Día 1 – Casablanca
No hay muchas cosas mejores que el primer día de agosto sea
el primer día de vacaciones y se pueda celebrar cogiendo un avión. En nuestro
caso, la aventurilla por Marruecos empezó el viernes por la noche cogiendo un
avión de Barcelona a Casablanca. Lo cierto es que los horarios no dejaron mucho
juego a la primera noche: fue llegar al aeropuerto y, después de charlar
animadamente con un señor del alquiler de coches que nos aseguró que sería
imposible encontrar motos en Casablanca y que él nos podía dejar un 4x4 (Dacia
cutrillo) muy arregladito de precio, decidimos coger el tren y dejar decisiones
más importantes para el día siguiente.
Dicho y hecho, cogimos el tren y un petit taxi para llegar a
hotel que había reservado Javi y dónde ya nos estaba esperando (un hotelito por
cierto muy cómodo y muy bien de precio). Llegada, saludos, un poco de charleta
y poco más. Para la posteridad ya quedaría la frase de Carlos de que "este
es un país/ciudad/pueblo de contrastes"
Día 2 – Casablanca - Al Jadida
Creo que la mayoría de guías, consejos y rutas de viajes
coincidirán en que en Casablanca no hay mucho que ver. Es una ciudad bastante
europeizada, queda poco del marruecos profundo tipo Marrakech y por lo general
apenas se ven turistas. Después de perder/invertir la mañana en encontrar un
coche que nos pudiera llevar por el mundo (al final después de que un taxista
nos llevara a 213432 sitios de alquiler encontramos un clio que dio bastante el
pego y se portó como un campeón y lo más importante, prácticamente a mitad de
precio del duster que teníamos como referencia en el aeropuerto. Equipo 1 –
Marruecos 0
Una vez solventado el tema del transporte nos dedicamos a
visitar básicamente lo más visitable de Casablanca: la mezquita de Hassan II.
Esta es una mezquita enorme (200m de largo por 100m de ancho) que está justo en el borde del mar (de hecho los cimientos están construidos sobre el mar). Como buenos turistas pagamos la visita guiada y un buen hombre nos contó varias curiosidades de la construcción y el diseño (puertas de titanio con mando a distancia, lámparas también con mando para bajarlas y limpiarlas...) pero la verdad es que más allá de las explicaciones lo que valió la pena fue la visita en sí. Debe ser bastante espectacular verla llena de gente rezando...
Al salir ya empezó lo que vendría siendo el road
trip en sí: hicimos un par de paradas en centros comerciales para confirmar que
la ciudad tiene poco de tradicional árabe y de paso comprar un cable para poder
escuchar la música en el coche (inversión que sin duda valió la pena gracias a
la infinita música de Javi en el iphone y las bondades del genius para hacer listas
de reproducción). Y nada, a partir de una pequeña lista de pueblos que nos hizo
el amigo taxista mientras esperábamos a tramitar el tema del coche fuimos
bajando hasta llegar a Al Jadida. Una mención sí que habría que hacer a un
incidente del que fuimos testigos al salir de Casablanca: en una de estas, la policía intento para a un tuc tuc (una especie de taxi ilegal triciclo) y éste para evitar que lo pararan no se le ocurrió nada más que intentar saltarse la mediana (una acera como de medio metro de ancho) para poder cambiar de sentido. La historia fue que la primera rueda del triciclo sí que consiguió pasar pero iba tan cargado que las otras dos no pudieron y se quedó atascado. Mientras, la policía al ver que se intentaba escapar decidió sacar las porras y empezar a aporrear el lateral del triciclo para que el tío parara... un espectáculo vamos... (y una sugerencia: mejor no meterse demasiado con la poli en este país que no se andan con demasiadas chiquitas...)
