buscando unas olas que, para que negarlo estos días no han sido las mayores de la historia, y con unos cuantos chiringuitos dispuestos a venderte lo que te haga falta para convertirte en el surfero más molón de Bali. Nos apalancamos un rato y, al notar que estábamos cercanos a la evaporación decidimos alquilarnos un body board para jugar un rato con las olas y hacer un poco el tonto (y sí, para sentirnos un poco más integrados en el ambiente surfero molondi).



Jugamos un rato, vimos como volvía a bajar la marea dejando al descubierto otra vez metros de roca e impidiendo hacer mucho más surf por hoy. Vuelta al hotel y motos hacia la única actividad más o menos cultural de estos días: visita al templo de Ulu Watu. El templo se levanta sobre unos importantes acantilados y es sin duda un sitio fantástico para ver otra puesta de sol de ensueño. hasta que vuelve a aparecer una nube a tocar las narices. El templo en sí no es especialmente grande, más que nada tiene un senderito al filo del acantilado desde donde hay unas vistas increíbles y donde unos simpáticos monitos con tendencias cleptómanas van apareciendo y correteando por todos lados.




Al hacerse otra vez de noche, decidimos enfilar retirada y volver al Thomas para cenar allí, jugar un rato a cartas y volver a acostarnos a una hora rallando el horario local.

Día 13: Ulu Watu

Y por fin, el despertar soñado en Thomas. Sin tiempo para quitarnos las legañas, un baño fantástico y nadar un ratito en medio de la marea alta (es decir, con un fondo de arena mucho más agradecido con nuestros pies. Y, después de otra ascensión por las infinitas escaleras, un gran desayuno entre pecho y espalda antes de empezar el día.



El día fue un poco una copia del anterior: fuimos buscando playas chulas donde pasar el rato y darnos unos buenos baños (en este caso estuvimos en Padang-padang y Benging, otra vez ni imposibles ni dreamland) y tras comernos un plato de noodles infinito en un chiringuito con otras vistas espectaculares sobre la playa, enfilamos hacia el hotel para echarnos una siestecita y coger las motos para ir hacia Jimbaran, un pueblecido de pescadores del que nos habían hablado bastnte bien. Lo cierto es que por la mañana nos hubiera gustado hacer (o como mínimo intentar, o como mínimo hacernos la foto intentando) un poco de surf, pero visto que hemos coincidido con la peor semana de la historia en cuanto a olas y que tanto las clases com los alquileres eran bastante caros, al final optamos por dejarlo para el siguiente viaje. Eso sí, la nota curiosa del día la dejaron unos pescadores que llegaron a Padang-padang con una barca de las típicas típicas típicas cargados de pescado hasta arriba que luego vendieron simplemente poníéndose en el arcen de la carreterilla que pasaba por allí (de ahí entendimos el olor curioso que había en ciertas zonas de la playa así como la sorprendente abundancia de moscas...)



No es que seamos especialmente florecillas en cuanto al calor se refiere, menos estando en una playa, pero tanto en Padang-padang como en Benging hizo un calor infernal y la orientación que tan fantásticas puestas de sol ofrece resulta que se come cualquier sombra a medida que pasan las horas...

Por la tarde dimos el paseíto por Jimbaran y nos tomamos otra cervecilla disfutando de una playa infinita y una puesta de sol, otra vez, estropeada por la enésima nube. Igual no hemos acabado nunca de ver cómo se pone el sol en el mar, pero lo cierto es que las nubes dan mucho juego y los colores y las luces sin duda han valido la pena y han dejado grandes fotos.



Las coincidencias de la vida quisieron que por fin nos encontráramos a mi primo Carlos que también estaba por Indonesia dando un paseo y, justamente, fueron a cenar a Jimbaran a un sitio que ya conocían de un viaje anterior. Estuvimos un rato con ellos compartiendo anécdotas y riendo un rato de la idiosincrasia de la isla y sus isleños y finalmente nos separamos (ellos estaban durmiendo en Kuta, donde estamos hoy nosotros) mientras que nosotros teníamos que volver de vuelta al Thomas en sentido justamente opuesto.

Y bueno, no voy a contar lo que hemos estado haciendo hoy que así me quedan un par de días para escribir en el último capítulo. Mañana ya volamos hacia Jakarta para pasar unas horas de casi escala antes de volver a pegarnos la paliza de aviones y cerrar la aventurilla hasta el año que viene. Así que de momento y salvo sorpresa esta es la última entrada del blog desde indonesia!

Espero que todo vaya muy bien!

Un abrazo!

Jordi

martes, 20 de agosto de 2013

Dia 10: Gili Islands

Visto que el otro día no tuve tiempo para escribir los días 7 y 8, empiezo desde allí:

Día 7: Ubut

Una vez visto lo que daba de sí Ubut como ciudad, y a partir de todas las recomendaciones que habíamos leído y oído decidimos que la opción de alquilar unas motos y patrullar un poco la zona más allá de las cuatro calles llenas de tiendas de souvenirs era lo más interesante. Aunque ya teníamos un par de sitios fichados para alquilarlas, en cuanto se lo dijimos a la señora del hotel nos puso en contacto con el vecino y éste nos llevó a un garito a un minuto del hotel donde nos dieron un par de scooters que debían ser de 100cc o así y que sin ser ninguna maravilla, cumplieron perfectamente las funciones. Dimos una primera vuelta de reconocimiento alrededor de Ubut (por cierto, en Indonesia se conduce por la izquierda y la gasolina se puede servir en gasolineras o en botellas de absolut) y al ver que la cosa ya iba bastante bien nos decidimos a ir un poco más allá.



