miércoles, 13 de agosto de 2014

Morocco Road Trip - Parte II

Día 6 - Imsouane - Marrakech

Si bien el miércoles fácilmente podría ser catalogado como uno de los días menos útiles del viaje, sin duda fue también uno de los que tuvo mayor relevancia. Al levantarnos en nuestros aposentos reales en Imsouane, Javi ya notó que se encontraba peor que el día anterior y a medida que iba tosiendo más y notando más dolor de cabeza todo llevaba a la misma conclusión: tíos, yo no me voy a meter en el agua. Siendo él el máximo partidario de hacer surf y de buscar sitios chulos y teniendo en cuenta que yo no había hecho nunca y tampoco se puede decir que tuviera un interés desmesurado (evidentemente si ellos se hubieran metido en el agua, yo lógicamente no me hubiera quedado mirando pero parecía que no era el caso). Así, mientras desayunábamos, salió la frase que marcaría el resto de los días: por qué no replanteamos el viaje? Hasta entonces la idea era seguir bajando por la costa y quedándonos donde nos apeteciera (un poco estilo essaouira) pero visto lo visto, parecía razonable replantear la historia. Así, decidimos largarnos de Imsouane como alma que lleva el diablo y empezar a bajar por la costa a ver qué encontrábamos. Javi se quedó ya directamente durmiendo en el coche intentando recuperarse como buenamente pudiera y así empezamos a hacer km. Así como objetivos del día en principio teníamos Taghazout y Agadir, dos pueblecillos con playas chulas y posiblemente surferillos. Ambos resultaron ser decepciones importantes, el primero de pueblo con encanto no tenía absolutamente nada, y el segundo era más bien un lloret de turno que cualquier otra cosa. Además de eso, hay que decir que el tiempo no acompañaba en absoluto: era un día nublado, con incluso un poco de niebla y más bien fresquito (no es lo que alguien podría llamar el típico día de playa vamos). Total, que cuando paramos en agadir para tomar una coke, decidimos que había que replantear del todo el asunto y pasar de la costa, así que decidimos seguir las indicaciones del a lonely y acercarnos a taroudant antes de ir hacia Marrakech. 

Pues bien, si Taghazout y Agadir fueron las decepciones de la costa, Taroudant fue la decepción del interior. Aparentemente era una de las principales atracciones de Marruecos, un must de cualquier ruta por el país y algo que simplmeente no se podía dejar pasar. Pues bien, en nuestro caso la historia fue un poco distinta. Pero antes de llegar allí tuvimos nuestro segundo encuentro con la policía marroquí. Al salir de Agadir volvimos a caer en la misma trampa de la vez anterior: un poli escondido con u nradar móvil que nos pilló yendo más rápido de la cuenta. Esta vez ya contábamos con la esperanza de que Carlos negociara la multa, por lo que cuando le dijo que saliera del coche para ir a firmar los papeles (y esperamos que negociar el pago) Javi y yo decidimos que el momento merecía ser al menos fotografiado y para ir bien, grabado. Pues parece ser que al amigo del policía (que estaba poniéndole otra multa a otro pobre incauto) la idea de vernos grabar no le acabó de gustar y básciamente me hizo salir del coche, me pidió el iphone y se lo metió en el bolsillo (con mi consiguiente cara de poker...). Evidentemente, yo le intenté explicar en mi mejor francés que no sabía que estaba prohibido, que yo sólo quería grabar a carlos y que no se preocupara que lo iba a borrar todo pero la cara del tipo no parecía dar lugar a muchas esperanzas... Así, acabamos estando los dos guardias y los dos primos charlando animadamente sobre lo prohibido de grabar a los gendarmes marroquíes, nuestra promes de no volver a hacerlo jamás y evidentemente de borrar cualquier contenido similar (el tema es que no llegué a grabar nada, así que no pude borrar y creo que el tipo se quedó con la mosca detrás de la oreja de que yo le estaba escondiendo algo pero bueno..). Así no acabamos pudiendo largar del control, esta vez sin poder regatear la multa pero al menos sin perder el teléfono, algo es algo. 

Y de esta manera, llegamos a Taroudant a mediodía con un sol de justicia y bastantes ganas de comer algo. Al llegar, otro pinchito de turno (más bien de suela de zapato) y poca cosa más: dimos una vueltecilla por el pueblo pero entre el calor que hacía y lo poco atractivo que nos pareció, la verdad es que decidimos dejarlo para otra vida. A todo esto, según la lonely lo más interesante que había que ver eran las murallas y francamente, tampoco nos pareció que fuera para tanto...

