jueves, 14 de agosto de 2014
Morocco road trip - Parte III - reflexiones al volver
Más allá del diario en sí, cada vez veo más claro que los viajes merecen ciertos capítulos a parte sólo para hablar de cosas que uno piensa por el camino, de realidades con las que se va cruzando (aunque no sean en un momento concreto, quizás una constante a lo largo del viaje) y que merecen ser contadas. O como mínimo me apetece contarlas, que a efectos prácticos viene a ser lo mismo ;)
Vivir en condiciones adversas
Uno de los días, camino del desierto, paramos en Zagora, un pueblo a las puertas del Sahara relativamente grande. Una idea que me fue asaltando a medida que cruzábamos el atlas y nos adentrábamos cada vez más en el desierto es el concepto de vivir en un ambiente tan hostil como ese. Aunque todos tengamos en mente las grandes dunas de arena cuando hablamos de desierto, lo cierto es que mucho antes de llegar allí el paisaje ya es totalmente desértico: temperaturas de más de 45º, viento, sin una gota de lluvia en muchos meses y sin rastro de vegetación más allá de algunos arbustos entre las rocas. Y sin embargo, cada pocos km uno se encontraba un pueblecito, más grande o más pequeño, pero con sus casas, su campo de futbol y su gente paseando.
Para ser sinceros, y desde la comodidad de quien vive en Barcelona, lo cierto es que el pensamiento que me venía a la cabeza era: por qué la gente se empeñará en vivir aquí. Sé que suena como muy extremo pero de verdad que hablo de pueblos con acceso limitado a agua potable y MUY limitado a comida. Por no hablar de electricidad y gas... en fin, imagino que habrá una gran parte de gente que viva allí por inercia, por desconocer otras zonas, o incluso por apego a sus raíces pero si tuviera que mojarme la verdad es que creo que varios de estos pueblos están más bien condenados a desaparecer.
Marruecos y su gente
Como diría Carlos, Marruecos es un país de contrastes. Curiosamente la frase la dijo en el minuto 0 de llegar pero lo cierto es que cada día que pasaba la íbamos repitiendo más (parte por hacer la coña, parte por lo que íbamos viendo).
Algo que hemos visto muy muy muy a menudo, en prácticamente todas las carreteras por las que nos hemos movido es la cantidad de gente sola, sentada, mirando los coches pasar. Nos pareció algo increíble ver tantísima gente simplemente viendo la vida pasar. Algunos de ellos ciertamente estaban en pueblos o al menos en sitios con una vista razonablemente interesante pero también los había en el arcén de la autopista, nacionales sin nada a km a la redonda o pueblos del desierto. Más de una vez, me hubiera gustado parar y preguntarle a esta gente en qué pensaba, por qué estaba allí y qué más hacía con su vida además de contemplar coches pasar arriba y abajo.
Lo cierto es que este efecto de gente viendo la vida pasar lo vimos muy a menudo. Sin ir más lejos, en el medio del desierto (ya llegaremos a eso) no parecía que la gente tuviera grandes quehaceres ni distracciones. Se podría decir que prácticamente, simplemente vivían. Con casi total certeza nosotros nos deberíamos tomar nuestra vida con más calma, pero no sé hasta qué punto esta buena gente igual se pasa de la ralla de la calma...
Esto por lo que respecta a la manera de ser de la gente, o al menos de la que no hemos conocido. Los otros, todos aquellos con quien nos hemos cruzado, en general (al menos en mí) han dejado una impresión mucho mejor de la que esperaba. De entrada, los comerciantes son mucho menos pesados que en Asia. Ciertamente quieren que les compres, y te persiguen un poco, pero si dices no (o al menos lo dices un par de veces) pillan el mensaje sin insistir 21031321 veces. Por otra parte, a lo largo del viaje, o quizás ya viene de serie, siempre acabas viajando con una cierta sensación de que cualquier local que se acerque de entrada te quiere vender algo, timar, o ambas. Marruecos no era una excepción en nuestros prejuicios pero el amigo de Safi (que lamentablemente no recuerdo cómo se llamaba) nos demostró que también hay gente que simplemente quiere practicar su español contigo o, todavía mejor, enseñarte su ciudad y llevarte a los buenos sitios a comer donde si no, no llegarías. Las dos sorpresas positivas del viaje en cuanto a gente fueron este buen hombre y el amigo del hotel de M'Hamid. Cierto es que el segundo simplemente trabajaba allí y tampoco se puede decir que nos abordara en medio de la nada, pero desde luego no tenía por qué habernos invitado a la shisha ni haber estado charlando con nosotros y contándonos sus intimidades durante un par de horas. El único pero que me queda es que ambos eventos pasaron en las zonas menos turísticas y, pese a las lecciones con estos dos chicos, me cuesta imaginar situaciones semejantes en Marrakech por ejemplo. Bueno, pequeño paréntesis: los dos chicos que nos abordaron en Essaouira ciertamente iban un pelín pasados de vueltas pero al menos uno de ellos de verdad nos quiso ayudar (o al menos ésa fue mi impresión).