La historia es que hay un par de carreteras un poco más "principales" (entre muchas comillas) desde las que nacen carreteritas estrechas con mucho más encanto y mucho menos tráfico. Todavía no tenemos del todo claro hacia qué dirección fuimos y hasta dónde llegamos (habrá que verlo con un mapa más preciso) pero más o menos nos dirigimos hacia el norte hacia unos campos de arroz de los que nos habían hablado muy bien. Ciertamente, en cuanto dejabas la retahíla de casas a lado y lado de la carretera y te adentrabas un poco más en el interior el paisaje empezaba a cambiar y la vegetación se volvía más espesa hasta que de repente nos encontramos en una ladera de un valle desde donde se divisaban grandes terrazas de arroz perfectamente niveladas al otro lado del valle. Evidentemente, los lugareños ya vieron el potencial del sitio así que hay un chiringuito de terrazas, tiendas y demas historias montado alrededor de esta ladera que hace pensar que los arrozales son prácticamente artificiales. Sea como fuere, nosotros nos desviamos un poco antes para intentar llegar a los arrozales paseando y después de unos km por una carreterita llena de subidas y bajadas (donde por cierto una de las motos lo pasaba bastnte mal)  llegamos a un cul-de-sac desde donde simplemente se podía subir por un senderito. Allí encontramos a un lugareño que nos ofreció un coco que inicialmente rechazamos por miedo a que nos quisiera cobrar y seguimos por nuestro camino. Estuvimos subiendo por el senderito un ratito y efectivamente vimos unos cuantos campos de arroz pero nos quedó claro que si la gente montó el chiringuito en el otro lado del valle, era porque la vista mejora sustancialmente con la distancia. Así que dimos media vuelta y volvimos a bajar hasta las motos no sin antes recoger un coco que Xavi creyó que podía abrir aporreando contra una esquina cemento pero resultó ser que el coco era bastante más resistente y que abrirlo no era nada tan fácil como se esperaba. Casualidades de la vida acabó volviendo nuestro amigo lugareño con un machete y después de decirnos unas 20 veces que el coco era muy maduro y que no era bueno para el agua, el dió un par de cortes y conseguimos comer un poco (el agua se había desparramado en el proceso...). Efectivamente el amigo nos pidió una propina por el coco y la foto que nos hicimos con él pero vaya, parece que es la manera como se mueve este país.



Después de la excursioncilla nos sentamos en una terraza de los amigos desde la que había una muy buena vista sobre los cmapos, no sin antes pagar 5000 rupias (unos 40 céntimos) a un guardia que nos dijo que era obligatorio para pasar (mentira cochina, todavía no tenemos claro para qué eran los tickets pero no descartamos que simplemente fuera un listillo con un talonario y bastante morro)




Cuestión, que pagamos como buenos primos y después de la comida nos dimos una vuelta por las terrazas hasta que nos volvimos a encontrar a otro myfriend que nos pidió más dinero por seguir dando el paseo cosa a la que nos negamos y dimos media vuelta. Motos y ala, carretera a ver qué más encontramos. En una de estas nos metimos por otra de estas carreteritas a ver qué se movía por allí y al atravesar uno de los pueblecitos vimos una de las cosas que más nos ha sorprendido hasta ahora. Había unos chicos así de 17-18 años untando un palo de unos 10m de brea y un montón de niñitos de 8-10 años alrededor de estos esperando algún tipo de acontecimiento. Al final resultó que era al más puro estilo pal ensauat de las típicas "cucanyes marineres" de fiesta de pueblo de costa. Los chavales tenían que intentar subir como pudieran unos sobre otros para llegar al tope del palo dónde había colgados unos cuantos regalos (camisetas, juguetes...). Estuvimos un rato mirando y para cuando nos fuimos todavía no habían llegado a la mitad del palo, ya estaban haciendo castellers de 3 pisos y todavía quedaba rato pero un guía turístico que pasó por allí con una familia nos dijo que siempre lo acaban consiguiendo, simplemente es una cuestión de tiempo.



Sea como fuere, nos quedamos un rato viendo como iban resbalando y volviendo a intentarlo hasta que decidimos seguir tirando adelante con las motos. La historia tampoco duró mucho más porque a cada uno que preguntamos dónde quedaba ubut resoplaban y nos decían que estaba muy lejos por lo que acabamos optando por dar media vuelta y deshacer lo previamente conducido.

Al volver a Ubut, devolvimos las motos y fuimos a regalarnos el merecido masaje a uno de los miles de sitios que se publicitaban por el pueblo. Lamentablemente no hubo personal suficiente para hacernos el masaje a cuatro manos a todos (sin duda si en algún momento en la vida hay que hacerse un masaje a cuatro manos, qué menos que hacerlo en Bali....). Total, que fue un masaje fantástico de una horita pero no fue a cuatro manos (aunque lógicamente no está ni mucho menos descartado, es más, mañana volvemos a Bali y como se descuiden nos tienen por allí delante de cualquier playa maravillosa deshaciendo todas las tensiones que tenemos acumuladas...)