Obviamente, esto de no meterse con la poli lo teníamos más o menos claro, pero nadie contaba con que hubiera tantos radares móviles como nos hemos encontrado... y efectivamente, la primera en la frente: cuando ya estábamos a las afueras de Casablanca primer control de policía que nos encontramos y zas, nos paran y nos dicne que íbamos más rápido de la cuenta. La multa inicialmente debía haber sido de 300 dirhams (como 30€, tampoco íbamos tan rápido) pero cuando Carlos se bajó para firmarla y pagarla, no sabemos qué dijo exactamente o qué hizo ni cómo pero resultó que al final el guardia nos la perdonó y nos fuimos tan panchos. Ciertamente, el momento del viaje so far: la entrada de carlos al coche diciendo tíos, nos hemos librado.
Al llegar a Al Jadida la priemra impresión fue de estar en una especie de Salou de turno: una playa bonita, muy larga de arena y un paseo marítimo a la marroquí con mucha gente paseando pero eso, un poco pinta de salou marroquí. Después de aparcar (como siempre, dándole una propina a un myfriend de turno al que le pagas básciamente por hacer nada) acabamos yendo a buscar el típico hotel de la lonely que resultó estar muy apañadito y ser bastante acogedor. Siguiendo con el ritmo, también cenamos en el restaurante que recomendaba la lonely donde nos dieron el primer (de muchos) tajine y donde nos acabamos quedando un rarito de charleta aunque nada del otro jueves. Antes de acostarnos, una vueltecilla por las cuatro calles comerciales y ala, poco más.
Día 3 - Al Jadida - Essaouira
El lunes amaneció tranquilo: después de un desayuno rápido dimos una larga vuelta por la ciudadela de Al Jadida, incluyendo un paseo por las murallas y una visita rápida a una cisterna de agua que usaron los portugueses en su día y con toda la calma del mundo y después de un café para hacer una parada general en boxes en un hotel restaurante bastante chulo, nos pusimos en marcha. La idea según el planning de nuestro amigo era pasar el día por Ouadilia dónde aparentemente había una playa fantástica y luego llegar a dormir a Safi.
Pues bien, nuestro amigo taxista fue seguramente un poco exagerado: Ouadilia tenía una playa que no estaba mal pero otra vez estaba llena llena llena de gente. El caso es que eran vacaciones también en Marruecos y aunque no hubiera mucho turista extranjero, estaba lleno de turistas locales. Allí básicamente nos dimos un baño rápido por aquello de aprovechar la jugada (por cierto, el agua estaba fría no lo siguiente) pero después de comer algo rápido decidimos seguir tirando a ver qué encontrábamos. A sugerencia de Javi, hicimos la típica de en un momento dado meternos por el primer camino que encontráramos para ver qué había por allí y dónde llegaba (y si llegaba a alguna de las famosas playas un poco menos transitada). Efectivamente, llegamos a una playa donde unos hombres intentaban sacar un coche de la arena (evidentemente les echamos una mano) y donde nos dimos una siestecilla y un bañito rápido pero poco más. Las carreteras por las que fuimos eran casi siemrpe costeras y con muy buenas vistas sobre el mar pero raramente nos paramos a hacer incursiones como ésta.
Safi es una zona conocida por tener buenas playas para surfear y de hecho antes de llegar allí nos paramos en una que de la que teníamos buenas referencias pero al llegar ya era un poco tarde y ni quedaban muchas olas ni se podía alquilar material. En una primera instancia decidimos dejarlo para el día siguiente aunque al final nunca llegamos a volver.
Al final llegamos a Safi prácticamente a la hora de cenar y después de por fin dejar el coche aparcado y salir a dar una vuelta lo que vimos tampoco se puede decir que nos entusiasmara. Eso sí, allí tuvimos una de las mejores experiencias con la gente marroquí hasta el momento. Mientras estábamos de paseo por el zoco un chico (para qué negarlo, con unas pintas un poco chungas) se nos puso a hablar y hablando hablando el amigo nos acabó llevando a cenar a un sitio en primera línea de mar delante de unas rocas donde cenamos el mejor pescado del viaje. Estuvimos allí charlando con el aimgo de muchas cosas (como funcionaba el país, trabajo, españa, marruecos...) la verdad es que el chico resultó ser muy majo y al final nos arrepentimos de los prejuicios que habíamos tenido con él.
A todo esto, a media cena ya prácticamente decidimos que safi no valía mucho la pena y que lo que tenía más sentido era continuar un poco más hasta Essaouira para llegar a dormir allí. Así, después de un par de horitas más de conducción acabamos
llegando a Essaouria, una de los destinos obligatorios del viaje. Allí otra vez
en el minuto 0 nos encontramos con gente dispuesta a "ayudarnos" pero
en este caso la verdad es que aunque iban con buenas intenciones ellos mismos
nos reconocieron que habían bebido un poco y como ya era tarde (serían las 12 o
así) decidimos pasar de ellos y buscar nosotros mismos un hotelillo que nos
fuera bien. contra todo pronóstico no fue tan complicado y en el segundo hotel
que buscamos ya encontramos una habitación bastante agradable a un precio
razonable.
Día 4 - Essaouira
Essaouira ciertamente es una de las ciudades más turísticas que hemos visto. Eso sí, también hay que decir que los turistas tontos no son, y si está lleno de guiris es por algo. Nosotros amanecimos con la calma después de habernos acostado un poco tarde el día anterior y de camino a buscar algún sitio donde desayunar conocimos a una chica española que llevaba unos meses trabajando allí y nos acabó recomendando un par de sitios donde desayunar, alquilar material de windsurf y tomar una copa por la noche. Porque efectivamente, Essaouira no sólo es un destino turístico por la medina y las callejuelas: otra parte de su atractivo son sus importantes vientos constantes que atraen a windsurferos y kites de todo el mundo. Gracias a las instrucciones del a chica esta aguantamos la tentación de alquilar en el primer puesto que vimos y acabamos recorriendo un buen tramo de la playa hasta llegar al Club Mistral: un chiringuito de alquiler de estos con infinitas tablas y velas donde prácticamente puedes coger lo que quieras. Así, y vistos los vientos, Carlos y yo nos cogimos unas tablas y unas velas relativamente pequeñas (105l y 5m) y salimos a ver qué tal se nos daba la historia. Lo cierto es que el sitio es espectacular y Carlos luego lo catalogaría como el mejor día de windsurf de su vida. Había un viento constante lateral (ni de tierra ni de mar, lo que facilitaba tnato la salida como la entrada) que prácticamente se podría definir como ideal. Eso sí, la salida tenía tela con olas bastante grandes que había que sortear antes de prácticmaente haberte ni subido a la tabla
Mientras Carlos y yo estábamos con nuestras historias, Javi intentó alquilar una talba de surf pero, aunque había olas más o menos interesantes, los fuertes vientos lo convertían en un spot difícil para hacer surf así que al cabo de un rato acabó devolviendo la tabla. Yo por mi parte hice lo propio cuando vi que ya no podía con mi alma, así que nos quedamos los dos mano a mano comiendo en el chiringuito de al lado del Mistral mientras Carlos apuraba un poco más sus fuerzas
Por la tarde nos dedicamos a pasear un rato por las callejuelas
de la Medina, nos volvimos a reencontrar a los amigos que el día anterior nos
habían intentado ayudar y acabamos cenando en un hotel restaurantillo más bien
mediocre. En cualquier caso como habíamos decidido quedarnos un día más en
Essaouira, nos lo tomamos con la calma y después de cenar nos pasamos a tomar
una copa por el sitio que nos había recomendado la española por la mañana. Ese
sitio era una especie de chill-out café del mar a la marroquí, más o menos
bien, con mucho farandulas y postureo pero cumplió bastante y al final del
cuento nos tomamos una botella de vino entre los tres después de intentar
tomarnos una copa infumable de un cocktail que eligió Carlos por aquello de
innovar.