Total, que volvemos a meternos en el coche para dirigirnos a Marrakech. Entre unas cosas y otras (salimos un poco tarde y estábamos relativamente lejos) acabamos llegando un poco tarde a Marrakech (sobre las 22) por lo que viendo que no teníamos ni hotel ni perspectivas decidimos pararnos en un bar antes de llegar a la medina para así coger algo por booking y asegurar el tiro. El barucho de turno cumplió perfectamente sus funciones y además nos sirvió para ponernos en contacto con un tipo que alquila motos, con lo que ya teníamos una alternativa de plan factible para ir a ver al día siguiente. Finalmente, encontramos un riad muy bien de precio en el centro de marrakech y decidimos tirar adelante con él. Al llegar, otra vez un poco más de lo mismo: aparcas que nos pedían el horo y el moro, un tipo que nos quiso hacer de guía que nunca sabremos si lo hacía de buena voluntad o para sacarnos la pasta y poco más... el Riad eso sí, muy acogedor: una habitación con un patio incluído super chulo, una piscinita peuqeña pero suficiente para remojarse los pies y un ambiente francamente agradable. 

Al final del cuento, cena cerca del hotel a recomendación del myfriend de la recepción (cena más bien rara, con uan combinación de platos un poco extraña, especialmente un dulce cuadrado con pollo por dentro..) y ala a dormir

Día 7 - Marrakech

Si el miércoles fue uno de los días menos útiles del viaje, posiblemente el jueves fue absolutamente el menos útil. Pese a las decisiones tomadas, claramente fue un día mucho más perdido que invertido. Al despertarnos y viendo lo hablado el día anterior en el barucho de la entrada de Marrakech decidimos ir a ver qué ofrecía el amigo de las motos. Pues bien, no sé exactamente en qué momento, pero hubo un punto en que acabamos entrando en bucle: se plantearon dos opciones sobre la mesa: A) ir al desierto o B) hacer una excursión en moto por las afueras de marrakech y luego ya veríamos. El primero tenía el obvio aliciente del desierto en sí, un toque de aventura y además solventaba todos los días que quedaba. Como contra, implicaba muchas horas de coche y forzaba un poco la vuelta del domingo a casablanca. Por otra parte, el otro plan no parecía a priori tan atractivo pero incluía excursión en motos (que era uno de los objetivos del viaje) y no forzaba tanto la máquina. finalmente después de toda la mañana de idas y venidas, una visita del tipo que organizaba los viajes al desierto, varias visitas al de las motos, una comida rápida al lado de donde estábamos y sobretodo muchos giros de opinión, decidimos finalmente irnos al desierto. A punto estuvo de cuajar la idea de que Javi y yo condujéramos el clio y Carlos fuera en moto paralelamente pero finalmente la desestimamos (si era mucho tute de coche, posiblemente también lo sería en moto y no habría nadie que pudiera dar el relevo en caso necesario...)

Total, que una vez decidido esto, creímos que era importante cambiar la rueda del coche antes de que nos pasara ninguna otra cosa. buscamos un taller, lo encontramos y el tipo minuto 0 nos dice que qué hacemos con semejante rueda, que parece un huevo. Eso explicaría los ruidos que notábamos pero lo cierto es que en ningún momento se nos había ocurrido qué podía ser lo que estaba pasando... Efectivamente, al sacar la rueda vimos como estaba clarmaente ahuevada, era literalmente incapaz de mantenerse en pie. Evidentemente llamamos al del alquiler de coches para montarle el pollo y decirle que no pensábamos pagar la rueda y él aceptó el cambio: rueda nueva, factura inflada para cobrarnos las molestias y ala, a tirar millas (aunque la rueda pinchada reparada la mantuvimos como rueda de recambio)

Así nos situamos hacia las 5 de la tarde sin haber pegado un palo al agua en todo el día. En ese momento decidimos que ya era hora de ir a visitar marrakech o al menos dar una vueltecilla así que nos plantamos en el centro con la idea de hacer el recorrido a pie que nos sugería la lonely. Pues bien, nada más poner un pie en la calle, nos llama el amigo del desierto para que pasemos por su oficina para irle a pagar el viaje. El amigo eso sí muy dispuesto nos vino a buscar en coche pero vueeelve otra vez a la misma zona donde habíamos pasado toda la mañana antes de poder hacer nada útil con nuestro día. llegamos a la oficina, Carlos media hora negociando con el myfriend y finalmente sacamos un precio que aunque a nosotros nos parece que nos la está colando, él jura que es lo más bajo por lo que lo ha venido jamás