Por la noche acabamos cenando en un restaurante al lado de la agencia donde contratamos el viaje del día siguiente hacia Lombok y donde se nos unieron un poco más tarde Oscar y Maite y donde pasó otro de los momentos estelares del viaje. David, harto de beber todo el día cerveza o coca-cola decidió pedirse un batido de piña que a priori tenía bastante buena pinta. Pues bien, llega el batido, le da un trago, y sorprendentemente encuentra algo excesivamente crujiente y duro, como si hubiera un pedazo de azúcar sin disolver que no se pudiera morder de lo duro que estaba. Sin salir de su asombro da otro trago y se repite el proceso. Al final, después de que todos confirmáramos lo raro del batido le preguntamos al myfriend que qué podía ser lo que nos estábamos comiendo (David incluso le dio uno de los pedazos que por poco se traga, del tamaño de un diamante de esos de compromiso) y entre risas se fue a la cocina pensando algo como "vaya guiris me han ido a tocar, que exquisitos se me han vuelto...". Cuestión, que al volver, el amigo va y nos dice que no nos preocupemos, que el pedazo que le habíamos dado sin duda tenía que ser un trozo de hielo. No es por dárnoslas de expertos en la materia, pero decirles a cuatro ingenieros que un pedazo de material que no se derrite, no está frío y además es bastante más duro que el hielo resulta que, evidentemente, es hielo, no fue su mejor elección. Conseguimos convencerle rápidamente y, después de llevarse el batido y de traernos un par de croquetas de consolación (y una cerveza para David, que no se atrevió con más experimentos) hizo ver como que no había pasado nada. Aquí paz y después gloria. Nunca sabremos qué era lo que nos metió en la bebida, aunque creemos que seguramente sería la tapa pequeña de la batidora que se debió de caer dentro y básicamente se trituró.

Sin mucho más de lo que reirnos, nos despedimos de Maita y Oscar hasta la próxima y nos dirigimos hacia el hotel hasta el día siguiente.

Día 8: Ubut a Sanggigi

Durante la mañana del día 8 fue cuando estuve escribiendo el último capítulo. No fue como el día de Yogya a Bromo pero casi: si no fue perdido, fue invertido pero útil útil, lo que se dice útil, no fue. En cualquier caso, después de las compras y actualizaciones de la mañana nos pasamos unas buenas 10 horas entre transportes varios, primero un autobús hasta el puerto, luego un ferri de unas 4-5h (incluyendo prácticamente una hora para amarrar...) y otra hora de bus hasta el hotel. En el ferri conocimos a un par de chicas catalanas con las que coincidimos ayer en Gili para cenar y salir de fiesta y por lo demás en el autobús hasta el hotel estuvimos charlando con una pareja de alemanes que iba al mismo hotel que nosotros y con los que compartimos una cena muy agradable (y larga, porque en un hotel con 5 habitaciones, por cierto, muy fotogénicas) estuvimos más de una hora y media esperando para poder cenar ante el desespero del amigo alemán. La pareja muy maja, estuvimos charlando y riendo un buen rato y curiosamente evitamos bastantes de los temas más recurrentes por estas zonas (qué haces en casa, qué has estudiado etc) con lo que la conversación fue casi siempre por temas bastsante más interesantes y divertidos. Desde luego, rompían bastnte los estereotipos alemanes.




Día 9: Sanggigi a Gili Islands (Trawangan)

Por la mañana un desayuno rápido (por suerte más rápido que la cena) y ya enfilamos hacia Gili. El pequeño paraíso al lado de Lombok formado por tres islitas bastante pequeñas (Trawangan, la mayor, tiene un perímetro que se recorre en menos de dos horas andando) y paradigma de aguas turquesas y buen rollito. Nos subimos a una "fast boat" (que de fast tenía lo que de ambulancia) y recorrimos el pequeño camino entre Lombok y Gili. Al llegar la primera preocupación fue conseguir alojamiento y, una vez hecho esto, ya el resto se reducía a encontrar la playa que nos gustara más y tirarnos a tomar el sol, bucear, y bañarnos tanto como quisiéramos. Las opiniones acerca de las Gili varían bastante, en mi caso a mi me ha decepcionado un poquito. Sí que es cierto que son un paraje espectacular pero por otra parte las playas (tanto en la zona de arena como el fondo marino) tienen por lo general muchísimo coral muerto (que no es lo mejor para caminar descalzo por la playa) y los baños en según que zonas (luego ya vimos que hay algunas otras mejores) se convierten en un intento de no dejarse los pies al pisar aquí y allí. Dicho esto, insisto, las aguas son espectaculares y al bucear un poquito enseguida se ven montañas de peces de colores yendo de aquí para allá muy tranquilamente. Otro tema curioso son las enormes corrientes. No sabría decir a qué distancia está una isla de la otra, pero seguramente no llega a un quilómetro pero la guía ya enseguida dice que a nadie se le ocurra cruzar a nado de una isla a otra, porque (y cito textualmente) el mar se ha engullido a más de uno (fin de la cita)

Por lo demás el día en sí tampoco dio mucho más de sí: playa, paseo, vimos una puesta de sol espectacular que dio para un buen book de fotos y una buena cena con fiesta incluída con las dos catalanas (Irene y Mur). La fiesta, sin ser nada del otro jueves, estuvo bastante bien y fue divertida: había un par de locales abiertos que dieron bastante de sí y con un par de buckets nos montamos una fiesta bastante divertida entre los 6. Otro tema a tener en cuenta es que estas islas giran total y absolutamente alrededor del turismo: los únicos autóctonos que hay son gente dedicada a vender todo tipo de cosas, desde setas para flipar hasta masajes y gafas de bucear.




Día 10: Gili Islands (Trawangan)

Nada. Este es el resumen de nuestro día de hoy. Hemos estado en la playa, tomando el sol, bañándonos y buceando, durmiendo la siesta bajo un sol y una brisa fantásticos y ahora a última hora dando una vuelta por el pueblo. Hemos estado charlando con unos catalanes que conocimos ayer de fiesta (un maestro con un harén de unas 5 chicas más) y no mucho más. Ahora iremos a cenar algo y sacar la cabeza por una full moon party que hemos visto anunciada y que parece tener bastante buena pinta. En cualquier caso mañana ya iremos de vuelta hacia Bali, porque realmente estas islas se quedan muy pequeñas enseguida y el myfriend que nos vendió el transporte de Lombok a Gili también nos enchufó el pack de vuelta a Bali abierto así que en principio nos volveremos hacia allí, esta vez más hacia el sur para intentar combinar un poco los días de playa y relax con las actividades un poco más culturales de templos y pueblecitos.

Ya iré contando a ver qué tal vamos

Espero que todo vaya muy bien por allí!

Un abrazo!

Jordi

PS

De verdad, intentad aguantar los impulsos que tenéis de comentar el blog, que nos quedamos saturados y luego no podemos leerlos todos... ;)

sábado, 17 de agosto de 2013

Día 8: Ubut


Antes de empezar, siento la falta de actualización! La verdad es que estos días han sido entre bastante ajetreados (en cuanto a movimientos de sitio etc) y además hemos estado bastante rato en autobuses y demases con lo que el tiempo útil de cosas a explicar ha sido bastante menor que en otras ocasiones... En fin, dicho esto, pa'l lio

Día 4: Yogyakarta - Bromo

Hay dos maneras de entender este día: o como un día perdido, o como un día invertido. Lo que está claro es que desde ningún punto de vista fue un día útil. Nos levantamos pronto (sobre las 7:30 o así) para estar a las 8:30 subiendo a un minibus con Oscar y Maite y 6 compañeros más (que a la postre resultarían ser todos alemanes, de dos grupos distintos) y nada, nos metimos entre pecho y espalda unas 12h de autobús como quien no quiere la cosa. Al final después de tener que volver a aguantar a un conductor que se creía que estaba en las 24h de le mans (por lo que a él respecta, estoy seguro de que se cree qeu las ganó...) acabamos llegando a un sitio dejado de la mano de Dios (Probolinggo) donde hicimos una parada rápida para cambiar de bus y recibir las indicaciones para el día siguiente. No hay mucho más que contar más allá de que nos atendieron una pareja digna de mención, uno con cara de sapo (no descartamos que se entrenara para conseguirlo) y otro medio tuerto que no inspiraba la mayor de las confianzas a la hora de pagar pero en fin, así son las cosas... Eso sí, como nota curiosa nos dijeron que en el volcán (donde iríamos al día siguiente a ver el amanecer) hacía mucho frío (alrededor de 4ºC) y que mejor que nos abrigáramos. Y sin mucho más, nos acabamos yendo a dormir después de un día sin mucha acción pero con buenas perspectivas de cara al día siguiente.

Día 5: Bromo

El "día" amaneció a las 3:30am hora en que nos levantamos. Podemos decir que un cierto jet lag todavía ayudó a levantarnos a esa hora pero sería mentira. Estábamos muertos de sueño aunque hicimos el esfuerzo y nos levantamos. Como nuestro plan era subir al volcán andando (había también la posibilidad de ir en jeep) y somos mas chulos que un ocho pistacho decidimos que lo de los 4ºC no iba por nosotros y la mayoría fuimos con unos pantalones de deporte y una chaquetita monísima de la muerte pero que desde luego no estaba preparada para aguantar esas temperaturas. Pero a ver, ahora en serio, de verdad alguien creía qeu en Indonesia en pleno mes de agosto en cualquier parte del país sea volcán o no podía hacer 4ºC?? Nosotros, desde luego, no.

En fin, que sea como fuere, nos subimos a un jeep a las 4 de la mañana para hacer la última parte de la carretera asfaltada y empezó la excursión entre las sombras. Para el recuerdo quedará la frase de una de las chicas alemanas que a esa hora y ante la posibilidad de tener que ir andando cuando ella había pagado por subir en jeep le dijo a uno de los guías muy a la alemana (educada, pero directa y sin rodeos) que ella había pagado por eso y no pensaba ir caminando (I pay for jeep, no walking). Pobrecilla no sabe la coña que ha traído esa frase desde entonces en adelante pero vaya, que tampoco pasó de allí, en cualquier caso (por supuesto) consiguieron su jeep. Nosotros por nuestra parte nos fuimos con Oscar y Maite a adentrarnos en las arenas del bromo a ver qué sucedía.

Aquí haría falta hacer un par de incisos. El primero es que ahora mismo no voy muy sobrado de tiempo y no sé si podré poner fotos, con lo que de momento me limito al texto y ya si eso luego añado alguna cosa. La segunda es que la orografía del bromo era algo extremadamente curioso. La montaña en sí está levantada digamos alrededor de 2000m pero en un momento dado a esa altura se abre un crater enorme (a bote pronto yo diría que entre 15 y 20 km de diámetro) en el centro del cual se elevan los dos volcanes: el Bromo y cuyo nombre pobre parece no importarle a nadie porque nadie lo sube. Cuestión, que después de estar subiendo un buen rato por unas buenas rampas con los jeeps, en un momento dado nos dejaron ir enmedio de la nada y, oh sorpresa, lo primero que hacemos es bajar un rato hasta llegar al suelo del crater (si no consigo colgar fotos, recomiendo una visita rápida a google images para hacerse una idea de lo que estoy contando; madres del mundo: por muchas imágenes del volcán en erupción que veáis, nos os preocupéis que ahora mismo está muy tranquilito). Y al llegar a la base del cráter (como puede parecer lógico pero no por eso deja de sorprender) un suelo de arena fina fina fina como si estuviéramos en la playa. Y así con la poca luz que ofrecían los frontales de Xavi y Oscar fuimos andando por el camino que creíamos que tenía más sentido (y aparentemente más roderas) hasta que en un momento dado nos dimos cuenta que el cmaino no debía tener mucho sentido porque ya no había más roderas y un myfriend con moto de los que te ofrece subirte nos vino a buscar para salvarnos/guiarnos como buenamente pudiera. Total, que entre unas cosas y otras y gracias a la increíble mano izquierda de Xavi con los locales conseguimos ponernos en camino hacia la cima esta vez sí por el camino correcto. Cabe decir que a medida que iba amaneciendo sí que se veía más luz pero que la primera media hora tres cuartos apenas se distinguía un pimiento y si de nosotros hubiera dependido nos hubíeramos guiado por el croquis que nos hizo el myfriend el día antes cuando nos contaba lo de los 4ºC. Por cierto, por aquel entonces, nosotros nos creíamos los reyes del mambo con nuestra ropa de deporte y nuestras chaquetitas monisimas de la muerte. Santa inocencia... Cuestión, que con más pena que gloria pero a buen ritmo conseguimos llegar a una especie de campo base berebere donde habían montado unos cuantos chiringuitos de comida/mantas/caballos que te subían todavía más solamente a cambio de unas rupias y tu dignidad y empezó la "ascensión" como tal. A la vista que se hacía rápidamente de día apretamos bastante el ritmo para llegar a tiempo a la cima lo que pero dicho esto lo cierto es que las rampas eran bastante empinadas y el terreno y la falta de sueño y comida tampoco lo pusieron muy fácil. Por cierto, a medida que se iba aclarando el cielo nos fuimos dando cuenta que había una niebla infinita sin ningún tipo de intención de despejarse y que con casi total seguridad nos impediría ver la tan conocida salida de Sol pero eso no fue suficiente para que siguiéramos apretando el paso hasta llegar a unas escaleras que ayudaban a llegar a la cima del volcán en el último tramo. Santa inocencia 2.0.

Pues sí, entre las 4:30-5am había un grupo de matados en la cima de un volcán, muertos de frío, ya no por la temperatura, pero sí por un viento bastante importante, observando como una niebla espesísima no dejaba ver ni siquiera el pie de la escalera y ya ni te cuento de la salida del Sol. En otras palabras: qué cabrones los que nos vendieron la dichosa salida del Sol como el espectáculo de luz y color que nos iba a cambiar las vidas y qué poco hábiles estuvimos con el tema de la equipación especialmente en lo que respecta a los pantalones... En la cima eso sí hubo un par de notas curiosas: estaba lleno de locales que ya no sabemos si celebraban las fiestas estas de final del Ramadan o el principio de las fiestas nacionales. Pues parece que todos ellos decidieron ponerse de acuerdo en cachondearse de nuestras pintas y no tuvieron ningún tipo de problema en reirse de nosotros en nuestra cara señalándonos y diciendo algo como: vaya primos estos, no saben donde se han metido, ahora van a ver lo que vale un peine (interpretación del indonesio por parte autor). La otra nota curiosa fue conocer a un basco que se conoce que fue a dar una vuelta a las afueras de san sebastián y de repente se encontró en la cima del Bromo. Cosas que pasan. (coñas a parte, el buen hombre se estaba marcando el viaje de su vida durante 4 meses con la finalidad de llegar a un sitio de Australia donde se conoce que se puede nadar con ballenas, lo que también da título a su blog: "a nadar a XXX")

Cuestión: subimos, estuvimos un buen rato tirando de fe y esperanza, bajamos, creímos que empezaba a despejar la niebla, volvimos a subir, nos dimos cuenta que no estaba despejando la niebla, volvimos a bajar, estuvimos un rato más por la zona antes de las escaleras y finalmente decidimos emprender el camino de retirada. Por si alguien se lo pregunta sí, en cuanto nos fuimos la niebla empezó a despejar aunque no llegó a despejar del todo todo todo. Repito: qué cabrones los que nos vendieron la dichosa salida del sol como el espectáculo de luz y color que nos iba a cambiar las vidas.

Por cierto, ya voy viendo que no voy a tener tiempo de colgar fotos y quizás no llegue a tiempo de acabar hasta el día de hoy pero sea como fuere el caso es que aunque lo pinte como que fuimos las personas más gafes de la historia el sitio era simplemente espectacular, y cuando salió el Sol y la niebla ciertamente levantó un poco las vistas y el paisaje lunar eran apabullantes. Se comenta por el foro que igual no hacía falta dormir 2h para disfrutar de estas vistas, que por lo visto el volcán no se mueve a lo largo del día, pero vaya, que eso ya es otra historia.

En cualquier caso, para la vuelta tuvimos dos opciones: 1) estar a las 11 en el hotel, coger un autobús y empezar a tirar dirección a Bali, donde hubíeramos llegado alrededor de las 20:30 o así. 2) esperar hasta las 16:30 y repetir el mismo camino para llegar a Bali sobre las 6 del día siguiente. Con la idea de no tener que estar a las tantas de la noche buscando hotel por Bali, disfrutar más del día en el Bromo y de paso ahorrarnos unas rupias al pasar la noche en el autobús, decidimos coger la opción 2. Santa inocencia 3.0. Qué grave error. Inciso: por si fuera poco, esta decisión la tomamos en Yogya al coger el tour, pero cuando estuvimos con sapo y tuerto nos dijeron que ya no había plazas. Montamos un minipollo (la alemana muy dispuesta a ayudarnos en todo lo que fuera interaccionar con los locales) y nos dijeron que sí, que no nos preocupáramos que tendríamos nuestro bus por la tarde. Fin del inciso. Cuestión que a las 9 de la mañana ya estábamos desayunando/comiendo unos noodles donde nos había dejado el amigo con el jeep y a las 11 o así ya estábamos de vuelta en el hotel. Podríamos haber cogido el primer bus? Tranquilisimamente. Sin embargo nos dedicamos a ducharnos con toda la calma, dar una vueltecilla por la zona del hotel, tomar una cervecita y vagar como almas en pena que no han dormido en dos días por el hotel hasta que acabó llegando nuestro amigo con la furgo "Executive class" para llevarnos a nosotros cuatro, las tres alemanas y Oscar y Maite de vuelta a Provolinggo donde deberíamos coger nuestro bus a Bali.

Y aquí empieza la fiesta. Nada más llegar, el myfriend de la agencia nos dice que está desoladísimo (intentando contener la risa) pero que nuestro bus ha tenido dos millones de problemas que por supuesto no eran culpa suya y que en vez de salir a las 16:30 saldría a las 19:30. Le montamos un minipollo pero decidimos que si al final llegábamos a bali a las 9 en vez de las 6 tampoco sería tan grave y que cuanto más tiempo de sueño pasáramos en el autobús, mejor. Total, que nos fuimos a dar una vuelta por el "centro" de Provolinggo a ver qué se cocía por allí. Si existe un centro como tal de esa ciudad no lo sabremos nunca, pero el paseo estuvo bastante bien. Después de buscar sin éxito un sitio donde comer algo, acabamos en unas callejuelas peatonales super auténticas donde debía hacer bastante que no veían a un turista porque reunimos a una banda de niños que nos seguían a una distancia prudencial bastante importante. Eso fue posiblemente lo único bueno de la tarde/noche. Al volver a la agencia (donde nuestro amigo iba y venía, nunca estando allí más de 5 minutos para desespero de propios y extraños) el myfriend nos dijo que el cosmos se había alineado para que nuestro bus no pudiera salir a las 19:30: no sabemos si fue un tornado o una vaca enmedio de la carretera pero estaba clarísimo que en esta ocasión también estaba totalmente fuera del alcance de su mano el hacer nada más de lo que ya hacía. Finalmente, después de darle una hora de paciencia y buena fe decidimos ponernos en acción y un comando fue a la agencia de sapo y tuerto a ver qué estaba pasando. Al final del cuento nos enteramos que haber, había buses cada hora pero que al ser 9 era complicado encontrarnos sitio (por supuesto nadie había comprado billetes el día antes). Allí fue cuando David, Xavi y Oscar montaron el pollo y, oh sorpresa, el bus llegó al cabo de 10 minutos. Y aquí empieza la tortura. Como era de esperar, nos metieron en calzador en el bus, un bus que tenía que durar del orden de 8 horas y donde había gente a la que tuvimos que mover de sitio (léase unos niños que tuvieron que ponerse con su madre, etc) para que los nenes pudieran entrar. A eso se le llama una entrada triunfal. Al final nos sentamos cada uno como pudimos, las alemanas y Maite fueron las que saliern mejor paradas y creo que Xavi María y yo los que peor: compartimos tres asientos al final del bus donde normalmente sólo habría dos, que casualmente no se podían reclinar (por supuesto, los de delante nuestro sí que podían) y además tuvimos la gran suerte de caer justo al lado del baño del autobús: una experiencia sensorial que no está al alcance de muchos.  Muertos de envidia deberíais estar todos ahora de la noche que pasamos. Se comenta que si nuestros cuellos aguantaron ese tute, lo podrán aguantar todo pero que lo mejor que pudo pasar esa noche fue que se acabara. Cabe recordar que ese día nos habíamos levantado a las 3 de la mañana, y que igual acabamos subiendo al bus sobre las 10 o así de la noche por lo que ni las fuerzas ni lo ánimos estabana para muchas alegrías... Y nunca más volveremos a racanear unas rupias por pasar una noche en el bus. Palabrita.