Día 5 – Essaouira – Imsouane
Lo bueno de quedarnos otro día en Essaouira era que ya
teníamos claro qué íbamos a hcaer: desayuno, recoger las cosas, ir en coche
hasta el Mistral otra vez, windsurf por la mañana y después de comer,
carretera.
Primer contratiempo: al llegar al parking paf, rueda
pinchada. Mierda. Bueno pues nada, la cambiamos con más o menos arte y seguimos
con nuestro planning. Eso sí, el tema de tener otro pinchazo pasaba a ser un
problema serio pero vaya, que tampoco le dimos mucha más importancia.
Otra sesión de windsurf a todo gas fue de perlas y aunque
Javi volvió a intentar lo del surf, el diagnóstico volvió a ser el mismo que el
día anterior. Además, hay que añadir que especialmente Javi y yo ya empezamos
el viaje con un cierto resfriado pero en el caso de Javi lo cierto es que con
el paso de los días tendió a empeorar más que otra cosa por lo que meterse en
las aguas del atlántico por mucho neopreno que lleves tampoco era la mejor de
las ideas.
En
cualquier csao, después de comer ya nos volvimos a montar en nuestro bólido y
seguimos camino al sur por la costa, esta vez destino Imsouane, la meca del
surf marroquí.
Para quien se esté preguntando cómo nos orientábamos en marruecos la respuesta es fácil: aquí el menda se bajó un mapa de Marruecos tal que se pudiera utilizar el GPS del iphone offline y así poder guiar nuestro rumbo. Pues bien, resulta que nuestro amigo el mapa para el GPS tenía el detalle de poner los distintos colores de carretera en función de su importancia y nosotros, con la premisa de meternos en carreteras que fuerna lo más cercanas a la costa posibles, en un momento dado acabamos metiéndonos en lo que vendría siendo un camino de cabras. Eso sí, el clio respondió (otra vez) a las mil maravillas y afortunadamente no pinchamos ninguna rueda (eso hubiera sido bastante más grave) pero el camino no era exactamente una autopista de 5 carriles. Por contra, las vistas que tuvimos fueron geniales y la verdad es que al final todos estuvimos de acuerdo en que la tontería de habernos llevado por ese camino de cabras había sido una buena idea. De hecho, en un momento dado llegamos a pararnos en medio del camino para hacer un par de fotos de lo espectacular que era la vista que teníamos debajo nuestro
Y así, cuando el sol ya se estaba poniendo llegamos
a Imsouane. Este pueblecillo de mala muerte venía recomendado muy efusivamente tanto
por Clara como por nuestro amigo de Safi por lo que las expectativas creadas
eran francamente altas. Probablemente a raíz de estas expectativas, nos pareció
un poco decepcionante. El pueblo básicamente se reducía a una playa donde sí,
había surferos y buenas olas y una plazoleta donde había cuatro restaurantillos
y una especie de club de surf donde unos chicos tocaban unos bongos y bailaban.
Todo el pueblo en general irradiaba una aurea de surfero molón que tampoco es
que fuera del todo con nosotros pero vaya, que la idea era pasar allí la noche
y al menos al día siguiente intentar hacer surf un rato. Por culpa de las
ansias para conseguir hostal, nos acabamos metiendo en el primer sitio que
encontramos que resultó ser poco menos que un antro. Uno de los chiringuitos de
la plazoleta tenía anunciado en su pared un "hostel surf" que
pensamos que podría irnos bien. Parte por las ansias de encontrar un sitio y
parte porque nos dio pereza una vez encontramos este, decidimos quedarnos en el
sitio que este buen hombre nos ofrecía aunque fuera realmente cutre. Así,
cenamos en la plazoleta una especie de tortilla berebere que nos ofreció una
chica y después de dar una vueltecilla por las "fiestas" del pueblo
(unos autos de choque, un tiro y dos tiendecillas cutres) decidimos retirarnos
a dormir a nuestra fantástica suite presidencial.
No hay comentarios:
Publicar un comentario