Y así fue como a las 19h empezó nuestro día en Marrakech. Eso sí, al menos pudimos dar la dichosa vuelta de la lonely que nos permitió pasar por la plaza, (ver serpientes, y bailarinas travestis incluidas) las callejuelas de la medina y los principales highlights de la ciudad. Si algo se nos puede reprochar en este viaje, es el poco tiempo que le acabamos dedicando a Marrakech.. ciertamente nos fuimos con la impresión que habría que volver aunque sólo fuera un fin de semana para ver mejor la ciudad. 



La vueltecilla la acabamos en el café de las especies, un sitio bastante chulo con unas bonitas vistas sobre Marrakech y al que sólo se le habría podido pedir que además de café y coke vendieran una cervecilla fresquita. Todo no puede ser en esta vida...



Después de dar nuestra vuelta, el objetivo que teníamos para la cena era darnos un pequeño homenaje e ir a cenar a un restaurante cerca del Riad donde nos habían dicho que habían ido a cenar Iniesta y Shakira, entre otros. Parte de la gracia del restaurante, era que parecía una puerta normal y corriente, no estaba anunciado, no había carteles y sólo quienes lo sabían podían identificarlo como restaurante. Pues bien, al llegar al sitio, intentamos entrar y de repente un abuelito sentado a 10m se levanta como si le fuera la vida en ello para preguntarnos si teníamos reserva y, al saber que no, decirnos que si queríamos entrar el menú eran 700 dirhams (léase 70€). Nos apetecía el homenaje pero tampoco tanto, así que decidimos cambiar de plan. El nuevo plan nos lo dio el amigo del Riad otra vez, un restaurante que respondía al nombre de Café Arabe pero que tenía de todo menos árabe. Resultó ser una terracita muy agradable donde nos sirvieron cerveza y vino y donde nos acabamos quedando hasta que cerraron (de hecho, nosotros cerramos el chiringo) charlando sobre la vida y sus vicisitudes. 

Al llegar al Riad, un ratito de remojo de los pies en la piscinita y ala, a dormir que al día siguiente tocaba paliza de coche hasta llegar al desierto...


Día 8 - Marrakech - M'hamid

En teoría dijimos que el viernes nos levantaríamos pronto para así ponernos rápido en camino y poder ir con la calma hasta el desierto. Pues bien, como siempre, fue todo lo contrario. Al final del cuento nos levantamos una hora más tarde de lo previsto, desayunamos con la calmísima y nos pasamos prácticamente una hora y pico buscando unas gafas de sol homologadas para Carlos para aguantar las inclemencias del desierto. Como nota del día, nos pasó otra vez el enésimo contacto con los locales: en una de estas nos metimos en medio de la medina con el coche en busca de otra óptica y, aunque el iphone indicaba otra cosa, un hombre nos aseguró que la salida estaba en otra dirección. finalmente deicdimos seguirle por aquello de que los locales acostumbran a conocerse la zona y, efectivamente el tipo nos sacó de allí (el teléfono también podría haberlo hecho). En el momento de darle un par de rupias en "agradecimiento" el myfriend pensó que eso era poco menos que un insultó y nos acabó escupiendo (y digo nos, pero me refiero a Javi, que iba de copiloto). en fin, historias de los autóctonos... Total, que queríamos haber estado en camino a las 9:30 pero al final salimos de marrakech hacia las 12:30. Cosas que pasan. 




El viaje no tuvo mucho más que decir: carreteras más bien malas con un par de puertos de montaña (2200m o así) con infinitos camiones y pocas habilidades de conducción en general, pero poco a poco fueron cayendo los km. Aunque no llegamos a parar hasta Ourzazate, lo cierto es que el camino dejaba imágenes pintorescas, como pueblos de casas de barro en las montaña o campos de futbol en sitios inverosímiles. Eso sí, el calor ya se hacía notar (por cierto, en Marrakech ya llegamos a ver un termómetro que, bien o mal, marcaba 50º)



Al llegar a Ourzazate decidimos que ya nos tocaba hacer una parada (aunque fuera rapidilla) para comer algo antes de desmayarnos. Al final acabamos llegando a una especie de pizzeria extraña donde un señor con pinta de tener ganas de hablar y pocos voluntarios nos ofreció un te a la menta y una especie de aperitivo dulce de dátiles y vete a saber qué más que básicamente sólo le gustó a Carlos además de una pizza razonablemente buena. Estuvimos charlando un poco con el hombre pero la verdad es que no alargamos demasiado y enseguida ya seguimos tirando. Lo cierto es que durante todo el camino, especialmente pasado el atlas, nos acompañó una niebla bastante espesa que hacía que no se pudiera ver nada más allá de unos metros y nos dejó un poco preocupados de cara a la visibilidad del día siguiente en el desierto. Sea como fuere, tampoco había mucho margen de maniobra a esas alturas, así que básicamente seguimos avanzando hasta llegar a M'Hamid ya por la noche. 

Un pequeño apunte antes de llegar merece nuestra última parada en Zagora, teóricamente (que no en la práctica) el único pueblo serio que deberíamos encontrar antes del desierto. Al parar a hacer la típica coke de turno nos presentaron a un tipo español de madrid que no acabamos de entender qué estaba haciendo allí (la hipótesis final no quedó clara, pero había pocos escenarios que no incluyeran motivos un poco turbios) y un camarero por poco nos desgañita al romper un par de vasos encima de nuestra mesa (justo en el momento en que nos preguntábamos por qué la gente se empeñaría en vivir en semejante sitio...)

Pero vaya, que finalmente después de un largo día de viaje llegamos a M'hamid a nuestro hotel ya reservado. El hotel de los amigos de Sahara Services resultó ser un sitio muy agradable, con gente muy acogedora y con una piscina que fue prácticamente nuestra mejor bienvenida. Así, nos dimos un bañito rápido y luego a cenar que ya nos estaban esperando (eramos los únicos huéspedes del hotel...). La cena pasó charlando entre copas de vino con otro de los chicos del hotel que en un muy buen inglés nos habló de muchas cosas, su intento por cruzar el estrecho entre los ejes de un camión, sus aventuras y desventuras amorosas (y su relación con lo "políticamente correcto" en marruecos...). Además, después de cenar nos invitó a fumar un poco de shisha que acabó de hacer el momento todavía más auténtico

Al final de la historia, nos acabamos yendo a dormir con la agradable ayuda de un aire acondicionado que prometía colaborar cuando las temperaturas empezaran a hacerse insoportables al día siguiente

Día 9 M'hamid - Erg Chiggaga

El sábado amaneció con una mala noticia: para sorpresa de propios y extraños (especialmente para mí, que era su compañero de habitación) Carlos se pasó la noche entera vomitando y con dolor de barriga. Los dátiles del mediodía en Ourzazate parecen los mayores candidatos a su intoxicación pero tampoco sacamos nada concluyente porque prácticamente todos habíamos comido lo mismo por lo que no había ningún candidato claro. Sea como fuere, desyunamos Javi y yo solos e intentamos aplazar la excursión en quads para más tarde. El myfriend de sahara services nos dijo que nanay, que no podía ser por no se qué historias... pues nada, al final Carlos decidió que se apuntaba sí o sí a lo los quads y nos fuimos los tres a ver qué se cocía. 

La historia de los quads resultó ser una de las mejores actividades del viaje: una excursión de 2h entre dunas haciendo el tonto y subiendo y bajando por la arena como pedro por su casa. Un festival vamos. Evidentemente hacía un calor nada despreciable y menos mal que nos dejaron gafas porque sino hubiera sido imposible conducir con la arena que levantaba el viento pero al final del cuento todos coincidimos en que fue una idea genial. 




Al volver al hotel, un bañito en la piscina, comida y ala, siestecilla que el calor ya empezaba a ser una cosa espectacular. Al volver al reino de los vivos ya nos tocó empaquetar las cosas y prepararnos para irnos: unos jeeps nos esperaban para ir a pasar la noche a las dunas de Erg Chiggaga. Efectivamente, al cabo de 1:30h de conducción en jeep de un tipo con un sentido de la orientación simplemente espectacular, llegamos a una zona de dunas enormes donde habían montado unas casitas de barro para que pudiéramos dormir.

Allí coincidimos con un par de hermanas francesas con dos niños pequeños y dos alemanes con los que al final apenas acabamos hablando. Aparte de la típica turistada de dar la vuelta en dromedario (más bien incómodo y, al menos para mí, menos interesante que haber dado una vuelta caminando por las dunas) volvimos al campamento para tomarnos un te y estar tranquilamente charlando mientras los myfriends que estaban por allí cantaban canciones bereberes tocando unos tambores y poco a poco la luna salía por detrás de las dunas

La noche tampoco dio mucho más de sí: después de una cena estuvimos un rato charlando encima de la duna más cercana y luego ya nos acabamos yendo a dormir. Visto el calor que hacía en las cabañas, a instancias de los tipos acabamos sacando las camas a la plazoleta para dormir al aire libre. Teniendo en cuenta que la temperatura debía rondar los 25-30º por la noche, la verdad es que se estaba la mar de bien y fue una noche de lo más plácida.



Día 10 - Erg Chiggaga - Casablanca

Una de las cosas que tiene dormir al raso es que te despiertas en cuanto empieza a haber luz. Lo cierto es que el método es de lo más efectivo para aprovechar el día, especialmente si se tiene en cuenta que gran parte del día resulta difícil de aprovechar porque estás a más de 45º. en cuanto nos despertamos allá sobre las 6:30, lo primero fue intentar ir a dar un paseo. Carlos intentó sin éxito hacer snowboard sobre la arena pero aparentemente no había suficiente pendiente o no resbalaba suficientemente la tabla, porque la escena fue más bien lenta. en cualquier caso, dimos el paseo que no pudimos dar el día anterior hasta subir a lo más alto de las dunas cercanas. Si quedaba alguna duda acerca de lo merecido del viaje hasta allí, en ese momento se disiparon todas. la imagen de las dunas del desierto es algo simplemente fantástico y vale la pena verlo al menos una vez en la vida. 



Y lamentablemente, no quedó mucho más que contar. En cuanto acabamos nuestra excursión ya salimos de vuelta hacia Casablanca, toda una señora paliza de coche, y aquí apenas hubo paradas ni nada que contar. Volvimos a comer en Ourzazate a instancias de los padres de Javi y luego ya seguimos hasta Marrakech, pausa rápida y hacia Casablanca.

La anécdota que le dio épica al final del viaje fue la devolución del coche de alquiler. Resulta que el único teléfono que les dimos de contacto era el número de Carlos y él decidió tener el teléfono con la sim bloqueada durante todo el día... para cuando lo abrió quednado un par de horas hasta llegar a Casablanca, teníamos 29 llamadas perdidas y 5 mensajes de texto (no es una exageración). En cualquier csao, quedamos con el amigo en devolver el coche en la estación de trenes de tal manera que nos devolviera el pasaporte de Carlos y pudiéramos pillar el tren hacia el aeropuerto. Pues bien, después de todas las dudsa, de pensar que cualquier contratiempo nos podía hacer perder el vuelo, de hacer las paradas justas para llegar a tiempo, de toooodo lo que nos podría haber pasado finalmente no nos pasó nada... hasta entonces. A las 21:20 estábamos en la estación, y el tren no salía hasta las 22:07. Pues bien, el amigo del alquiler (que inicialmente nos dijo que tardaba 5-10 minutos como máximo) no llegó hasta las 22:25. Pese a nuestra insistencia, llamadas, amenazas y todo lo que alguien se pueda imaginar, no conseguimos que el hombre ni nos llevara al aeropuerto ni nos pagara el taxi por haber perdido el tren. Además, tuvimos que decirle al taxista que por favor espavilara porque no habíamos podido hacer el check in, el aeropuerto estaba lejos y el vuelo se cerraba a las 23:10. Pues el taxista se dio prisa, pero tanta como le permitían los límites de velocidad establecidos: no sobrepasó ni en 1km/h los límites que ponían las carreteras diversas. AL final llegamos al aeropuerto a las 23:08, Carlos salió corriendo con los pasaportes y consiguió llegar al mostrador a las 23:10 justo a tiempo para suplicar a la gente de vueling que nos dejaran facturar. Afortunadamente, de milagro, sus ojitos Bambi surgieron efecto y consegiumos la tarjeta de embarque para pasar el control de inmigración y subirnos al avión poco antes de que cerraran las puertas. En nuestra defensa cabe decir que todavía entró gente más tarde que nosotros pero no creo que nadie llegara a hacer el check in después nuestro... 

Y no mucho más, así acabó nuestra aventurilla en Marruecos: con un poco de épica pero con todo el mundo contento. Sin duda nos ha quedado mucho que ver, incluso de varios de los sitios donde hemos estado, pero también hemos podido visitar mucho más de lo que esperábamos al principio así que el balance es en general muy positivo. En resumen, como siempre, habrá que volver...

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