Un último apunte en cuanto a Marruecos y su gente: conducir por Marruecos puede ser algo menos que un deporte de riesgo: como norma general, se conduce por el medio de la carretera y en todo caso, ya si eso, la gente se pone en el carril que le toca. Dicho esto, lo que también hay que reconocer es la solidaridad entre conductores: siempre que hay un control de policía uno lo puede saber de antemano por un motivo bien simple: durante unos 2km la gente del carril contrario va haciendo luces sea la hora que sea para informarte del control (ya sea de velocidad o simplemente de tráfico). En la primera no-multa la verdad es que no nos dimos ni cuenta (o más bien, nos dimos cuenta demasiado tarde) y en la segunda estábamos en una carretera con una mediana demasiado alta para ver los otros coches pero hay que reconocer que nos libramos de unas cuantas multas gracias a los avisos que nos dieron los amigos del carril contrario (por supuesto, nosotros también hicimos lo propio cuando vimos controles en el otro lado). Así pues, otro minipunto para los amigos marroquíes.
En resumen: invito a los viajeros a Marruecos a estar dispuestos a confiar en los autóctonos, a veces y según cómo puede ser complicado dejar a un lado los prejuicios y sin duda en algún momento habrá que tirar de sentido común y no hacer más caso del necesario, pero el viajero puede llevarse sorpresas muy agradables y está claro que hay pocas experiencias de viaje mejores que compartir un rato de conversación con la gente local para saber qué piensan, cómo viven y compartir experiencias varias.
El Sahara
Aunque la noche que pasamos en el desierto ya la he contado un poco en el diario, hay una parte que (deliberadamente) he omitido. Cuando estuvimos charlando encima de la duna a la luz de la luna, en un momento dado Carlos y Javi se fueron a dormir y yo decidí quedarme un ratito más allí.
La capacidad del desierto por despertar un cierto deseo de introspección es ya de sobras conocida, pero no hay como estar allí para vivirlo y sentir que realmente ese panorama (y, especialmente, ese silencio) invitan a darle una vuelta a todo lo que está pasando actualmente por nuestras cabezas. Sentado allí, no es difícil imaginarse a Saint Exupéry imaginando un aviador con una avería en su avión que recibe la visita de un principito con cabellos dorados y sonrisa alegre.
En mi caso no me dio para imaginar ningún principito pero sí para escuchar cuáles son los pensamientos que, cuando intentas no pensar en nada, acaban apareciendo en tu mente recurrentemente. Es más difícil de lo que alguien podría pensar mantenerse totalmente quieto (no jugar con la arena ni con los pies, ni con las manos), no mover ni un músculo e intentar anular todos los sentidos para ver qué es lo que únicamente pasa por la mente. No soy ningún experto, pero creo que en resumen rápido en eso consisten varios tipos de meditación, y hay que reconocer que (incluso para alguien tan profano como yo) se consigue una cierta clarividencia sobre los temas que a uno le preocupan (de los que además cuesta ser del todo consciente, o al menos dedicarles el tiempo que merecen) que parece difícil conseguir de otras maneras. A todo esto, la percepción del tiempo es algo que también se ve bastante alterado: uno no es consciente de lo lento que pasa el tiempo cuando sólo se dedica a ver qué aparece por su mente... (yo creo que estuve como 30min allí sentado y la verdad es que perdí totalmente la noción del tiempo, no sabía si habían sido 5 minutos o 1h).
Anyway, sin duda lo colocaría como uno de los must en cualquier viaje por la zona: sí, hace calor y sí, pueden ser necesarios varios km por carreteras menos que decentes pero sin duda es un espectáculo digno de ver: por la magia de lugar y por lo que uno pueda acabar descubriendo de sí mismo, que nunca está de más...
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario