Visto que el otro día no tuve tiempo para escribir los días 7 y 8, empiezo desde allí:
Día 7: Ubut
Una vez visto lo que daba de sí Ubut como ciudad, y a partir de todas las recomendaciones que habíamos leído y oído decidimos que la opción de alquilar unas motos y patrullar un poco la zona más allá de las cuatro calles llenas de tiendas de souvenirs era lo más interesante. Aunque ya teníamos un par de sitios fichados para alquilarlas, en cuanto se lo dijimos a la señora del hotel nos puso en contacto con el vecino y éste nos llevó a un garito a un minuto del hotel donde nos dieron un par de scooters que debían ser de 100cc o así y que sin ser ninguna maravilla, cumplieron perfectamente las funciones. Dimos una primera vuelta de reconocimiento alrededor de Ubut (por cierto, en Indonesia se conduce por la izquierda y la gasolina se puede servir en gasolineras o en botellas de absolut) y al ver que la cosa ya iba bastante bien nos decidimos a ir un poco más allá.
La historia es que hay un par de carreteras un poco más "principales" (entre muchas comillas) desde las que nacen carreteritas estrechas con mucho más encanto y mucho menos tráfico. Todavía no tenemos del todo claro hacia qué dirección fuimos y hasta dónde llegamos (habrá que verlo con un mapa más preciso) pero más o menos nos dirigimos hacia el norte hacia unos campos de arroz de los que nos habían hablado muy bien. Ciertamente, en cuanto dejabas la retahíla de casas a lado y lado de la carretera y te adentrabas un poco más en el interior el paisaje empezaba a cambiar y la vegetación se volvía más espesa hasta que de repente nos encontramos en una ladera de un valle desde donde se divisaban grandes terrazas de arroz perfectamente niveladas al otro lado del valle. Evidentemente, los lugareños ya vieron el potencial del sitio así que hay un chiringuito de terrazas, tiendas y demas historias montado alrededor de esta ladera que hace pensar que los arrozales son prácticamente artificiales. Sea como fuere, nosotros nos desviamos un poco antes para intentar llegar a los arrozales paseando y después de unos km por una carreterita llena de subidas y bajadas (donde por cierto una de las motos lo pasaba bastnte mal) llegamos a un cul-de-sac desde donde simplemente se podía subir por un senderito. Allí encontramos a un lugareño que nos ofreció un coco que inicialmente rechazamos por miedo a que nos quisiera cobrar y seguimos por nuestro camino. Estuvimos subiendo por el senderito un ratito y efectivamente vimos unos cuantos campos de arroz pero nos quedó claro que si la gente montó el chiringuito en el otro lado del valle, era porque la vista mejora sustancialmente con la distancia. Así que dimos media vuelta y volvimos a bajar hasta las motos no sin antes recoger un coco que Xavi creyó que podía abrir aporreando contra una esquina cemento pero resultó ser que el coco era bastante más resistente y que abrirlo no era nada tan fácil como se esperaba. Casualidades de la vida acabó volviendo nuestro amigo lugareño con un machete y después de decirnos unas 20 veces que el coco era muy maduro y que no era bueno para el agua, el dió un par de cortes y conseguimos comer un poco (el agua se había desparramado en el proceso...). Efectivamente el amigo nos pidió una propina por el coco y la foto que nos hicimos con él pero vaya, parece que es la manera como se mueve este país.
Después de la excursioncilla nos sentamos en una terraza de los amigos desde la que había una muy buena vista sobre los cmapos, no sin antes pagar 5000 rupias (unos 40 céntimos) a un guardia que nos dijo que era obligatorio para pasar (mentira cochina, todavía no tenemos claro para qué eran los tickets pero no descartamos que simplemente fuera un listillo con un talonario y bastante morro)
Cuestión, que pagamos como buenos primos y después de la comida nos dimos una vuelta por las terrazas hasta que nos volvimos a encontrar a otro myfriend que nos pidió más dinero por seguir dando el paseo cosa a la que nos negamos y dimos media vuelta. Motos y ala, carretera a ver qué más encontramos. En una de estas nos metimos por otra de estas carreteritas a ver qué se movía por allí y al atravesar uno de los pueblecitos vimos una de las cosas que más nos ha sorprendido hasta ahora. Había unos chicos así de 17-18 años untando un palo de unos 10m de brea y un montón de niñitos de 8-10 años alrededor de estos esperando algún tipo de acontecimiento. Al final resultó que era al más puro estilo pal ensauat de las típicas "cucanyes marineres" de fiesta de pueblo de costa. Los chavales tenían que intentar subir como pudieran unos sobre otros para llegar al tope del palo dónde había colgados unos cuantos regalos (camisetas, juguetes...). Estuvimos un rato mirando y para cuando nos fuimos todavía no habían llegado a la mitad del palo, ya estaban haciendo castellers de 3 pisos y todavía quedaba rato pero un guía turístico que pasó por allí con una familia nos dijo que siempre lo acaban consiguiendo, simplemente es una cuestión de tiempo.
Sea como fuere, nos quedamos un rato viendo como iban resbalando y volviendo a intentarlo hasta que decidimos seguir tirando adelante con las motos. La historia tampoco duró mucho más porque a cada uno que preguntamos dónde quedaba ubut resoplaban y nos decían que estaba muy lejos por lo que acabamos optando por dar media vuelta y deshacer lo previamente conducido.
Al volver a Ubut, devolvimos las motos y fuimos a regalarnos el merecido masaje a uno de los miles de sitios que se publicitaban por el pueblo. Lamentablemente no hubo personal suficiente para hacernos el masaje a cuatro manos a todos (sin duda si en algún momento en la vida hay que hacerse un masaje a cuatro manos, qué menos que hacerlo en Bali....). Total, que fue un masaje fantástico de una horita pero no fue a cuatro manos (aunque lógicamente no está ni mucho menos descartado, es más, mañana volvemos a Bali y como se descuiden nos tienen por allí delante de cualquier playa maravillosa deshaciendo todas las tensiones que tenemos acumuladas...)
Por la noche acabamos cenando en un restaurante al lado de la agencia donde contratamos el viaje del día siguiente hacia Lombok y donde se nos unieron un poco más tarde Oscar y Maite y donde pasó otro de los momentos estelares del viaje. David, harto de beber todo el día cerveza o coca-cola decidió pedirse un batido de piña que a priori tenía bastante buena pinta. Pues bien, llega el batido, le da un trago, y sorprendentemente encuentra algo excesivamente crujiente y duro, como si hubiera un pedazo de azúcar sin disolver que no se pudiera morder de lo duro que estaba. Sin salir de su asombro da otro trago y se repite el proceso. Al final, después de que todos confirmáramos lo raro del batido le preguntamos al myfriend que qué podía ser lo que nos estábamos comiendo (David incluso le dio uno de los pedazos que por poco se traga, del tamaño de un diamante de esos de compromiso) y entre risas se fue a la cocina pensando algo como "vaya guiris me han ido a tocar, que exquisitos se me han vuelto...". Cuestión, que al volver, el amigo va y nos dice que no nos preocupemos, que el pedazo que le habíamos dado sin duda tenía que ser un trozo de hielo. No es por dárnoslas de expertos en la materia, pero decirles a cuatro ingenieros que un pedazo de material que no se derrite, no está frío y además es bastante más duro que el hielo resulta que, evidentemente, es hielo, no fue su mejor elección. Conseguimos convencerle rápidamente y, después de llevarse el batido y de traernos un par de croquetas de consolación (y una cerveza para David, que no se atrevió con más experimentos) hizo ver como que no había pasado nada. Aquí paz y después gloria. Nunca sabremos qué era lo que nos metió en la bebida, aunque creemos que seguramente sería la tapa pequeña de la batidora que se debió de caer dentro y básicamente se trituró.
Sin mucho más de lo que reirnos, nos despedimos de Maita y Oscar hasta la próxima y nos dirigimos hacia el hotel hasta el día siguiente.
Día 8: Ubut a Sanggigi
Durante la mañana del día 8 fue cuando estuve escribiendo el último capítulo. No fue como el día de Yogya a Bromo pero casi: si no fue perdido, fue invertido pero útil útil, lo que se dice útil, no fue. En cualquier caso, después de las compras y actualizaciones de la mañana nos pasamos unas buenas 10 horas entre transportes varios, primero un autobús hasta el puerto, luego un ferri de unas 4-5h (incluyendo prácticamente una hora para amarrar...) y otra hora de bus hasta el hotel. En el ferri conocimos a un par de chicas catalanas con las que coincidimos ayer en Gili para cenar y salir de fiesta y por lo demás en el autobús hasta el hotel estuvimos charlando con una pareja de alemanes que iba al mismo hotel que nosotros y con los que compartimos una cena muy agradable (y larga, porque en un hotel con 5 habitaciones, por cierto, muy fotogénicas) estuvimos más de una hora y media esperando para poder cenar ante el desespero del amigo alemán. La pareja muy maja, estuvimos charlando y riendo un buen rato y curiosamente evitamos bastantes de los temas más recurrentes por estas zonas (qué haces en casa, qué has estudiado etc) con lo que la conversación fue casi siempre por temas bastsante más interesantes y divertidos. Desde luego, rompían bastnte los estereotipos alemanes.
Día 9: Sanggigi a Gili Islands (Trawangan)
Por la mañana un desayuno rápido (por suerte más rápido que la cena) y ya enfilamos hacia Gili. El pequeño paraíso al lado de Lombok formado por tres islitas bastante pequeñas (Trawangan, la mayor, tiene un perímetro que se recorre en menos de dos horas andando) y paradigma de aguas turquesas y buen rollito. Nos subimos a una "fast boat" (que de fast tenía lo que de ambulancia) y recorrimos el pequeño camino entre Lombok y Gili. Al llegar la primera preocupación fue conseguir alojamiento y, una vez hecho esto, ya el resto se reducía a encontrar la playa que nos gustara más y tirarnos a tomar el sol, bucear, y bañarnos tanto como quisiéramos. Las opiniones acerca de las Gili varían bastante, en mi caso a mi me ha decepcionado un poquito. Sí que es cierto que son un paraje espectacular pero por otra parte las playas (tanto en la zona de arena como el fondo marino) tienen por lo general muchísimo coral muerto (que no es lo mejor para caminar descalzo por la playa) y los baños en según que zonas (luego ya vimos que hay algunas otras mejores) se convierten en un intento de no dejarse los pies al pisar aquí y allí. Dicho esto, insisto, las aguas son espectaculares y al bucear un poquito enseguida se ven montañas de peces de colores yendo de aquí para allá muy tranquilamente. Otro tema curioso son las enormes corrientes. No sabría decir a qué distancia está una isla de la otra, pero seguramente no llega a un quilómetro pero la guía ya enseguida dice que a nadie se le ocurra cruzar a nado de una isla a otra, porque (y cito textualmente) el mar se ha engullido a más de uno (fin de la cita)
Por lo demás el día en sí tampoco dio mucho más de sí: playa, paseo, vimos una puesta de sol espectacular que dio para un buen book de fotos y una buena cena con fiesta incluída con las dos catalanas (Irene y Mur). La fiesta, sin ser nada del otro jueves, estuvo bastante bien y fue divertida: había un par de locales abiertos que dieron bastante de sí y con un par de buckets nos montamos una fiesta bastante divertida entre los 6. Otro tema a tener en cuenta es que estas islas giran total y absolutamente alrededor del turismo: los únicos autóctonos que hay son gente dedicada a vender todo tipo de cosas, desde setas para flipar hasta masajes y gafas de bucear.
Día 10: Gili Islands (Trawangan)
Nada. Este es el resumen de nuestro día de hoy. Hemos estado en la playa, tomando el sol, bañándonos y buceando, durmiendo la siesta bajo un sol y una brisa fantásticos y ahora a última hora dando una vuelta por el pueblo. Hemos estado charlando con unos catalanes que conocimos ayer de fiesta (un maestro con un harén de unas 5 chicas más) y no mucho más. Ahora iremos a cenar algo y sacar la cabeza por una full moon party que hemos visto anunciada y que parece tener bastante buena pinta. En cualquier caso mañana ya iremos de vuelta hacia Bali, porque realmente estas islas se quedan muy pequeñas enseguida y el myfriend que nos vendió el transporte de Lombok a Gili también nos enchufó el pack de vuelta a Bali abierto así que en principio nos volveremos hacia allí, esta vez más hacia el sur para intentar combinar un poco los días de playa y relax con las actividades un poco más culturales de templos y pueblecitos.
Ya iré contando a ver qué tal vamos
Espero que todo vaya muy bien por allí!
Un abrazo!
Jordi
PS
De verdad, intentad aguantar los impulsos que tenéis de comentar el blog, que nos quedamos saturados y luego no podemos leerlos todos... ;)
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