Día 6: Ubut (Bali)

El día 6 lógicamente empezó en bus. Por suerte el paisaje ya era distinto, casi se podía oler el final del viaje en bus y la esperanza de una cama con cuatro patas y un colchón cada vez se hacía más clara. Como que si fuera de cualquier otra manera, sería fácil, el bus no nos dejó donde se suponía que debía dejarnos. Eso sí, en la terminal extraña donde nos dejaron (fuera lo que fuera) encontramos rápidamente a unos amables taxistas a los que hubieramos pagado el oro y el moro para que nos llevaran hasta el hotel (que todavía estaba a una hora o así de camino). Efectivamente, nos despedimos de las alemanas (que decidieron que se merecían unos días de playa directamente y se fueron hacia el sur) y nos encaminamos hacia Ubut, en el centro de la isla. Finalmente, a eso de las 10:30 o así llegamos al hotel donde nos dimos una hora y media de siesta antes de hacer ningún tipo de actividad (empezando por ducharnos) y nos pusimos los cuatro a dormir en una cama de matrimonio (sólo teníamos una habitación y no estábamos para ponernos muy exquisitos en lo que a sitios para dormir se refiere). Dormimos, nos duchamos con agua fría (hasta que Xavi, que fue el último, vio que quitando la alcachofa de la ducha salía agua caliente) y nos decidimos a ir a buscar el primer sitio donde nso dieran de comer con cara y ojos. Y si era una pizza, mejor.

No fue una pizza pero sí una hamburguesa y desde luego tuvo efectos revitalizantes. Y ya con otra cara nos fuimos a dar un paseo de un par de horas que recomendaba la guía por los alrededores del pueblo (incluyendo un parque con monos bastante simpáticos, luego cuelgo fotos) que sin duda nos hizo olvidar la pesadilla de la noche y nos dejó muy claro que Bali no es Java y que hay mucho más que ver en esta isla de lo que había en la anterior.

Caminamos entre algunos arrozales, vimos una puesta de Sol fantástica y acabamos tomando una cerveza en un restaurante/cabaña sobre el río donde tomamos la firme decisión de regalarnos un masaje al día siguiente. Nuestras espaldas se lo merecían. Y no mucho más! Dimos una vuelta por la noche y, como es normal, nos fuimso a dormir a una hora bastante razonable que todavía quedaba bastante sueño por recuperar.

Día 7: Ubut (Bali)

No me queda tiempo, luego lo explico mejor pero hago algunos checkpoitns que desarrollaré en el próximo capítulo. Si tengo tiempo esta tarde en Lombok intento dedicarle un rato a buscar fotos y a mejorar esto un poco más:
- alquilamos motos
- carreteritas super chulas
- arrozales
- cocos
- nos timaron con los tickets para un arrozal
- de vuelta a Ubut, masaje
- paseo por la noche y cena con maite y oscar

Día 8: Ubut a Lombok

nos acabamos de levantar, y después de este ratito escribiendo a las 11 (dentro de 8 minutos) nos recoge otro bus para llevarnos a Lombok (unas 8h entre bus y barco), espero poder contar que no ha pasado nada raro durante este trayecto!

En fin, lo dicho, luego escribo un poco más y de paso actualizo alguna foto!

Un abrazo!

Jordi


martes, 13 de agosto de 2013

Dia 3 - Yogyakarta

Dia 1 - Barcelona - Jakarta

And so it begins! Después de semanas de varios preparativos con más o menos implicación del grupo (la mía personalmente, tendiendo a 0) empieza la aventura. Primer punto de reunión en Barcelona para pasearse por la ciudad con pinta de guiris hasta llegar al aeropuerto, primera cola de rigor y primera sorpresa. En la cola nos encontramos a Tatiana, compañera de la universidad con destino a Bangkok con quien compartiremos los dos primeros vuelos: Barcelona - Berlín y Berlín - Abu Dhabi. Despedidas de rigor y esa sensación de que por fin empieza la fiesta, aunque las horas de avión y aeropuerto no colaboran demasiado... Las escalas, una más corta que otra, pasan relativamente rápido y aunque algún momento del vuelo se llega a hacer pesado, al final nos plantamos en Jakarta prácticamente a la hora prevista y, lo que resulta más sorprendente, con todas las maletas juntas. 25 horas de viaje como unos campeones ;)

Primer hotel, prácticamente circumstancial en Jakarta, que básicamente fue elegido por estar cerca del aeropuerto y ofrecernos servicio de recogida y transporte de vuelta al aeropuerto al día siguiente. Más allá de las horas de cansancio y el jet lag, nos dio tiempo para tomarnos una copa sin preocuparnos demasiado por el hielo que habían utilizado (de momento sin ningún tipo de consecuencias) y celebrar entre los cuatro que la aventura ya estaba empezando. De Jakarta vimos poco, primero por lo dicho, que el hotel estaba muy cerca del aeropuerto y segundo porque ya era tarde (llegamos sobre las 23h hora local) y nadie ha recomendado especialmente pasar más tiempo del estrictamente necesario visitándola

Día 2 - Jakarta - Yogyakarta

La celebración de la llegada a su manera fue oficial porque estábamos en Indonesia, pero el primer sitio verdaderamente con sentido en la aventura era Yogyakarta. Definida por varias guías como la capital intelectual y cultural de indonesia (o como mínimo de Java) aterrizamos después de un vuelo relativamente corto (con un aterrizaje un poco abrupto) dispuestos a ver qué nos deparaba la ciudad. A bote pronto, un autobús pequeño y lleno que se tuvo que enfrentar con el caótico tráfico de la ciudad entre acelerones y frenazos. La ciudad hace gala de su condición de ciudad asiática con un tráfico de locos donde cualquier tipo de señal es meramente orientativa (semáforos incluídos) y parece un milagro que no haya un accidente a cada segundo: desde tres y cuatro personas por moto a adelantamientos constantes con línea continua parece que no puede haber nada imposible en cuanto al tráfico se refiere... y desdeluego la posibilidad de movernos mínimamente autonomamente ha quedado absolutamente descartada como mínimo hasta llegar a Bali.

Al llegar, búsqueda obligada de hotel, varias negativas y finalmente un amable (y aparentemente colocado) recepcionista nos ofreció una habitación bastante razonable a un precio más que interesante. Al ser temporada alta lo cierto es que nuestro poder de negociación es prácticamente inexistente por lo que el noble arte del regateo queda en un segundo plano por detrás de conseguir una habitación limpia a un precio decente. Después primera comida local (a eso de las 5 de la tarde) y paseo por la ciudad, que básicamente nos dejó claro que sí, estamos en Asia y sí, las ciudades son caóticas, llenas de olores extraños y puestos/tiendas/vendedores ambulantes dispuestos a convencerte que haber vivido hasta ahora sin un poncho con un estampado imposible debería estar incluído en el código penal.

Lo raro de los horarios y un cierto jet lag al final nos dejó con una cena más bien escasa rodeada eso sí de varias cervezas, que si no colaboraron en el proceso de nutrición, seguro que ayudaron a disimular el hambre. Sin duda una de las mayores diferencias en el concepto del viaje de este estilo: ir con amigos convierte charlar cualquier noche alrededor de una mesa con cervezas  en una gran noche



Día 3 - Yogyakarta

Hoy sí que sí. Primer día de excursiones, primer día de ver templos y empaparse un poco más de qué se cuece en este país, primer día de aventurillas. Aunque el día empiece un poco pronto, al subir a la furgoneta nos llevams la primera (y agradable) sorpresa del día: nuestros dos compañeros del día son una pareja de catalanes (Oscar y Maite) con quienes ya viajamos en los vuelos de Berlín y Abu Dhabi y que han resultado ser una pareja muy maja y viajera. Hemos compartido todo el día de viajes en furgo y visitas a templos con ellos y posiblemente mañana también coincidamos en el siguiente viaje hacia el volcán


Y la segunda: nosotros no hemos contratado a un conductor, hemos contratado a Carlos Sainz versión indonesia. Nos dijeron que más o menos el trayecto hasta Borobudur dura unas dos horas. No para Carlos. Sea como sea, hemos llegado a Prambanan con otros 1321908273 turistas pero curiosamente la mayoría de ellos eran locales. (inciso: estos días se celebra la semana de fiestas después del Ramadán, por lo que no sólo coincide con la temporada alta de turista occidentales, también con la de locales... Fin del inciso)

Y aquí, señores, hemos entendido de verdad de la buena lo que significa: feel like a rock star. Para muestra, un botón:



En resumen, no sabemos si por los ojos de David, las Rayban de María, la estatura de Xavi o mi atractivo sin parangón (posiblemente esto último) pero hemos triunfado como si de Brad Pitt se tratara. Evidentemente, hemos aprovechado nuestro momento de fama, puesto buena cara y a estas alturas ya debemos tener más de 20000 likes en facebook sin nosotros saberlo pero bueno... esa es la grandeza de la fama!

El templo en sí ha estado bien, varios niveles en dirección piramidal con unas vistas muy chulas en los niveles superiores y unas especies de campanas de piedra encerrando figuras de Buddha rodeando estos niveles. Lo que sí que llama la atención es que a todo el mundo le han pedido que se pusiera unos pareos que daban a la entrada (tanto a locales como a estrangeros, con pantalones cortos y largos) por motivos de respeto al monumento. Hemos intentado indagar un poco más a qué se debía esto pero las dificultades de comunicación y las colas de gente lo han puesto bastante complicado








Después de esta primera parada de un par de horas nos hemos vuelto a dirigir con nuestro amigo Carlos hacia el siguiente templo: Borobudur. Así como Borobudur era en esencia un complejo de un gran templo rodeado del habitual chiringuito de estas ocasiones (vendedores ambulantes por todos lados, algún que otro jardincito de césped, etc) Prambanan es el típico sitio de foto de guía turistica (para que conste, la foto de debajo es del sr google)





Y aquí un poco más de lo mismo: otro pareo y un paseo por entre los muchos templos de este complejo. El caso es que terremotos y atentados han dejado muchos de los templos rodeando al principal en ruinas y todo tiene la pinta que es el equivalente a la sagrada familia de Barcelona: la acabarán algún día, sí, pero no creo que sea pronto. La nota curiosa ha sido el casco de obra que nos han hecho ponernos (según el myfriend de la entrada por precaución por la altura de los arcos) y que, más allá de lo no muy agradable de ponerse un casco que previamente ha sudado bastante gente, nos ha dado un aire bastante cómico. A todo esto no lo he comentado, pero el clima se está portando bastante: sí que hace un cierto calor pero nada inaguantable y lo más importante, la humedad aprieta pero no ahoga cosa que sin duda hace que pasear por un templo bajo el solamen no sea tan trágico como podría parecer a priori.






Y no mucho más! A la vuelta una parada rápida en el aeropuerto para que Oscar pudiera recoger su maleta (se la perdieron en el vuelo de abu dhabi) y una comida a otra hora intempestiva antes de seguir con la fiesta! Mañana nos vamos hacia Bromo a subir a un volcán y ya dirigirnos hacia Bali en un par de días!

En fin, esto es todo por hoy! Espero que vaya todo bien!

Un abrazo!

Jordi